KPMG Blogs

open

Entradas del tag: Sostenibilidad

Comienza el examen DJSI 2018 para las empresas más responsables del mundo

Por Jerusalem Hernández
on 10. 04. 2018

Como si de una de aquellas duras pruebas de Selectividad se tratara, las compañías más grandes del mundo se preparan desde ayer para ser evaluadas por los analistas de RobecoSam que prestan servicio a Dow Jones Sustainability Index. El examen ha comenzado y el proceso de respuesta durará al menos hasta el 31 de mayo, siempre que las compañías no soliciten una prórroga.

Cada año son invitadas a participar en la evaluación más de 3.500 compañías cotizadas de cerca de un centenar de sectores diferentes. Las 2.500 empresas más grandes del mundo según el S&P Global Broad Market Index son examinadas para formar parte del selectivo mundial, que finalmente solo acogerá al 10% de ellas. De entre las otras mil se seleccionará a las mejores para completar los índices regionales y nacionales existentes.

De todas las compañías “elegibles”, 30 serán españolas este año. Una más que en la pasada edición. Y como en la Selectividad, muchas de ellas han trabajado durante meses para estar a la altura en los cerca de 600 aspectos económicos, ambientales y sociales que se preguntan en el cuestionario.

Y no se equivocan, pues esta prueba no solo permite acceder al selectivo de las empresas más responsables del mundo, una consideración nada desdeñable en estos tiempos, sino que se ha convertido para muchas organizaciones en la mejor herramienta de diagnóstico de su responsabilidad corporativa y en un input muy valioso para diseñar su estrategia de sostenibilidad.

Este año, como todos, hay novedades en el cuestionario, y no son irrelevantes. La mayoría apuntan grandes desafíos globales a los que las organizaciones han de hacer frente con más decisión. Pero veamos algunas de ellas.

En las cuestiones relativas al gobierno corporativo, la calificación subirá si existe información pública sobre la remuneración en acciones del CEO y otros miembros de la alta dirección, y lo hará aún más si este es un requisito explícito. Diferentes estudios concluyen que el desempeño financiero de las organizaciones se ve positivamente influenciado si los gestores participan en la propiedad. Algo que, por otro lado, muchas empresas familiares llevan demostrando décadas.

Por el contrario, aquellas compañías con participación pública se verán penalizadas. La plena independencia en la toma de decisiones parece más confiable que la intervención o el control públicos. No faltan ejemplos que evidencian esta realidad, aunque tampoco faltan excepciones.

Las cuestiones relativas a la estrategia corporativa frente al cambio climático han sido también actualizadas. La importancia de este tema es indiscutiblemente creciente, así como sus impactos, que recorren todo el globo. No hay más que echar un vistazo a las conclusiones del último informe de la World Meteorological Organization (WMO), publicado hace apenas unos días y que muestra un año 2017 lleno de records, riesgos y fenómenos extremos que han causado grandes impactos. Muchos financieros, y otros muchos que no tienen precio (¿cuánto vale para tantas personas el impacto del hambre, las migraciones, la pérdida de su hogar o de sus recursos de subsistencia?).

La presentación en la cumbre del G20 de julio de 2017 de las recomendaciones del Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) por parte del Finantial Stability Board (FSB), ha marcado un hito y ha fijado las reglas del juego del reporting en materia de riesgos derivados del cambio climático. Según el informe “Read or not: Are companies prepared for the TCFD recommendations?” publicado el pasado mes de marzo por el Climate Disclosure Standards Board (CDSB) y el Carbon Disclosure Project (CDP), aún queda tarea por hacer.

La evaluación de DJSI 2018 no es ajena a esta expectativa de divulgación y por eso solicita información sobre los diferentes escenarios de cambio climático que las compañías han empleado para informar su estrategia y evaluar sus riesgos. Mucho me temo que este será uno de los “cocos” del examen de este año, pues según el informe de KPMG “El camino por recorrer. Estudio sobre reporting de responsabilidad corporativa 2017”, solo el 28% de las 100 compañías más grandes del mundo reconoció en su informe anual los riesgos financieros derivados del cambio climático y apenas un 2% de estas los cuantificó.

El mercado interno de carbono, los objetivos de reducción de emisiones basados en la ciencia o los productos con bajas emisiones son otros de los asuntos nuevos sobre los que los analistas valorarán el desempeño y la estrategia ambiental de las compañías.

El otro gran “coco” será la evaluación del impacto y las externalidades. Aunque después de las malas notas recibidas por gran parte de las organizaciones en esta cuestión el ejercicio pasado, RobecoSam ha decidido concederles un “año de gracia” y la calificación de este punto no será considerada en la nota final. Es pues un buen momento para comenzar a explorar la metodología que mejor permita identificar esas externalidades, objetivar sus impactos positivos y negativos y llevarlos a un balance en forma de resultados económicos. RobecoSam recomienda algunas de ellas.

El pago de impuestos sigue siendo tendencia y es un criterio que se actualiza cada año desde su incorporación en la evaluación. Y es que en el entorno de escrutinio público e intolerancia en el que viven las empresas desde hace años, no todo lo permitido es aceptado y no todo lo legal es moral. La OCDE estima que cada año se dejan de pagar entre 100 y 240 mil millones de dólares en todo el mundo debido a las estructuras fiscales. Pero las autoridades están actuando y reclamando esas cantidades, por lo que puede existir un riesgo de impacto económico en el futuro.

Por eso, y atendiendo a una expectativa social, se solicita información detallada sobre los impuestos pagados (cuáles, cuánto y dónde). Si el importe resultante se aleja de la media de las organizaciones de los 24 grandes sectores (GICS), la compañía podría ser penalizada.

Uno de los nuevos asuntos incluidos en la evaluación del ejercicio pasado, la influencia política, también ha sido actualizado. Será necesario reportar el coste que supone para las empresas la participación en grupos de presión, aportes a campañas políticas, cuotas de asociaciones empresariales o think tanks. Además, las organizaciones deberán destacar sus dos principales “causas” y la posición que tienen en ellas.

Aunque a priori puede parecer inquisidor, este punto también permite conocer el papel que las compañías tienen como agentes de cambio positivo a través de su participación en diferentes iniciativas sostenibles.

El examen ha comenzado. Serán dos meses intensos, de reflexión interna, de toma de decisiones y, como siempre, DJSI habrá logrado su objetivo, ayudar a hacer mejores empresas y más rentables.

 

Autora: Jerusalem Hernandez es Directora en el Área de Sostenibilidad de KPMG en España

La edad de piedra en la evaluación de riesgos del cambio climático

Por Marta Contreras
on 22. 03. 2018

En los últimos meses se ha hablado mucho de la cuantificación, desde el punto de vista económico, de los riesgos que supone el cambio climático para las entidades. Prestando un especial foco, como no podía ser de otra forma, en el sector financiero.

Es un asunto que no es nuevo. De hecho, el Global Reporting Initiative (GRI) lleva incluyendo en sus estándares, desde que publicara la versión G3, allá por el año 2006, un indicador relacionado con las consecuencias financieras y otros riesgos y oportunidades para las actividades de la organización debidos al cambio climático. Pero se respondía de una forma más o menos cualitativa (en el mejor de los casos) y no se le otorgaba demasiada importancia.

Sin embargo, últimamente se ha renovado el asunto como trendic topic. Esto ha sido gracias a que los ministros de economía del G20 encargaran al Financial Stability Board (FSB) la creación de un grupo de trabajo, el Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), y se publicaran las recomendaciones para el reporte de los riesgos climáticos y para la utilización de escenarios. Y gracias, también, a que la Comisión Europea estableciera recomendaciones emitidas por un grupo de expertos de alto nivel, en materia de finanzas sostenibles.

Como consecuencia de la relevancia que está adquiriendo esta cuestión, tanto por la cantidad de documentación publicada como por la calidad de los organismos implicados, en el sector se está empezando a trabajar (en serio) en este sentido. Y comienzan a diseñarse programas de formación específicos para profundizar en la materia, que aúnan la perspectiva financiera, con la ambiental o sostenible. Algo básico para que esto avance, por otra parte.

Sin embargo, en España sucede algo que resulta, al menos, curioso. Y es que a estas alturas de la película hay que convencer a nuestros homólogos financieros de que se trata de un riesgo real que va a afectar a sus carteas de inversión, emisión de bonos y concesión de créditos. Son aspectos que, si bien se comienzan a considerar en las políticas de inversión, actualmente no se tienen en cuenta, en absoluto, en la evaluación de los modelos de riesgos de impago, por ejemplo.

Recientemente, en un encuentro global de la práctica de sostenibilidad, trasladé el punto en el que estábamos en España en cuanto a la discusión de si este era realmente un riesgo financiero. Los responsables de la práctica en otros países no salían de su asombro. En los países nórdicos, por supuesto, existe una conciencia sobre el tema mucho mayor por lo que aquí no les voy a contar nada que no sepan. Pero me llamó la atención la diferente perspectiva que se tenía desde la práctica de México, por ejemplo. Para ellos, el riesgo financiero asociado al cambio climático era un riesgo absolutamente palpable que sólo con asomarse a la ventana se podía oler. Tanto el gobierno, como todo tipo de empresas (y por tanto el sector financiero y de seguros en su conjunto) están teniendo pérdidas millonarias asociadas a los fenómenos extremos.

De todo esto lo que debemos aprender es que es hora de pasar de la edad de piedra, al menos, a la edad de bronce en materia climática. Tenemos que superar la fase de centrar los esfuerzos en aportar argumentos y debatir sobre la existencia (o no) de este tipo de riesgos. Tenemos que centrarnos, primero, en tener bien claro cuáles son los riesgos más críticos para comenzar por ahí. Segundo, en cuantificar su potencial impacto financiero. Y tercero, en la identificación de los escenarios que se puedan emplear para la evaluación de cuál podría ser la probabilidad de ocurrencia de cada uno de ellos. Y con eso, definir un umbral de riesgo y trabajar para minimizar los que superen dicho umbral.

Y también se deberían centrar los esfuerzos, dicho sea de paso, en intentar que nuestros reguladores apostasen por los riesgos de transición (en especial los regulatorios) para que sean más altos que los riesgos físicos. Y para que no lleguemos a un punto irreversible, superior a los 2ºC de aumento que se acordó en la cumbre de París. Ya que a este paso, no llegamos.

 

Autora: Marta Contreras es senior manager de Sostenibilidad de KPMG en España

Los riesgos que acechan al mundo

Por Pablo Bernad
on 24. 01. 2018

Tras superar una profunda crisis financiera, el mundo se asienta en una recuperación económica que permite aunar esfuerzos hacia una mayor igualdad social, sostenibilidad y el aprovechamiento de las oportunidades que brindan las nuevas tecnologías. Sin embargo, la incertidumbre no se ha disipado, y la constante entrada en juego de nuevos riesgos con los que convivir se está convirtiendo en la nueva cotidianeidad.

Esta tormenta de riesgos al que se enfrentan gobiernos, empresas y tomadores de decisiones queda patente en el Informe de Riesgos que elabora anualmente el Foro Económico Mundial como antesala del encuentro que mantienen los líderes mundiales en la ciudad suiza de Davos.

A lo largo de los últimos años, el mundo ha sabido, unas veces mejor que otras, ir adaptándose a los riesgos habituales. Pero la aparición de riesgos nuevos, complejos e interconectados, hacen que la gestión de los mismos se haya convertido en un tema crítico tanto para el desarrollo social como para la supervivencia de muchas empresas.

Al afrontar este nuevo mapa de riesgos se percibe cierto pesimismo: seis de cada diez encuestados para la elaboración del informe prevén que el riesgo se incremente a lo largo de este año. Las principales preocupaciones oscilan entre la percepción de desigualdad e injusticia, tensiones políticas a nivel nacional e internacional, peligros medioambientales y vulnerabilidad cibernética.

Si se analiza la última década, observamos cómo los riesgos derivados de la economía se han ido sustituyendo paulatinamente por los derivados del cambio climático, el gran protagonista de este año. Los fenómenos meteorológicos extremos, los desastres naturales y el fracaso en la adaptación y mitigación del cambio climático ocupan tres de los cinco principales riesgos mundiales en términos de probabilidad y estadística.

El papel relevante que está adquiriendo el medio ambiente en la agenda mundial no es algo nuevo: el Acuerdo de París pasó a la historia por conseguir que la mayor parte del mundo se comprometiese a adoptar medidas para el cambio climático. Casi dos años después, y pese a la salida de Estados Unidos, el mundo continúa luchando por ser más sostenible. Un objetivo al que también se están sumando las empresas, para las que la sostenibilidad ya no es solo un elemento meramente reputacional.

Además del medio ambiente, la imparable digitalización de las sociedades y por ende la ciberseguridad han pasado a ser una constante en el mapa de riesgos. El Foro Económico Mundial sitúa los ciberataques y el robo y fraude de datos como dos de los cinco principales riesgos en términos de probabilidad, y advierte de la capacidad masiva y destructiva que están adquiriendo este tipo de ataques.

Una capacidad destructiva que está afectando especialmente a las empresas. La cifra de brechas de seguridad se ha visto casi duplicada en los últimos años, y los costes financieros de responder a ciberataques se están multiplicando exponencialmente. El informe sostiene que de cara a los próximos cinco años, el coste del ‘cibercrimen’ para las empresas alcanzará los 8 billones de dólares.

Más allá de poner nombre a los riesgos y colocarlos en mapas, el verdadero reto pasa por adaptarse a sus características. Los riesgos ya no son independientes y abordables desde una única óptica: las economías, sociedades y empresas están interconectadas y tejen redes que no se pueden separar. Un contexto que, unido a la imprevisibilidad del nacimiento y alcance de nuevos riesgos, exige una capacidad de anticipación y adaptación al cambio cada vez mayor.

De este modo, la flexibilidad ha pasado de ser una ventaja a una característica necesaria para sobrevivir en el entorno actual. Vemos cómo los directivos de las compañías se han transformado paulatinamente en malabaristas que conviven con la incertidumbre, riesgos cambiantes, disrupciones tecnológicas y, lo más importante, son capaces de tomar decisiones en entornos en constante evolución.

Sin embargo, alcanzar esta habilidad no sólo permite sortear estos entornos complejos, sino que brinda grandes oportunidades. El momento actual de cambios y rápida transformación del mundo en el que vivimos, trae a su vez enormes posibilidades de mejora social, crea nuevos mercados, elimina burocracia, reduce costes, facilita transacciones y hace más accesible la prosperidad económica. Ha llegado el momento, el pesimismo de estos últimos años debe dejar paso a la acción: los riesgos han llegado para quedarse, convertirlos en valor depende de cada uno de nosotros.

 

Autor: Pablo Bernad es socio responsable de Consultoría de Riesgos de KPMG

Fuente: Expansión. Publicado el 24 de enero de 2018

El camino por recorrer en la información no financiera

Por Jerusalem Hernández
on 26. 10. 2017

Desde que en las primeras crisis del siglo pasado los informes corporativos se propusieran como herramientas útiles para explicar a terceros el valor de las compañías y persuadirles de su confiabilidad, ha corrido mucha tinta.

Hoy los informes y las memorias no son muy diferentes a los de entonces, al menos en su estructura, pero sí difieren en la profundidad del contenido y en su enfoque. Ya no se trata solamente de narrar la compañía. Ahora hay que responder a expectativas y requerimientos de reguladores, supervisores y todo tipo de grupos de interés, cuya mirada está más puesta en entender los impactos que en las meras estadísticas.

KPMG lleva desde el año 1993 elaborando un estudio sobre el reporting corporativo de esto que hemos dado en llamar responsabilidad corporativa (RC) o sostenibilidad, y que no es más (ni menos) que uno de los intangibles que hoy explica el valor de las empresas.

Y es que la RC favorece de manera privilegiada la identificación de riesgos no necesariamente financieros pero que afectan al negocio. Y prepara a los propietarios y gestores para una toma de decisiones inteligente basada en las oportunidades de futuro. Por eso el reporting de todas aquellas políticas y acciones que consolidan la gestión responsable de las empresas es objeto de interés y escrutinio por parte de muchos.

El KPMG Survey of Corporate Responsibility Reporting 2017, con una muestra analizada de 4.900 compañías de 49 países, la mayor en la historia del informe, viene a poner un poco de luz sobre cómo ha evolucionado el reporting de RC en el mundo. Desde KPMG en España hemos profundizado en los datos para ver dónde se sitúan las empresas españolas en este ecosistema.

El 87% de las 100 mayores compañías españolas por ingresos cuenta con un informe que incluye información no financiera. Esto supone tres puntos más que en la anterior edición, la de 2015, y 15 puntos más que la media de las 4.900 compañías analizadas (que identificamos con el índice N100 global).

El 68% de estas compañías incluye la información no financiera en los informes anuales, dándole una mayor integración al relato corporativo. De hecho España, con 36 compañías, es la tercera en el ranking mundial de elaboración de informes integrados conforme al marco del International Integrated Reporting Council (IIRC), solo por detrás de Sudáfrica y Japón, cuyas regulaciones orientan a las compañías a realizar documentos de este tipo. Una tendencia en alza y en la que España está bien situada, a pesar de que el marco de la Global Reporting Initiative (GRI) sigue siendo el más popular en todo el mundo y también en España (77% de compañías que reportan en nuestro país lo hacen conforme a GRI).

Las empresas españolas también superan al N100 global en lo que a aseguramiento se refiere. El 55% de las compañías que reportan sobre RC cuenta con una verificación independiente de los indicadores reportados, 10 puntos más que la media de las compañías de los 49 países analizados. Sin embargo, el nivel de aseguramiento es un camino en el que se puede avanzar, pues solo en torno a la mitad de esas compañías verifica el informe completo y más de las tres cuartas partes utilizan un nivel de aseguramiento limitado.

Probablemente la aplicación de la Directiva 2014/95/UE sobre divulgación de información no financiera e información sobre diversidad impulsará un importante cambio, puesto que traslada a los consejos de administración la responsabilidad de garantizar que la información no financiera contenida en los informes corporativos es fiable.  Y, ¿qué consejero va a afirmar tal cosa si no cuenta con las garantías necesarias? Sin duda, vienen tiempos de aseguramiento…

Pero el estudio de este año también ha querido detenerse en otras tendencias emergentes para ver cómo las compañías están incorporando en sus relatos corporativos nuevos asuntos de interés.

Uno de estos asuntos es la identificación y evaluación de los riesgos financieros de cambio climático. Desde que en 2015 el Consejo de Estabilidad Financiera destacara el cambio climático como un riesgo para la estabilidad del sistema financiero global y creara el Grupo de Trabajo sobre divulgación financiera relacionada con el clima (TCFD), ha crecido la presión sobre las empresas para mejorar la información que ofrecen acerca de este tipo de riesgos.

Aún es pronto para afirmar que el objetivo está cumplido pues solo 29 de las 100 compañías españolas analizadas (28% en el caso del N100 global), reconocen en sus informes que los riesgos de cambio climático pueden tener un impacto financiero en su negocio. Y si pocas son las que los reconocen, apenas hay un 3% que los mide.

La información sobre la contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas muestra una cara bien distinta. Las empresas españolas son de las que más rápidamente han integrado esta estrategia global entre sus objetivos de sostenibilidad. Con el 53% de compañías reportando sobre esta cuestión, España se sitúa entre los 10 países que más conectan la actividad de RC con los objetivos de Desarrollo Sostenible en su segundo año de vida. España luce así nada menos que 14 puntos por encima de la media de los 49 países analizados.

Pocos meses después de que en nuestro país se haya aprobado el Plan de Acción Nacional de Empresas y Derechos Humanos, y seis años tras la aprobación de los Principios Rectores por parte de Naciones Unidas, el 82% de las empresas españolas ya reconocen como una cuestión más del negocio su contribución al cumplimiento de estos derechos. Son nueve puntos más que en el N100 global.

La última tendencia emergente analizada en este estudio se refiere a la incorporación en los informes de los objetivos corporativos de reducción de emisiones de gases contaminantes. Tras el acuerdo de París y la incertidumbre generada por países como Estados Unidos, sigue siendo imperativo cumplir con los objetivos fijados para evitar que la temperatura global siga subiendo.

A las puertas de la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética que se está cociendo en España, el 60% de las compañías españolas que reportan sobre sostenibilidad desvela sus objetivos de reducción de emisiones. Son 10 puntos más que en el N100 global. El 43% de esas compañías refiere sus objetivos a los del acuerdo de París y el 12% los pone en relación con los objetivos nacionales.

Estamos, por tanto, ante un escenario donde el reporting corporativo avanza como instrumento de generación de confianza y de respuesta a las inquietudes de reguladores, inversores y otros grupos de interés. Y es que ya lo dice una de las crónicas antiguas más leídas en el mundo, “no hay nada oculto que no llegue a saberse, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz” (Lucas 8:17).

Es preferible, por tanto, preparar proactivamente el relato corporativo dado que lo que la compañía no cuente, alguien lo contará en su lugar. O como decía el escritor español Eugenio D’Ors, en Madrid a las siete de la tarde o das una conferencia o te la dan. Pues bien, a las compañías les han llegado esas siete de la tarde de Madrid en las que o participan de la mesa de información sobre riesgos de cambio climático, objetivos de reducción de emisiones, Derechos Humanos y Objetivos de Desarrollo Sostenible, o serán espectadores mientras otros (inversores, reguladores, clientes, sociedad) les piden cuentas y ponen en tela de juicio su capacidad para identificar riesgos u oportunidades que bien claro es que afectarían al negocio.

 

Autora: Jerusalem Hernández Velasco es Senior Manager de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España

El cambio sostenible

Por Hilario Albarracín
on 29. 05. 2017

La última reunión anual del Cercle d’Economia, celebrada esta semana, ha sido una magnífica oportunidad para reunir a empresarios, políticos y representantes de la sociedad civil en torno a una cuestión esencial hoy en día: cómo asegurar el adecuado engranaje entre sociedad, política y economía en tiempos de incertidumbre y cambio permanente.

El avance tecnológico que afrontamos como individuos y como organizaciones está transformando radicalmente nuestra forma de relacionarnos, de consumir, de trabajar y también de competir, con la llegada de nuevos actores disruptivos.

Esta Cuarta Revolución Industrial trae consigo avances y oportunidades para las organizaciones. La tecnología cognitiva, la inteligencia artificial y el análisis de datos (Data&Analytics) permiten aumentar la productividad, reducir los costes, simplificar los procesos y mejorar la experiencia de los usuarios y consumidores. Aunque también conlleva nuevos riesgos, como la necesidad de proteger los datos frente a los ciberataques o hacer un uso responsable de la información.

El nuevo paradigma trae consigo el reto de gestionar el cambio en las organizaciones y atraer nuevos perfiles profesionales, con capacidades diferentes a las que se requerían hasta ahora y más enfocadas al conocimiento, capacidad analítica, visión global, trabajo en equipo y adaptación al cambio.

Todos estos factores llevan a las compañías y administraciones públicas a replantear sus estrategias y realizar un profundo análisis de su situación particular, del entorno en el que se desenvuelven, del espacio que quieren ocupar en el futuro y de su capacidad para innovar y  transformarse.

Sin embargo, como hemos visto estos días en el Cercle d’Economia, las medidas de gestión y estrategia empresarial no pueden plantearse de manera aislada. Resulta necesario entender que la profunda transformación de los negocios debe encuadrarse en un contexto de enormes retos sociales y complejidad. Al impacto de la tecnología, debemos sumar factores de desestabilización que ya conocemos –elevado desempleo, envejecimiento de la población, desigualdad, marco jurídico y regulatorio cambiante, incertidumbre política o tensiones geopolíticas-.

Si la estrategia es esencial, también lo es la forma en que esta se implementa. La responsabilidad y la sostenibilidad deben estar presentes en la ejecución de cualquier plan, en un marco de enorme contestación social y cuestionamiento del valor de empresas e instituciones.

Tras años donde los desequilibrios financieros o macroeconómicos eran el principal quebradero de cabeza de nuestros gobernantes, nos encontramos hoy con un panorama en el que la prioridad debe ser actuar de manera ética y responsable e impulsar un crecimiento económico sostenible.

 

Autor: Hilario Albarracín es presidente de KPMG en España

Fuente: La Vanguardia. Publicado el 28 de mayo de 2017

Una agenda para generar confianza

Por Fernando Serrate
on 25. 05. 2017

Cuesta pensar en una época tan fascinante como la que vivimos en la transformación de los negocios y la estrategia empresarial. La Cuarta Revolución Industrial supone un enorme desafío para las organizaciones, los gobiernos y la sociedad, envueltos en una dinámica de cambios constantes que complican imaginar cómo será el mundo en apenas unos años. ¿Quién pensaba hace una década que hoy el coche autónomo sería una realidad?

Las empresas, la sociedad y la política atraviesan tiempos complejos e inciertos y, al mismo tiempo, de grandísimas oportunidades para quienes sepan adaptarse a este entorno en constante evolución. Algunos de los factores que configuran esa compleja realidad que nos rodea serán discutidos desde hoy y hasta el sábado en la reunión anual del Círculo de Economía, que en esta edición lleva por título Sociedad, Política y Economía en tiempos de incertidumbre.

Uno de esos focos de incertidumbre lo conforman aquellas compañías y sectores disruptivos que han cambiado por completo el paradigma a la hora de hacer negocios. La llamada economía colaborativa, las plataformas de consumidores y los nuevos hábitos de compra han derribado algunas creencias hasta hace poco dogmáticas. Sectores como el del ocio y turismo, transporte o finanzas vivirán un tremendo cambio en los próximos años.

En paralelo, el mercado ha comenzado a demandar algo más que meros resultados operativos. Ése es sin duda otro factor que define esta nueva era empresarial. La recesión dejó al descubierto una crisis de valores ante la que las compañías están respondiendo con una renovada apuesta por la sostenibilidad y el compromiso social. Aquella organización que no sea capaz de demostrar a sus grupos de interés que tiene un propósito y una misión en la sociedad (más allá de crear riqueza) será sin duda rechazada por los consumidores.

Otro de los generadores de incertidumbre que será abordado en esta cita anual del Círculo tiene que ver con las tensiones geopolíticas y la inestabilidad política reinante en algunas zonas de influencia del planeta. Tal y como concluyó la última edición del Foro de Davos, al renacimiento del tejido empresarial en la era del cambio se debe sumar un compromiso renovado de la clase política por recuperar la confianza y buscar el bienestar y el progreso a largo plazo. Solo así seremos capaces de convertir este periodo de grandes retos en una apasionante época de oportunidades.

 

Autor: Fernando Serrate es socio responsable de KPMG en Catalunya

Fuente: Expansión. Publicado el 25 de mayo de 2017

Prueba 3

Por kpmg españa
on 22. 02. 2016

prueba

Big Data y Sostenibilidad: competir por todo o conformarse con nada

Por Daniel Lois
on 14. 07. 2015

En el tiempo que dediques a leer este post, en Internet se habrán realizado más de 4 millones de búsquedas, 1.200 webs habrán sido creadas y se habrán enviado más de 550.000 tuits y más de 400 millones de correos electrónicos. Todo esto en tan sólo dos minutos. Como apunta el Nº 16 de Consumer Currents de KPMG, el 90% de los datos generados en el mundo se han producido en los últimos dos años y la información almacenada está creciendo cuatro veces más rápida que la economía mundial. La sociedad cambia a un ritmo exponencial y las compañías que no se adapten estarán condenadas al fracaso.

Actualmente, estamos ante un mercado en el que el cliente final tiene una capacidad de decisión e influencia sobre su entorno como jamás la había tenido antes. Tenemos la oportunidad de pararnos a escuchar, para detectar de este modo que es lo que la sociedad quiere y demanda. El cliente es la clave, el rastro que deja cuando interacciona o se interesa por cualquier elemento que le rodea es un diamante en bruto, que gracias a un manejo excepcional de la disciplina del Big Data, puede convertir nuestro negocio en una joya.

Ya no nos interesa saber solamente si es un hombre o mujer con un salario de 30.000 euros anuales que veranea en Cádiz. Queremos más. Queremos predecir qué es lo que el cliente desea antes de que él lo sepa, evaluando todas las posibilidades por medio de estadísticas que nos digan cómo le podremos ofrecer un producto y servicios ajustado a sus demandas, gustos y expectativas en un tiempo muy reducido e incluso de forma inmediata.

El Big Data se basa en el análisis y tratamiento de grandes cantidades de datos para determinar qué hace que ocurra un suceso. El primer gran ejemplo lo encontramos en 2008, cuando las búsquedas relacionadas con la gripe el Estados Unidos permitieron determinar su patrón de difusión.

Por otro lado, la Sostenibilidad implica que las empresas tengan que prestar mucha más atención al entorno en el que trabajan, obligándolas a desarrollar su estrategia en aspectos éticos, sociales y ambientales que hasta ahora no se  tenían en cuenta y que ocultaban importantes costes (un estudio de 2009 reveló que el 50% de los sobrecostes de los proyectos petroleros-mineros se debían a conflictos sociales).

Además, la percepción que los grupos de interés tienen sobre su desempeño es un factor cada vez más importante en un contexto empresarial muy complejo y volátil. Según la OCDE, la esperanza de vida media de las grandes compañías es ya sólo una tercera parte de la de hace 50 años (y sigue reduciéndose) y el valor del capital de los activos físicos y financieros sólo explican el 20% de su valor (piensa esto, en 2015 el medio de comunicación más popular del mundo – una conocida red social – no genera contenido propio).

Combinar Big Data y Sostenibilidad supone ya un elemento diferenciador clave para las compañías. El análisis y tratamiento de los datos con criterios sostenibles permitirá a las compañías desarrollar y ofrecer productos y servicios con un alto valor añadido que aseguren las necesidades de nuestro presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones.

En una entrevista reciente Eddie Short, Socio de Data & Analytics de KPMG para UK y EMA, indicaba (sobre Big Data) que “no trata sobre determinar números detrás de la estrategia, sino sobre la estrategia que está detrás de los números”. Para las organizaciones debe ser clave entender los factores que aportan valor a la empresa para que las conclusiones obtenidas a partir del análisis de datos se traduzcan en acciones concretas que contribuyan a mejorar el desempeño de las compañías, ya que aquello que no se mide no se puede mejorar.

El futuro es prometedor, el área de mejora inmenso y el reto ya está planteado. Y tú, ¿quieres competir por todo o vas a conformarte con nada?

Autor: Daniel Lois, Executive de Risk Consulting – Sostenibilidad de KPMG en España

Elecciones y recuperación inmobiliaria

Por Jaime Aguirregomezcorta
on 18. 06. 2015

La profunda crisis en la que ha estado sumida España ha tenido un impacto especialmente acusado en el sector inmobiliario, que había sido uno de los más relevantes motores de nuestra economía en los años precedentes. Ello ha destapado desequilibrios estructurales que ya se intuían y ha causado los problemas en cadena que ya todos conocemos bien. Sin embargo, ha dado lugar al mismo tiempo a un nuevo escenario futuro que cabe esperar será más prometedor. Ha cambiado el perfil de inversor, que ahora es más exigente, sobre todo el que procede del extranjero, y tiene intención de comprometer importantes sumas de dinero. Y también el tipo de inversiones que despiertan interés, que buscan un valor añadido cualificado y exigen, a cambio, mayor certidumbre y seguridad.

Las operaciones de transformación de suelo normalmente necesitan de una importante financiación inicial y conllevan riesgos superiores a los que se derivan de la compra de productos inmobiliarios terminados. Estos riesgos no son sólo de mercado (evolución de la demanda, precios, condiciones financieras, etc.), sino que incorporan un notable componente de riesgo regulatorio. Éste, a su vez, depende de diversos niveles de Administraciones públicas, que tienen que aprobar los planes de ordenación y demás instrumentos urbanísticos y licencias para que los inversores puedan materializar los usos y edificabilidades correspondientes. Pero, por otro lado, estas inversiones en suelos son las que generan mayores beneficios de todo tipo, especialmente en términos de creación de riqueza y empleo. Durante los últimos años, se han resistido y no han terminado de arrancar con fuerza. Sin embargo, hemos podido apreciar que se están reactivando, intensificadas por un mayor interés internacional.

En los meses pasados, se han promovido grandes inversiones en las que el sector público ha colaborado con el sector privado. Las expectativas animan a aventurar que en este año 2015 podría consolidarse la tendencia positiva. Estamos viviendo una época de incipiente recuperación económica en la que la confianza en su mantenimiento y progresión será determinante para que los inversores extranjeros apuesten de forma creciente por España.

En este contexto, será crucial el papel que jueguen las Administraciones públicas, especialmente las autonómicas y locales. El ejercicio de las competencias que les corresponden en materia de urbanismo condicionará tanto el perfil de las inversiones, como los tiempos. Como decíamos, son estas Administraciones públicas las que deben aprobar los planes de ordenación urbana y los instrumentos de gestión urbanística, así como otorgar las licencias de obras y actividad. Desde esta perspectiva, son piezas clave en el sector y su recuperación. Es lógico, en consecuencia, que los inversores estén atentos a los procesos electorales y de conformación de gobierno en nuestro país durante este año.

Sea cual sea el resultado de los procesos políticos que estamos viviendo, las Administraciones públicas españolas se encuentran ante una oportunidad única para mostrar su compromiso con las inversiones inmobiliarias que crean riqueza y generan empleo, incluidas en especial, por supuesto, las que atienden a necesidades sociales de primer orden.

Iniciativa, flexibilidad, colaboración y agilidad en los trámites burocráticos son aspectos imprescindibles comunes a cualesquiera políticas que se desarrollen, del signo que sean, en el ejercicio de competencias urbanísticas. Previsibilidad, seguridad y certidumbre también. Y, desde luego, no hay que esperar al final de los procesos electorales para trasladar un mensaje inequívoco de compromiso con tales valores. De esta forma, la actitud expectante ante los próximos acontecimientos, especialmente de los inversores extranjeros, puede no traducirse en un retraso o cancelación de las inversiones.

Sin duda que los desarrollos urbanísticos futuros, además de ser atractivos para los inversores, deberán dar adecuada satisfacción a los intereses públicos que en cada caso estén en juego. Pero este equilibrio sólo se conseguirá si nuestras Administraciones asumen la necesidad, inaplazable ya, de respetar los principios mencionados en todo caso.

La geografía, el clima y la alta calidad de las infraestructuras turísticas con que cuenta nuestro país, entre otras ventajas, siguen haciendo de España un lugar atractivo para la inversión inmobiliaria. Y ésta, a su vez, sigue siendo necesaria para el crecimiento y la creación de puestos de trabajo. Este año electoral no debería constituirse en un problema, sino en una oportunidad que en última instancia beneficiará a todos.

Autor: Jorge Aguirregomezcorta es Socio responsable de Derecho Urbanístico de KPMG Abogados

Capital + financiación + gestión, la nueva ecuación del sector inmobiliario en España

Por Javier López Torres
on 12. 02. 2015

Tras ocho años de crisis económica que ha afectado con especial virulencia al sector inmobiliario en España, 2015 se alza como el momento en el que el sector inmobiliario español comenzará a recuperar el pulso. Los datos macroeconómicos han mejorado, igual que las cifras relativas al sector, y los encuestados para el informe de KPMG ‘2015, Año cero para el inicio de la recuperación del sector inmobiliario en España’ esperan que la recuperación en términos de demanda y de normalización de la financiación se produzca antes de dos años.

Así, el inicio de este nuevo periodo para el sector inmobiliario en España puede entenderse como una oportunidad para reflexionar sobre su futuro modelo de negocio. Casi un 90% de los encuestados opina que este modelo ha de cambiar, tanto en términos de gestión como de financiación. Algunos de los puntos sobre los que invitan a poner mayor atención son las estrategias de las sociedades o entidades tenedoras de activos inmobiliarios, la mayor profesionalización del sector en su conjunto o la necesidad de buscar sinergias entre inversores, entidades financieras y sponsors para la potencial recuperación del sector.

Alcanzar un modelo de negocio sostenible basado en la creación de valor ha de ser, sin duda, el objetivo prioritario y, para ello, es necesaria la confluencia de tres elementos en una ecuación de sumandos: capital + financiación + gestión. Entre ellos, han de buscarse sinergias y evitar un funcionamiento independiente.

El capital toma la forma de los nuevos inversores que han desembarcado en el mercado español. Ahora el reto es mantener la presencia de aquellos capitales con mayor valor añadido que ayuden a la recuperación del sector. La financiación, centrada en el crédito bancario, ya ha empezado a recuperarse, pero ahora la meta es mantener un exhaustivo control de riesgos y procesos, y buscar nuevas alternativas que permitan diversificar las fuentes. La gestión debería cerrar el ciclo, para ayudar a generar valor en los activos de forma proactiva.

Algunos de los nuevos protagonistas del sector inmobiliario español (a las compañías inmobiliarias y no inmobiliarias con implicación en Real Estate se han sumado las entidades financieras, Sareb, el sector público y los inversores) cuentan ya con la fortaleza y la capacidad de impulsar la recuperación del sector inmobiliario, pero solo una alianza entre inversores que apuesten por el valor añadido, equipos de gestión profesionalizados, y entidades financieras que devuelvan su apoyo y que ofrezcan financiación prudente podrá ayudar al sector inmobiliario a recuperar la senda de la sostenibilidad, y su contribución al desarrollo económico y social.

Todos ellos deberían unirse en la búsqueda de la respuesta a la demanda real, presente y futura, para cada una de las tipologías de inmuebles, con el objetivo de desarrollar nuevos proyectos o de impulsar aquellos más complicados de absorber por el mercado mediante la creación de valor. 2015 ofrece, por tanto, la oportunidad de construir los cimientos sólidos de un nuevo modelo en el sector inmobiliario que garantice su desarrollo sostenible y paulatino en los próximos años.

Autor: Javier López Torres, socio responsable del sector Real Estate de KPMG en España

Entrevista con Edoardo Gai, director de los Servicios de Sostenibilidad de RobecoSAM

Por José Luis Blasco
on 27. 10. 2014

Fundado en 1995, RobecoSAM se puede considerar el primer gestor de activos exclusivamente sostenibles creado en el mundo. Al filo de celebrar sus primeros 20 años, se mantiene como una de las principales referencias en el mundo de la inversión responsable. Desde 1999 provee el análisis para la composición de la familia de índices de Dow Jones Sustainability Index. Su director de servicios de sostenibilidad, Edoardo Gai, desayuna con nosotros en nuestras oficinas de Madrid donde aprovechamos para hacerle unas preguntas. José Luis Blasco (J.L.B). Hablando de tendencias, ¿cómo estáis percibiendo la evolución del mercado de inversión ESG en los últimos meses? Edoardo Gai (EG).- Percibimos que hay interés. Se puede ver ya  que más del 40% de los asset owners quiere integrar factores ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo) en sus inversiones. Seguramente porque están viendo mayor interés de sus clientes. En una encuesta que realizamos a la población suiza sobre los factores más importantes para la gestión de sus fondos de pensiones, los encuestados mencionaron la estabilidad financiera y la información extra financiera. El 72% dijo que quiere que sus fondos de pensiones incorporen factores ESG. En todo este ejercicio de sostenibilidad, está claro que existe interés por parte de los asset owners, los clientes y las empresas, los que se encuentran todavía menos activos son los gestores de las carteras. Esto cambiará a futuro. Si el informe integrado sigue consolidándose, los inversores y gestores de activos  tendrán que aceptar esta nueva realidad. Sabemos que no es fácil para las empresas medir el impacto financiero de sus actividades de sostenibilidad, pero no puede ignorarse porque es el futuro. J.L.B. Cuando uno analiza las tasas de crecimiento de la inversión ESG siguen  sin ser muy relevantes. Tenemos la impresión que lo interesante con respecto a los criterios ESG, está pasando entre los inversores convencionales, ¿lo veis igual vosotros? E.G. Sí, aunque cualquier cambio en el mundo de la inversión suele ser muy lento debido al carácter conservador de las personas que toman las decisiones. Pero esto tiene que cambiar. Una prueba de ello es que la mitad de los gestores de activos del grupo Robeco ya considera elementos de ESG, de una manera u otra. J.L.B. Ha habido muchos movimientos en el mercado del análisis de los factores ESG, durante los últimos años. Vemos que se ha concentrado mucho en las manos de los proveedores de información financiera ¿cuál es la estrategia de RobecoSAM? E.G. El grupo Robeco acaba de anunciar su estrategia para los próximos cuatro años y uno de sus pilares de crecimiento es la inversión sostenible (Sustainability Investing). Creemos que es en la sostenibilidad donde podemos crecer y diferenciarnos. Además, tenemos una gran cantidad de buena información para los inversores para los que Robeco puede ser una buena opción. Nuestros competidores se han enfocado más en la venta de datos o información sobre sostenibilidad, pero la cantidad todavía no es significativo. Nosotros creemos en la fortaleza de nuestro análisis de sostenibilidad corporativa. Por un lado, tenemos acceso directo a las empresas, gracias a la calidad e imagen que tenemos. Además, en la misma empresa tenemos una gran parte de la cadena de valor porque nosotros buscamos e interpretamos datos, los integramos en el análisis de los activos, los implementamos en nuestros productos financieros e índices, y además proponemos servicios de benchmarking (evaluación comparativa de sostenibilidad) para empresas. Todo esto nos permite buscar e identificar los criterios de sostenibilidad corporativa que tengan la mayor relevancia financiera para las propias empresas y para los inversores. No tenemos muchos competidores con estas mismas características, y creemos que nuestra especialización y gama de productos y servicios de sostenibilidad nos diferencian de los demás. Es nuestro unique selling point. J.L.B. El análisis de RobecoSAM requiere un esfuerzo importante por parte de las empresas. Sorprende la cantidad de respuestas que recibe todos los años. E.G. Sí, la cantidad de empresas que participan sigue creciendo a un ritmo medio del 7.5% cada año. Durante el periodo de crisis además la participación se incrementó. Estamos muy satisfechos por la confianza demostrada por las empresas. J.L.B.  Uno de los principales clientes de RobecoSAM es S&P que es el propietario de DJSI ¿Qué balance de resultados hace del último Dow Jones Sustainability Index publicado en septiembre? ¿Evolucionan bien las empresas en términos de sostenibilidad? E.G. En primer lugar, vemos como a nivel mundial la competencia se ha hecho feroz en muchos sectores, mientras que antes la mayor competencia se concentraba sólo en algunos sectores. Por ello, todos los sectores en general, y salvo algunas excepciones, están mejorando. Vemos también que la sostenibilidad cobra cada vez mayor relevancia en las empresas y se convierte en un tema que se trata en el consejo de administración. Esto imprime aún más exigencia sobre la rigurosidad de nuestro análisis. Y por otro lado, hablando con algunas empresas, detectamos también que uno de los aspectos que despierta más inseguridades es el relativo a transparencia fiscal, que antes no publicábamos. J.L.B ¿Cómo ajustáis el nivel de exigencia para medir los distintos parámetros? ¿En qué asuntos os ha sorprendido la mejora? E.G. En risk compliance management hemos cambiado radicalmente el concepto, en dos ocasiones, durante los últimos diez años porque todas las empresas estaban al nivel más alto. Probablemente, tendremos que revisar de nuevo cómo medirlo en los próximos años. En gobierno corporativo, la conversación es más compleja porque algunas cosas están asumidas por toda la empresa, hay aspectos más opinables, influidos por factores culturales, etc. También ha mejorado mucho la gestión de la cadena de suministro, lo que demuestra que las empresas son conscientes de la necesidad de revisar esta área. En cuanto a los temas con mayor margen de mejora podemos destacar la materialidad, la integración o la cuantificación, etc., excepto en España, ya que destaca en positivo. J.L.B ¿Sobre qué aspectos va a haber mayor presión en los próximos años? E.G. La transparencia fiscal sin duda va a ganar relevancia en los próximos años, aunque también existe una presión inversa por parte de los inversores. Este terreno es muy complejo y por eso a la hora de evaluar aspectos fiscales no nos fijamos en cómo o cuántos impuestos se pagan, si no en la transparencia. J.L.B ¿Qué proceso sigue RobecoSAM para acordar el cuestionario siguiente una vez publicado un índice? E.G. Años atrás revisábamos la metodología al finalizar cada proceso. Ahora, conforme vamos recibiendo las respuestas a los cuestionarios ya vamos replanteando o realizando mejoras. Hay cambios menores que vamos incorporando a partir de septiembre en una lista con prioridades. Sin embargo, para los cambios de calado, empezamos antes y a partir de septiembre realizamos pruebas para ver la viabilidad. J.L.B. De cara a los resultados, y con una visión geopolítica, ¿cómo ves a Europa? E.G. Notamos un interés creciente en los países emergentes y en algunos países concretos como Tailandia. También en Japón donde  tendremos que ver si este interés se refleja de alguna manera en la evolución de las empresas. En parte por el enfoque Abenomics o por la mayor atención que ha implicado la compra de Robeco por parte de Orix. En Estados Unidos los resultados muestran que las empresas no siguen el ritmo del resto, no sé si es por desafección o, sencillamente, porque las demás han mejorado más deprisa. Europa, por su parte, sigue muy fuerte en sostenibilidad pero las regiones emergentes, sobre todo en algunos sectores como la construcción, están alcanzando mejores posiciones. Es interesante ver como evoluciona esto. Desde mi punto de vista, con el tiempo me he dado cuenta de que cuando una empresa sale del índice, suele hacer un examen interno que da pie a una revisión más seria, a nivel de consejo de administración, y una mayor inversión en recursos para hacer posible esta mejora. J.L.B ¿Cómo se imagina RobecoSAM en cinco o seis años? E.G. Imagino un RobecoSAM que sea reconocido como el centro de competencia en materia de sostenibilidad, que contribuya a desarrollar productos innovadores que integren la sostenibilidad y ayuden el inversor a incorporar la sostenibilidad en sus decisiones de gestión. Veo el índice como una familia de índices con diferentes particularidades para atender a varios tipos de inversores con metas distintas, aunque el Dow Jones Sustainability World Index sea el principal. Según el interés de los inversores en  sostenibilidad corporativa siga intensificándose, seguiremos asesorando y veremos el crecimiento de nuestros activos bajo gestión.

El protagonismo de China en la escena internacional

Por David Höhn
on 29. 09. 2014

El protagonismo de la economía china en la esfera internacional parece no tener límite. En los últimos meses hemos sido testigos de hechos que no hacen más que contribuir a la creencia ya generalizada de que China se convertirá en la primera potencia mundial, tanto en términos económicos, como geopolíticos y estratégicos.

Por un lado, China ha sido el principal impulsor de la creación del denominado banco BRICS, un banco con sede en Shanghái destinado a la financiación de inversiones en infraestructuras y proyectos orientados al desarrollo sostenible en países emergentes, el cual contará también con un fondo para atender necesidades de reservas internacionales en periodos de crisis. Las estimaciones indican que en cinco años la entidad alcanzará unos recursos de 200.000 millones de dólares, lo que consolidará la situación financiera de sus miembros, así como la colaboración en sectores estratégicos tales como el energético, el científico y el tecnológico.

Por otro lado, el pasado mes de julio el presidente Xi Jinping visitó América Latina, con la mirada puesta en la región, ya no sólo como área suministradora de recursos naturales, sino también como atractivo lugar de inversión y firma de alianzas estratégicas en sectores como las infraestructuras, las telecomunicaciones y la banca. Los resultados y repercusiones de esta intensificación de relaciones tendrán un importante efecto global, mucho más del que supondrán para la región en sí misma.

Por último, el reciente récord mundial en la salida a bolsa del gigante chino de comercio electrónico, superando a la registrada en 2010 por un banco chino, da muestra del enorme potencial que atesoran las multinacionales chinas a nivel global, especialmente en sectores en los que no estaban presentes hasta hace pocos años: finanzas y tecnología.

En este contexto de mayor presencia internacional de la economía china, desde KPMG venimos observando desde hace meses un creciente interés por parte de las empresas chinas en invertir en España o en activos de empresas españolas, con la energía, el turismo, el inmobiliario, la alimentación y el industrial a la cabeza de las preferencias sectoriales. En este sentido, la visita oficial realizada esta semana por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tiene como objetivo incrementar los flujos comerciales y de inversión en ambas direcciones.

Sin embargo, China se enfrenta a no pocos retos internos que pueden influir en un futuro en el rol a desempeñar dentro de la comunidad internacional. El pasado noviembre, en la reunión plenaria del partido comunista chino, se anunció un amplio proceso de reformas con el fin de dar protagonismo a las fuerzas de mercado. El rápido crecimiento experimentado en la última década ha generado una serie de ineficiencias que se han puesto de manifiesto con el menor crecimiento registrado en los últimos años y gran parte de las medidas anunciadas van encaminadas a corregir estos desequilibrios.

China tiene ante sí el desafío de continuar aumentando el número de ciudadanos que pasan a formar parte de su clase media urbana, sin que ello contribuya al agrandamiento de la burbuja inmobiliaria que se empieza a detectar y con especial interés en la sostenibilidad medioambiental. Este incremento de la clase media urbana se presenta imprescindible en la hoja de ruta del gobierno chino, dado su objetivo de sustituir inversión pública por consumo interno como gran motor de la economía. En la actualidad, según datos del Banco Mundial, el consumo privado solamente supuso el 34% del PIB de China, muy por debajo de los porcentajes que registran los países desarrollados.

A su vez, otra de las iniciativas destacadas es el mayor grado de apertura en la recepción de inversión extranjera. El gobierno chino es consciente que debe aminorar su elevada presencia en la economía, fomentando la presencia extranjera a la vez que la propiedad mixta, especialmente en el sector financiero, que actúa como dinamizador del resto de la economía. El principal ejemplo de apertura lo vemos en la zona piloto de Libre Comercio de Shanghái, inaugurada en septiembre de 2013, y en la que ya se han registrado en torno a 700 empresas extranjeras.

En definitiva, la sostenibilidad interna de China, y por lo tanto, el mantenimiento e incluso incremento de su protagonismo en el ámbito internacional pasa por el aumento de la iniciativa privada y la progresiva reducción del intervencionismo del Estado, lo que implica un reequilibrio de fuerzas de forma rápida y, muy probablemente brusca, que no sólo afectará a sus protagonistas, sino también a toda la comunidad económica internacional.

David Höhn, socio responsable de la Práctica China de KPMG en España

Fuente: El Economista. Publicado el 26 de septiembre de 2014