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Se inicia el Brexit: la importancia de la anticipación

Brexit artículo 50

Hoy es un día histórico para la Unión Europea, ya que el Gobierno británico, en virtud del artículo 50 del Tratado de Lisboa, tiene previsto notificar al Consejo Europeo su intención de salir de la Unión Europea.

Este requisito formal, que marca el inicio de las negociaciones con la Unión Europea, se ha demorado más de lo previsto debido a que ha sido necesaria su tramitación parlamentaria, lo que ha permitido despejar ya algunas incógnitas relevantes. En efecto, el Gobierno británico, a petición del Parlamento, ha plasmado su estrategia negociadora en el “Libro Blanco del Brexit”. Destaca su doble intención de abandonar el Mercado Único, para poder ejercer un mayor control sobre la inmigración (sin menoscabo de la atracción de talento), y rechazar incluso una Unión Aduanera, dado que ello supondría mantener el Arancel Exterior Común, que le privaría de negociar acuerdos más ventajosos con terceros mercados. Su objetivo es lograr un acuerdo de libre comercio de bienes y servicios con la Unión Europea, incluyendo el pasaporte financiero.

En estos meses también hemos sido testigos del impacto macroeconómico que tiene este histórico acontecimiento. La libra se ha depreciado más de un 10% frente al euro y un 15% frente al dólar desde el referéndum, una tendencia que podría acentuarse en los próximos meses y que tiene un doble efecto: ha encarecido las exportaciones europeas a este mercado y abarata las posibles inversiones futuras. Por otro lado, los analistas coinciden en que 2017 será el primer año en que el Brexit tenga un impacto significativo en el crecimiento económico de Reino Unido, tras un 2016 en el que la economía británica ha resistido mejor de lo previsto. A modo de ejemplo, el FMI, en sus últimas previsiones (enero de 2017), apunta a un crecimiento del PIB de Reino Unido del 1,5% en 2017 y del 1,4% en 2018, frente al 2,2% que pronosticaba con anterioridad al referéndum para ambos periodos.

Pero aún existen importantes interrogantes. Se desconoce cuánto durarán las negociaciones , ya que el artículo 50 establece un periodo máximo de dos años que podría ser prorrogado si así lo acuerdan el Consejo Europeo, de forma unánime, y Reino Unido. Tampoco se conoce la mayor de las incógnitas: cuál será el nuevo escenario comercial y financiero entre las dos partes.

Descartado un Brexit “blando”, nos encontramos, grosso modo, ante tres posibles escenarios. En primer lugar, que se logre un acuerdo económico y comercial bilateral, similar, por ejemplo, al que ha cerrado recientemente la Unión Europea con Canadá, que implicaría la eliminación de barreras para la mayoría de bienes y algunos servicios y posibles cláusulas de promoción y protección recíproca de inversiones. En este caso, pese a no haber aranceles, los costes transaccionales derivados de los documentos aduaneros y ajustes fiscales en frontera, y los costes logísticos de las inspecciones de contenedores y de cumplimiento de exigencias regulatorias, entre otros, afectarían a la competitividad del comercio bilateral.

Otro potencial escenario es el que en KPMG denominamos “Saville Road” (calle de Londres famosa por sus sastrerías): que Reino Unido y la Unión Europea cierren un acuerdo a medida, negociado sector a sector.

Por último, cabría la posibilidad de que no se cierre ningún acuerdo. En este caso, Reino Unido pasaría a ser un miembro más de la OMC, con su consiguiente impacto arancelario. Este escenario se podría agravar si no se alcanza una fórmula transitoria entre la salida de la Unión Europea y el nuevo escenario, una probabilidad extrema pero no totalmente descartable que en Reino Unido han denominado “Cliff Edge Brexit” (Brexit al borde del acantilado).

Nos encontramos, por tanto, ante un proceso de elevada complejidad que tiene un impacto significativo para las empresas españolas, ya que Reino Unido es un mercado de gran relevancia. En efecto, se trata del cuarto destino de las exportaciones españolas (11.600 empresas españolas exportan a este mercado); del segundo destino de la inversión española en el exterior en términos acumulados (más de 62.000 millones de euros) y del primero en Europa; y del principal emisor de turistas a España. De hecho, en el infome de KPMG “La empresa española ante el Brexit”, hemos tomado el pulso a cerca de 3.000 CEOs y directivos españoles y un 45% de ellos nos ha confirmado su exposición al Brexit.

La incertidumbre que rodea aún a este proceso, y el hecho de que se cuente con dos años para las negociaciones, no debería ser una excusa para no reaccionar. En un entorno geopolítico cada vez más complejo, las empresas van a tener que acostumbrarse a evaluar y cuantificar con información imperfecta el impacto sobre sus negocios de cuestiones como el Brexit, identificando los posibles escenarios y diseñando un plan de acción frente a cada uno de ellos. En caso contrario, esperar hasta el último momento puede resultar mucho más costoso o, incluso, dejar a la empresa sin margen de maniobra o en una posición de desventaja frente a otros competidores. A modo de ejemplo, no es descartable que a raíz del Brexit se produzcan “efectos de desviación de comercio”, que impliquen que terceros mercados tengan mejor acceso a Reino Unido que la UE o que Reino Unido tenga mejor trato que la UE en terceros mercados y ello exige tomar medidas, o al menos tenerlas pensadas, antes que la competencia.

Afortunadamente, según nuestro análisis, 2 de cada 3 directivos españoles considera necesario elaborar un plan de contingencia frente al Brexit (un 22% lo ha diseñado ya). Este enfoque proactivo debe extenderse a las asociaciones sectoriales y las diferentes regiones más afectadas (por los previsibles efectos en sus sectores más relevantes, como el turismo, el agroalimentario, el residencial, etc.).

En definitiva, la activación del artículo 50 constituye un hecho de relevantes implicaciones para un gran número de empresas, sectores y regiones españolas, y una adecuada anticipación podrá permitir que este gran reto pueda atenuarse o, en su caso, transformarse en oportunidad.

 

 

Autor: Antonio Hernández es socio de KPMG responsable de Estrategia Internacional y Brexit

Fuente: Cinco Días. Publicado el 29 de marzo de 2017

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