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La gran empresa española: tracción internacional para pymes

La gran empresa española: tracción internacional para pymes

Las exportaciones suponen ya un tercio del PIB español y las inversiones españolas en el exterior se acercan al 50% del mismo. Son dos datos relevantes que evidencian el paso de gigante que la economía española ha dado en los últimos años en el ámbito de la internacionalización. No obstante, al bajar de lo macroeconómico a lo microeconómico, se observa que buena parte de las exportaciones e inversiones españolas en el exterior se concentra en pocas empresas.

A modo de ejemplo, 50 empresas concentraron 1/3 de las exportaciones españolas de mercancías en 2014; y sólo 45.000 empresas españolas son exportadoras regulares (compañías que exportan de forma consecutiva durante cuatro años), una cifra muy reducida en comparación con el tejido empresarial español —compuesto por más de 1.200.000 empresas con asalariados—.

Detrás de esta debilidad subyace una realidad que no se puede obviar: sólo el 2% de las compañías españolas se pueden denominar “grandes empresas”; calificativo que, según la normativa europea vigente, reciben aquellas empresas con 250 o más empleados y una facturación superior a 50 millones de euros (o un balance general superior a 43 millones de euros). Esta proporción es muy reducida e inferior a la de otras potencias europeas (7% en Alemania y Francia, por ejemplo, según datos de Eurostat).

Internacionalización y tamaño de empresa son dos conceptos interrelacionados: la actividad internacional, si se acomete de forma estratégica, contribuye decisivamente al crecimiento de la empresa. A su vez, las empresas de mayor dimensión tienen, en términos generales, más recursos para acometer proyectos internacionales. Para alimentar este binomio es fundamental que las pymes españolas se conciencien de que, en un entorno globalizado, la internacionalización es un proceso prácticamente inevitable. En este sentido, la creciente vocación internacional de las grandes empresas cotizadas españolas representa una oportunidad para que otras empresas de menor dimensión —en muchos casos complementarias a éstas— inicien o intensifiquen su actividad internacional.

En las últimas décadas el negocio internacional de las empresas del IBEX 35 ha aumentado a ritmo exponencial: ha pasado de representar el 24% de su facturación total en 1997 a superar el 64% en 2014, según datos de Bolsas y Mercados Españoles. Este despliegue internacional ha permitido consolidar a algunas empresas españolas como ‘players’ globales de referencia en una gran variedad de sectores. En efecto, muchas de las empresas cotizadas españolas lideran grandes proyectos mundiales emblemáticos en sectores tan variados como las concesiones e infraestructuras, energía, servicios financieros, ingeniería, química, automoción y alta velocidad ferroviaria, moda y diseño, agroalimentación y, finalmente turismo. No obstante, también destacan nuevos sectores, como la biomedicina, biotecnología, tecnología naval, aérea y sanitaria.

En el ámbito geográfico, las grandes empresas españolas han apostado por una creciente diversificación, reduciendo su dependencia de mercados comunitarios. En este sentido, según datos de Bolsas y Mercados Españoles, 2/3 de la facturación internacional de las empresas cotizadas españolas en 2014 procedió de fuera de la UE.

La internacionalización se ha convertido, en definitiva, en un “cromosoma” fundamental para el ADN de muchas de las grandes empresas españolas, de sectores variados y con cada vez mayor dispersión geográfica. Esto representa una valiosa herencia genética para las pymes españolas, que pueden aprovechar el efecto arrastre de los grandes grupos españoles para impulsar su crecimiento internacional y evolucionar hasta convertirse en las grandes empresas multinacionales españolas del mañana. En este sentido, una nueva regulación nacional y comunitaria que suavice las mayores trabas asociadas al salto de Pyme a gran empresa en materia contable, laboral y fiscal, contribuiría a esta deseable y necesaria transición.

Autor: Antonio Hernández, Socio de Estrategia Energética e Internacional de KPMG en España

Fuente: Intelligence & Capital News Report. Publicado el 13 de octubre de 2015

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