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La difícil tarea de gestionar la nueva regulación bancaria

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La vigilancia por parte de los reguladores ha sido un denominador común para las entidades financieras durante muchos años, particularmente después de la crisis económica global más reciente. Muchos grandes bancos tuvieron que ser rescatados por los gobiernos para evitar su quiebra y las posibles consecuencias drásticas que la caída de una entidad G-SIFI (entidad financiera de importancia sistémica global) habría causado a la economía mundial y al público en general.

En un esfuerzo por impedir que se produzca una crisis similar en el futuro, organismos reguladores tanto de Europa como de Estados Unidos han desarrollado pruebas de resistencia (stress tests) a las que tienen que someterse entidades financieras y bancarias que superen los tamaños especificados. En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) ha desarrollado la Prueba de Resistencia para la Evaluación Global (CAST, por sus siglas en inglés). En Estados Unidos, el Banco de la Reserva Federal (FRB) ha desarrollado el Análisis y Revisión Integral de Capital (CCAR). El objetivo de estos ejercicios consiste en evaluar la capacidad de grandes entidades financieras para resistir cambios en la economía, especialmente cuando son negativos.

En KPMG en Estados Unidos hemos examinado de primera mano cómo está influyendo el CCAR en las entidades financieras de importancia sistémica global. Por un lado, todos son conscientes de que este ejercicio de resistencia está contribuyendo a mejorar la gobernanza de la adecuación del capital de las sociedades de cartera o holding (BHC) de los bancos. Por otro lado, el coste y el esfuerzo que están dedicando estas sociedades a “superar” el CCAR  son sustanciales y lo abarcan todo, y las BHC aún se encuentran en fase de mejora continua.

Algunas de las debilidades comunes que han identificado estos exámenes en el grupo de bancos de EEUU son, entre otras, las siguientes: calidad de los datos, modelos operativos, validación de modelos de riesgos, cobertura de pruebas de auditoría interna y planificación de la resolución.

En lo que respecta a la calidad de los datos, las BHC están observando incoherencias entre los informes generados para los procesos habituales del negocio (business as usual) y  los que se presentan ante los supervisores para superar las pruebas de capital. Es probable que los reguladores ejerzan una mayor presión sobre los bancos para mejorar la calidad de los datos y crear un plan para lograr un proceso de CCAR más sostenible y automatizado. Además, los reguladores exigen cada vez más a las matrices de las entidades que demuestren cómo se están incorporando los resultados del ejercicio CCAR en sus operaciones. Con este objetivo, los bancos notarán estos impactos en sus prácticas de gestión de datos, soluciones de sistemas y, en última instancia, los modelos operativos. Adicionalmente, las tareas de automatización pueden influir en los presupuestos y en la planificación de su  implantación. Los esfuerzos por incorporar los resultados del ejercicio CCAR en los procesos habituales de negocio también se extenderán a todos los niveles de la organización y, por lo general, suelen exigir mucho más tiempo y colaboración entre funciones de lo inicialmente previsto por los bancos.

En cuanto a los modelos operativos, el sector seguirá debatiendo la cuestión de si la responsabilidad con respecto al CCAR se centraliza o descentraliza. No es probable que se llegue a una solución hasta que se logre mejorar los sistemas permitiendo una mejor recopilación de datos  de las áreas de negocio (front office) y de apoyo en la designación de actividades, o cuando las normas estén codificadas de forma fija en programas automatizados. Mientras tanto, el sector operará en un modo híbrido en el que el área de atención al cliente, el riesgo regulatorio y las actividades de control se realizan, en gran medida, de forma manual y el cumplimiento normativo se confía a múltiples usuarios. Si se opta por un programa descentralizado, se necesitarán mayores controles en el área de atención al cliente y formación sobre la regulación además de una mayor confianza en los procesos de verificación de controles..

Para cumplir con las normas de presentación de información del CCAR, las entidades financieras han invertido una cantidad significativa de recursos para generar la información y la documentación requeridas. Por ejemplo, actualmente los documentos que deben presentarse al supervisor suelen consistir en un resumen ejecutivo del plan de capital de 300 páginas, que se complementan con documentación de más de 30.000 páginas. Para generar esta cantidad de información suelen asignarse al proyecto cientos de empleados, como mínimo.

La obligación de que un banco global complejo genere documentación tan detallada supone una carga para sus sistemas de tecnología de la información. A medida que un banco global continúa creciendo y adquiere otras entidades, el proceso de consolidación puede ser difícil. La preocupación por la calidad y la consistencia de los datos también fue una de las lecciones derivadas del AQR realizado por el BCE. Como se ha mencionado, los problemas de calidad de los datos ya constituyen un área de atención y preocupación identificada por los supervisores. Además, dada la compleja estructura de la mayoría de los bancos globales, el seguimiento del problema de la calidad de los datos hasta su origen para subsanar el error puede ser un proceso extremadamente difícil que consuma mucho tiempo.

Estamos viviendo una “nueva normalidad”, no cabe duda. El objetivo compartido de los reguladores y los bancos globales será desarrollar un proceso sólido y equitativo de control y equilibrio en el mercado global de capitales para impulsar el crecimiento y una economía saneada, así como un gobierno prudente.

Autora: Dabie Tsai, socia de auditoría en el sector financiero de KPMG.

Fuente: Cinco Días. Publicado el 17 de julio de 2015

 

 

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