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Category Archives: Financiero

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La banca en 2016: cuesta arriba sin repechos

Por Francisco Uría
on 30. 06. 2016

El año 2016 está siendo un año muy complicado para la economía global, los mercados y también para los bancos.

Aunque los reguladores aseguren que no habrá nuevos requerimientos de capital todo parece de indicar que terminarán produciéndose, por una u otra vía, en un año en que van a combinarse los test de estrés, el análisis supervisor del BCE (SREB), el nuevo MREL en materia de resolución, la revisión crítica de los modelos de riesgo de crédito y de los NPLs en el balance de las entidades y, ya a final del año, el ejercicio de armonización del tratamiento de los activos ponderados por riesgo impulsado por el Comité de Basilea.

Las cuestiones apuntadas, junto a algunas otras que me dejo por no hacer la enumeración demasiado extensa, generan incertidumbres que afectan a las decisiones estratégicas de las entidades.

A estas incertidumbres “propias del sector” se unen otras más generales como las cuestiones geoestratégicas globales, el terrorismo, el nuevo escenario que se abre en Europa tras el Brexit,  las elecciones en Estados Unidos, en Alemania o en Francia, la formación del nuevo Gobierno en España, la situación de Italia y la de Grecia… Si todas o algunas de estas cuestiones evolucionan de forma negativa las consecuencias serán muy graves para todos.

Todo ello en un contexto que continúa marcado por la volatilidad de los mercados y la política monetaria expansiva (bajos tipos de interés), lo que afecta a la capacidad y condiciones de financiación en los mercados de capital y a la rentabilidad de las entidades.

Los bancos tienen un problema con la falta de suficiente rentabilidad de su negocio y a la resolución de ese problema deben dedicar todas sus energías. La cuenta de resultados es la primera línea de defensa de la solvencia de una entidad de crédito y la falta de rentabilidad continuada dificulta tanto su capacidad de generación de capital interno como su atractivo para la captación de capital externo.

En este contexto, la única estrategia segura es la de perseverar en el esfuerzo de reducción de costes por lo que el ajuste del sector continuará produciéndose en los próximos meses.

En cambio, las inseguridades concurrentes no hacen probables las integraciones entre entidades a corto plazo, por muchos esfuerzos que pueda hacer el supervisor por impulsarlas.

Los bancos, como se ha recordado en estos días, se encuentran también obligados a realizar inversiones crecientes en tecnología para contribuir a su estrategia de mejora de eficiencia y reducción de costes y para atender a los nuevos requerimientos de la regulación y los supervisores. Deben hacerlo también para asegurar la mejor experiencia posible al cliente, lo que resulta clave para mantener su competitividad con los nuevos entrantes digitales.

Nunca en la historia habíamos conocido un contexto así. Un mundo sin inflación, con un crecimiento económico limitado (un poco mayor en el caso español) y con tipos de interés negativo.

Son las “cinco erres” de las que hablaba José Manuel González Páramo en su magnífico discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, “Reinventar la banca: de la Gran Recesión a la Gran Disrupción Digital”, de lectura obligada y urgente para todos los que trabajamos en o para el sector financiero, a saber, “Recesión, Rentabilidad, Regulación, Reputación y Revolución Digital” o, dicho de otro modo, la tormenta perfecta para un sector atrapado entre la baja rentabilidad, las exigencias regulatorias y el reto tecnológico.

Los bancos van a tener que hacer muy bien las cosas para superar esta difícil prueba pero probablemente no baste ni tan siquiera con eso.

Todos los actores implicados, públicos y privados, deberían contribuir a despejar cuanto antes las incertidumbres que se han comentado. También sería conveniente comenzar a señalar un camino de normalización progresiva de la política monetaria.

Otra cuestión relevante tiene que ver con las palabras de la Sra. Nouy, como Presidente del Consejo de Supervisión del BCE, en el sentido de que los bancos debían avanzar en un cambio de modelo de negocio basado en el margen de tipo de interés a un modelo más basado en comisiones. La realidad regulatoria presente es que las entidades encuentran grandes obstáculos al establecimiento de comisiones, y que, además, se trata de un cambio complejo que requerirá un cambio paulatino de la cultura tradicional del cliente bancario, que no parece fácil ni será inmediato.

Por último, sería fundamental que los supervisores bancarios muestren de forma más clara sus expectativas en cuanto a la evolución de los bancos a medio y largo plazo, facilitando así su proceso de planificación estratégica, dando prioridad en su actuación supervisora a lo que consideren más urgente. No parecería sensato, en un contexto tan complejo, tratar de resolver todos los problemas en un año que ya será suficientemente difícil.

Autor: Francisco Uría es socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España

Fuente: Expansión. Publicado el 30 de junio de 2016

La receta del crowdfunding y sus 4 ingredientes esenciales

Por Juan Manuel Moral
on 02. 06. 2016

A inicios del mes de mayo, la Comisión presentó un interesante documento de trabajo sobre el sector del crowdfunding en el ámbito europeo, considerándolo como parte de la política de la Unión de Mercado de Capitales. La lectura de este informe es muy recomendable para aprender qué es el crowdfunding, sus diferentes tipologías, qué volúmenes mueve y qué riesgos encierra, así como para conocer la posición de las instituciones europeas al respecto. La Comisión Europea aprecia que esta actividad alternativa de financiación -enfocada casi exclusivamente para las empresas innovadoras y start-ups– se está desarrollando con gran rapidez, aunque más bien a nivel local o regional, lo que conlleva que, por el momento, no considere necesaria una regulación a nivel comunitario, dejando a los Estados la iniciativa de su regulación.

España ha sido uno de los primeros países en actuar, y así el crowdfunding se ha recogido, por vez primera, en la Ley 5/2015, de 27 de abril, de fomento de la financiación empresarial, donde el término se refiere a una gran variedad de modos de financiación –“plataformas de financiación participativa” (arts. 46 y ss.), cuyo común denominador es el uso de una plataforma tecnológica online para presentar proyectos y recaudar fondos-, aunque en la jerga del mercado se sigan conociendo como crowdfunding. No obstante, en esta norma sólo se regula el funcionamiento de las empresas autorizadas para gestionar plataformas para el equitycrowdfunding (esto es, cuando la inversión se hace a través de la suscripción de acciones o participaciones) y el crowdlending (cuando la financiación se da a través del otorgamiento de préstamos, incluidos los préstamos participativos), mientras que han quedado fuera todas las modalidades basadas en compraventas, préstamos sin intereses, mecenazgo y donaciones, las cuales podrían encontrar desarrollo en la futura Ley de Patrocinio y Mecenazgo.

A la pregunta de cuáles son las ventajas de esta forma de financiación alternativa, el crowdfunding brinda la posibilidad de invertir o contribuir de manera relativamente sencilla, a través de una plataforma tecnológica online, en diferentes proyectos empresariales. En definitiva, es una buena alternativa para conseguir financiación cuando no se puede obtener por los canales tradicionales.

Esta nueva realidad, consecuencia de la aparición de nuevas tecnologías disruptivas, supone un abanico de oportunidades de desarrollo de negocio aún no exploradas –nuevos nichos de mercado u opciones de emprendimiento- que no se quedan en la mera captación de microinversores particulares, en el que juegan un papel determinante 4 pilares fundamentales:

  1. La innovación y su interrelación con el desarrollo del entorno digital: 
    Para presentar en las plataformas el proyecto en cuestión, hay que convertirlo en algo novedoso, atrayendo el interés de la sociedad y así captar fondos de inversores para el proyecto. Una buena gestión de las redes sociales, fomentando la conversación en torno al proyecto, da muestras concretas del interés que el mismo genera y además, da la posibilidad de orientar –si se utilizan los medios y acciones digitales adecuadas- esa conversación al punto que conviene al emprendedor, interactuando con el público objetivo, ya sean potenciales inversores, clientes e incluso competidores.
    Por otro lado, la participación en estas plataformas de financiación participativa lleva aparejado el requerimiento de datos identificativos y de diversa información, que deberá ser tratada y protegida por el propio servicio de crowdfunding.
  2. Emprendimiento y gestión empresarial: 
    El proyecto debe estar no sólo en incubadora, sino maduro o con pretensión de estarlo, al menos, en un medio plazo. Por eso, cuando se presente debe ir acompañado de la explicación de su estrategia e incentivado, por ejemplo, por la posible participación en concursos de capital semilla cuyo objetivo es fomentar la creación y puesta en marcha de nuevos emprendimientos dinámicos con un alto potencial de crecimiento.
  3. Cumplimiento legal y fiscal: 
    No existe regulación legal o fiscal específica para las actividades de crowdfunding que afecte a inversores, patrocinadores, financiadores y receptores de fondos, por lo que los proyectos han de acomodarse a las reglas generales, lo cual en muchos casos es una dificultad porque nuestro ordenamiento no está adaptado a esta nueva figura.
    De este modo, es esencial la plena observancia del Derecho Mercantil (contratos bien conformados, derecho societario aplicable a socios y prestamistas,…), de la normativa de protección de datos o de prevención de blanqueo de capitales.
    En materia fiscal resulta clave el encuadramiento de cada proyecto, y ya una serie de consultas tributarias han ido marcando el camino (V2831/13; V3672/13; V3942/15; V0715/16 y V1758/16).
    Así, son cuestiones centrales el aprovechamiento de beneficios y deducciones en las aportaciones gratuitas (que tributarían como donación si los percibe una persona física), el sometimiento al IVA cuando existan contraprestaciones a las entregas de dinero, que convierten al promotor en empresario (siendo especialmente compleja la cuestión cuando se trata de “recompensas”), y si las aportaciones se configuran como la inversión en el capital o fondos propios de un start-up, o bien como un préstamo que ha de reembolsarse, deben cumplirse las regulaciones mercantiles y fiscales que afectan a la identificación y trazabilidad de la inversión, retenciones en caso de pago de intereses o dividendos, posibles deducciones fiscales para los socios o partícipes que fomenten su participación en estos proyectos empresariales, etc.
    Por lo que afecta a los promotores de plataformas, también han de gestionar un marco legal y fiscal exigente para su actividad, que se ha calificado como un servicio prestado por vía electrónica, sujeto y no exento de IVA, no susceptible de asimilarse a un servicio exento de gestión financiera.
    Es un error pensar que un emprendedor puede lanzar un crowdfunding sin tener un completo asesoramiento legal y fiscal previo. Omitirlo le hará incluir en riesgos y contingencias, y en cambio conocerlo puede abrirle oportunidades y beneficios que la normativa incorpora de forma general.
  4. Lograr la financiación de los inversores: 
    En definitiva es de lo que se trata, pero como hemos visto, no sólo es esto y para conseguir el éxito deben darse de manera permanente y continuada los tres anteriores elementos.

Sería deseable el desarrollo en España de una normativa que fomentase el crowdfunding, para situarnos como un país atractivo para atraer a promotores de estos proyectos, que recordemos, pueden gestionarse electrónicamente desde cualquier lugar. La incorporación de beneficios fiscales específicos y selectivos (modelo Job Acts en EEUU), el fomento de nuevas vías de financiación pública o privadas para ayudar a los start-ups, o una legislación liberal (modelo británico), garantista pero no intervencionista, son las tres palancas que podrían situar a nuestro país como un atractivo polo de desarrollo mundial de esta nueva realidad. Si se quiere actuar, ha de hacerse pronto, para no perder el tren de la innovación y la transformación digital ante esta nueva realidad.

Juan Manuel Moral, Socio de KPMG Abogados

Sector financiero y condiciones laborales

Por Francisco Uría
on 17. 03. 2016

El sector financiero español está compuesto, en la actualidad, por un número más reducido de entidades, con un mayor tamaño medio y volumen de recursos propios. También se ha producido un intenso proceso de reestructuración que ha implicado una reducción significativa del número de oficinas y de empleados bancarios.

Tormenta perfecta en los mercados financieros

Por Francisco Uría
on 17. 02. 2016

Los mercados financieros vienen sufriendo una volatilidad sin precedentes en las últimas semanas y, muy particularmente, en los últimos días. Las causas de esta situación son variadas y realmente podríamos acudir una vez más al tópico de la tormenta perfecta en la que muy distintos elementos están concurriendo al mismo tiempo.

Davos 2016: el cambio, la nueva normalidad

Por John Scott
on 20. 01. 2016

A lo largo de los próximos tres días la ciudad suiza de Davos se convertirá en el epicentro de la actividad política y económica mundial. Una cita que ayudará a marcar la agenda de las grandes tendencias globales en un momento de la historia único que ya se ha calificado como la era de la cuarta revolución industrial. Las tres primeras revoluciones industriales trajeron la mecanización del trabajo, la producción en masa e Internet. En esta nueva época de transformación, el imparable desarrollo de la tecnología y la conectividad se erigen como los grandes motores del cambio. Las fronteras entre el mundo físico y virtual se desdibujan y obligan a cambiar radicalmente la forma de concebir la sociedad, la política y los negocios.

En estos tiempos en los que el cambio es la nueva normalidad, algunos datos subrayan la profundidad del momento histórico que atravesamos. Según Naciones Unidas, alrededor de 3.200 millones de personas tienen ya acceso a Internet y en solo cuatro años se espera que más de 25.000 millones de dispositivos estén conectados. Todo este desarrollo está teniendo efectos evidentes en una economía que no puede entenderse más que de una forma global e interconectada. Los modelos de negocio de cualquier industria están obligados a transformarse y a aprovechar las oportunidades que ofrece esta nueva era de la conectividad.

El Big Data, un concepto que para muchos se entiende aún de forma vaga, será probablemente una de las mayores fuentes de innovación y de creación de valor para las empresas y Gobiernos: el aprovechamiento de los miles de millones de datos generados cada día en cualquier actividad abre unas posibilidades inmensas de desarrollo y generación de riqueza. Pero el desarrollo tecnológico también conlleva nuevas amenazas ante las que el mundo debe prepararse. Según el CEO Outlook, el informe global que KPMG ha realizado encuestando a más de 1.200 CEO, el 29% apunta a los ataques cibernéticos como el riesgo que mayor impacto puede tener en sus negocios. Esta amenaza no debe afrontarse solo mediante una estrategia reactiva sino que significa una oportunidad para mejorar la lealtad y la experiencia de los consumidores.

La ecuación resulta aún más compleja cuando todo este imparable desarrollo tecnológico se encuadra en un contexto de enorme incertidumbre macroeconómica y riesgos geopolíticos. Sería un error concebir cualquier estrategia económica o política sin mirar más allá de nuestras fronteras. Tras la gran crisis económica y financiera de Occidente, el nuevo escenario apunta a un crecimiento global más moderado y volátil que perdurará durante años. Los países emergentes y China son el gran foco de incertidumbre mientras las economías desarrolladas aún se desperezan de una crisis que no ha terminado de disiparse, como aún evidencian los datos de desempleo en países como España. El brusco descenso de las materias primas, causado precisamente por esas peores perspectivas de crecimiento, acentúa la incertidumbre, como también lo hacen las divergentes políticas monetarias en distintas partes del mundo que están cambiando los flujos de inversión.

El envejecimiento de la población en las economías desarrolladas obliga a repensar fórmulas que garanticen el Estado de bienestar a largo plazo y la crisis de los refugiados muestra nuevamente cómo en un mundo globalizado ningún país es ajeno a las grandes tendencias mundiales. El Informe riesgos globales 2016 presentado en la antesala del Foro Económico Mundial dibuja un mapa de amenazas inédito hasta ahora, en el que las migraciones involuntarias son el primer riesgo por probabilidad y las catástrofes medioambientales, el de mayor impacto potencial.

Resulta extraordinariamente necesario no perder de vista este escenario y poner en marcha acciones que contribuyan a reducir las amenazas y maximizar las oportunidades. Han de buscarse acuerdos de gran alcance que ayuden a unificar y hacer más inteligente la regulación internacional, a impulsar la innovación, a construir puentes que faciliten el libre comercio entre distintas áreas del mundo y a asegurar un crecimiento que no pierda de vista grandes temas de la agenda internacional como la sostenibilidad, el medioambiente o la diversidad. Como firma de auditoría y servicios profesionales, estamos convencidos de que todos debemos contribuir a ello, reforzando el activo más importante para cualquier economía y país: la confianza.

John Scott es presidente de KPMG en España, en la región de EMA (Europa, Oriente Próximo, África y Sur de Asia) y vicepresidente Global de KPMG.

Artículo publicado originalmente en El País, el 20 de enero de 2016

La difícil tarea de gestionar la nueva regulación bancaria

Por kpmg españa
on 20. 07. 2015

La vigilancia por parte de los reguladores ha sido un denominador común para las entidades financieras durante muchos años, particularmente después de la crisis económica global más reciente. Muchos grandes bancos tuvieron que ser rescatados por los gobiernos para evitar su quiebra y las posibles consecuencias drásticas que la caída de una entidad G-SIFI (entidad financiera de importancia sistémica global) habría causado a la economía mundial y al público en general.

En un esfuerzo por impedir que se produzca una crisis similar en el futuro, organismos reguladores tanto de Europa como de Estados Unidos han desarrollado pruebas de resistencia (stress tests) a las que tienen que someterse entidades financieras y bancarias que superen los tamaños especificados. En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) ha desarrollado la Prueba de Resistencia para la Evaluación Global (CAST, por sus siglas en inglés). En Estados Unidos, el Banco de la Reserva Federal (FRB) ha desarrollado el Análisis y Revisión Integral de Capital (CCAR). El objetivo de estos ejercicios consiste en evaluar la capacidad de grandes entidades financieras para resistir cambios en la economía, especialmente cuando son negativos.

En KPMG en Estados Unidos hemos examinado de primera mano cómo está influyendo el CCAR en las entidades financieras de importancia sistémica global. Por un lado, todos son conscientes de que este ejercicio de resistencia está contribuyendo a mejorar la gobernanza de la adecuación del capital de las sociedades de cartera o holding (BHC) de los bancos. Por otro lado, el coste y el esfuerzo que están dedicando estas sociedades a “superar” el CCAR  son sustanciales y lo abarcan todo, y las BHC aún se encuentran en fase de mejora continua.

Algunas de las debilidades comunes que han identificado estos exámenes en el grupo de bancos de EEUU son, entre otras, las siguientes: calidad de los datos, modelos operativos, validación de modelos de riesgos, cobertura de pruebas de auditoría interna y planificación de la resolución.

En lo que respecta a la calidad de los datos, las BHC están observando incoherencias entre los informes generados para los procesos habituales del negocio (business as usual) y  los que se presentan ante los supervisores para superar las pruebas de capital. Es probable que los reguladores ejerzan una mayor presión sobre los bancos para mejorar la calidad de los datos y crear un plan para lograr un proceso de CCAR más sostenible y automatizado. Además, los reguladores exigen cada vez más a las matrices de las entidades que demuestren cómo se están incorporando los resultados del ejercicio CCAR en sus operaciones. Con este objetivo, los bancos notarán estos impactos en sus prácticas de gestión de datos, soluciones de sistemas y, en última instancia, los modelos operativos. Adicionalmente, las tareas de automatización pueden influir en los presupuestos y en la planificación de su  implantación. Los esfuerzos por incorporar los resultados del ejercicio CCAR en los procesos habituales de negocio también se extenderán a todos los niveles de la organización y, por lo general, suelen exigir mucho más tiempo y colaboración entre funciones de lo inicialmente previsto por los bancos.

En cuanto a los modelos operativos, el sector seguirá debatiendo la cuestión de si la responsabilidad con respecto al CCAR se centraliza o descentraliza. No es probable que se llegue a una solución hasta que se logre mejorar los sistemas permitiendo una mejor recopilación de datos  de las áreas de negocio (front office) y de apoyo en la designación de actividades, o cuando las normas estén codificadas de forma fija en programas automatizados. Mientras tanto, el sector operará en un modo híbrido en el que el área de atención al cliente, el riesgo regulatorio y las actividades de control se realizan, en gran medida, de forma manual y el cumplimiento normativo se confía a múltiples usuarios. Si se opta por un programa descentralizado, se necesitarán mayores controles en el área de atención al cliente y formación sobre la regulación además de una mayor confianza en los procesos de verificación de controles..

Para cumplir con las normas de presentación de información del CCAR, las entidades financieras han invertido una cantidad significativa de recursos para generar la información y la documentación requeridas. Por ejemplo, actualmente los documentos que deben presentarse al supervisor suelen consistir en un resumen ejecutivo del plan de capital de 300 páginas, que se complementan con documentación de más de 30.000 páginas. Para generar esta cantidad de información suelen asignarse al proyecto cientos de empleados, como mínimo.

La obligación de que un banco global complejo genere documentación tan detallada supone una carga para sus sistemas de tecnología de la información. A medida que un banco global continúa creciendo y adquiere otras entidades, el proceso de consolidación puede ser difícil. La preocupación por la calidad y la consistencia de los datos también fue una de las lecciones derivadas del AQR realizado por el BCE. Como se ha mencionado, los problemas de calidad de los datos ya constituyen un área de atención y preocupación identificada por los supervisores. Además, dada la compleja estructura de la mayoría de los bancos globales, el seguimiento del problema de la calidad de los datos hasta su origen para subsanar el error puede ser un proceso extremadamente difícil que consuma mucho tiempo.

Estamos viviendo una “nueva normalidad”, no cabe duda. El objetivo compartido de los reguladores y los bancos globales será desarrollar un proceso sólido y equitativo de control y equilibrio en el mercado global de capitales para impulsar el crecimiento y una economía saneada, así como un gobierno prudente.

Autora: Dabie Tsai, socia de auditoría en el sector financiero de KPMG.

Fuente: Cinco Días. Publicado el 17 de julio de 2015

 

 

Decisiones sobre dividendo. La hora del capital

Por Francisco Uría
on 09. 01. 2015

Los bancos son sociedades mercantiles y, como tales, sus accionistas tienen la expectativa legítima de percibir una retribución razonablemente proporcionada a su inversión.

Pero los bancos son también entidades fuertemente reguladas y, como tales, todas y cada una de sus decisiones, y especialmente las que de cualquier modo afectan a su capital y solvencia, se encuentran condicionadas por la regulación.

En los últimos años, y como respuesta a la crisis financiera internacional, la regulación bancaria ha incrementado en forma notable los requerimientos de capital para los bancos y, especialmente, para aquéllos que tienen un carácter sistémico global. Como es sabido, esa mayor exigencia no solamente tiene un carácter cuantitativo sino también cualitativo de modo que cada vez se exige que ese capital esté compuesto por instrumentos financieros realmente capaces de absorber pérdidas en caso de dificultad.

Por tanto, todas las entidades de crédito del mundo se encuentran obligadas a robustecer sus recursos propios y, en particular, su capital, especialmente si pueden tener una cierta ambición de crecer tanto corporativamente como por su actividad (crédito). De ahí que, en los últimos tiempos hayan sido y vayan a ser frecuentes las decisiones sobre aumento de capital o emisión de diversos tipos de instrumentos financieros computables como recursos propios de la mayor calidad.

El cambio de signo de la situación económica, y las propias oportunidades que pueden surgir en el nuevo entorno de supervisión única hacen que esa tendencia sea particularmente acusada en Europa.

Otro aspecto en que la nueva regulación ha producido y puede producir un fuerte impacto en las decisiones de las entidades se refiere a su política de dividendo, puesto que una de las fuentes naturales para la recapitalización de una entidad se encuentra en la retención de su beneficio.
La gestión prudente de una entidad, las decisiones de su supervisor o, incluso (como hemos visto) la propia regulación, pueden imponer restricciones en cuanto a la distribución del dividendo como medio para fortalecer su solvencia o posibilitar decisiones de crecimiento futuro. Esas decisiones pueden afectar tanto a la existencia misma del dividendo como a la forma de pago, distinguiéndose entre el “scrip dividend” (que se paga en nuevas acciones) frente al pago tradicional del dividendo en efectivo.

El pago del dividendo en la forma de scrip dividend ha sido, durante la crisis, un medio para tratar de compatibilizar la prudencia en la gestión de los recursos propios y la liquidez de la entidad con la necesidad de proporcionar una retribución al accionista que permitiera mantener el atractivo de la inversión.

El scrip dividend tiene una naturaleza fundamentalmente coyuntural puesto que, a medio plazo, tiene un efecto dilutivo para el accionista que, a diferencia del pago en efectivo, no se ve compensado por la percepción de una remuneración adicional. Por ello, resulta lógico que esa política de dividendo no perdure en el tiempo.

Además, el claro cambio de tendencia en la situación de la economía española, así como la mejora en las condiciones de acceso a la liquidez por el efecto combinado de la posición de los mercados y las políticas del Banco de España, hacen posible un retorno paulatino a la política de dividendo tradicional, aunque la misma continuará viéndose marcada por la evolución regulatoria que se ha comentado. En última instancia, las decisiones de los bancos sobre la retribución a sus accionistas estarán supeditadas al cumplimiento de la regulación y las decisiones de los supervisores.

De ahí que, junto a las decisiones sobre aumento de capital o emisión de distintos instrumentos financieros, estemos viendo noticias referidas a cambios en la política de dividendo y, en particular, el paso paulatino de mecanismos de script dividend al pago de dividendo en efectivo.

En el caso español, esa evolución ha venido también propiciada por los cambios que se están produciendo en el ámbito fiscal, que provocan la desaparición del diferimiento hasta ahora existente en relación con la venta de acciones.

Las decisiones adoptadas por distintos bancos internacionales sobre la realización de operaciones de aumento de capital o de emisión de instrumentos computables como recursos propios de la mejor calidad, o las más recientes referidas al cambio de la política de dividendo, deben enmarcarse en esa evolución de la regulación bancaria, la normativa fiscal y, sobre todo, la situación económica y la perspectiva de una mejora de los resultados en España deben ser analizados a la luz de este nuevo contexto.

Autor: Francisco Uría: Socio responsable del sector Financiero de KPMG en España

Fuente: Expansión. Publicado el 9 de enero de 2015

 

Brisbane: crecimiento y estabilidad financiera

Por Francisco Uría
on 19. 11. 2014

La cumbre que el G-20 acaba de celebrar en Brisbane (Australia) ha reflejado, una vez más, su doble preocupación por el crecimiento económico y la estabilidad financiera.

El G-20 pretendió evitar, desde el comienzo, que se repitieran los efectos destructivos de la crisis de 1929, apostando por la coordinación de las políticas monetarias, fiscales y comerciales. Pasado el peor momento de la crisis, la preocupación por el crecimiento pasa a primer plano, tal vez por las dudas sobre la economía europea y de algunos países emergentes.

Por otro lado, y utilizando al Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) como brazo ejecutor (junto con el auténtico regulador financiero internacional, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea), el G-20 ha impulsado una ambiciosa reforma de la regulación financiera global. La pieza fundamental de esa reforma destinada al fortalecimiento de las entidades fueron los acuerdos de Basilea III (ya incorporados al derecho español), orientados a incrementar el volumen y calidad de su capital, reforzar sus posiciones de liquidez a corto y medio/largo plazo y limitar su endeudamiento.

Sin embargo, el FSB dio un paso más y se adentró en el ámbito de la resolución bancaria. En un primer momento, se trataba de que todos los Estados dispusieran de los instrumentos jurídicos necesarios para acometer un proceso de resolución con garantías, incluyendo el sacrificio de accionistas y distintos tipos de acreedores privados (bail-in). Para ello, el FSB publicó en octubre de 2011 un informe sobre las características que un ordenamiento jurídico debía cumplir para que pudiera considerarse que disponía de un sistema efectivo de resolución bancaria (Key Attributes of Effective Resolution Regimens for Financial Institutions).

Siguiendo esos criterios, la Comisión Europea elaboró una propuesta de Directiva en junio de 2012 (aprobada en mayo de este año), que España adoptó tempranamente ese mismo verano por imperativo del MOU.

Pues bien, el FSB ha elevado al G-20 un informe sobre el estado de progreso de la reforma de los regímenes y planes de resolución, que incluye a España (y no a otros Estados europeos que no han transpuesto aún la Directiva) entre los países que han adoptado esos estándares mínimos de resolución bancaria efectiva (Estados Unidos, Japón y Suiza). Pero, sin duda, esa preocupación por la capacidad de resolución de los bancos es más intensa en el caso de las entidades sistémicas globales (GSIFIs), para las que la agenda ha sido siempre más ambiciosa tanto en términos de capital como, y no en menor medida, en cuanto a su capacidad de someterse a un proceso de resolución que no pusiera en riesgo el cumplimiento de sus funciones esenciales y no conllevara la aportación de fondos públicos.

Así, en septiembre de 2013 el FSB publicó un informe titulado Progress and Next Steps Towards ‘Ending Too Big To Fail’ (TBTF), que incluyó la obligación de que las GSIFIs realicen a mediados de 2015 una evaluación de su resolubilidad y capacidad de recapitalización, aspectos éstos en los que la Directiva europea ya ha realizado un avance. También surgió la idea de imponerles requerimientos adicionales de capital que pudieran contribuir a su capacidad de absorción de pérdidas, más conocida inicialmente como G-LAC y, desde hace algunas semanas, como TLAC (Total Loss Absorbing Capacity), aspecto sobre el que el FSB ha sometido a consulta pública un documento el pasado 10 de noviembre.

El documento plantea que las GSIFIs (con la única –y llamativa– excepción de las de países emergentes) cumplan requerimientos de capital en Pilar I y en Pilar II muy por encima de los de Basilea III, a través de instrumentos financieros con capacidad contrastada de absorción de pérdidas (activos elegibles) que, en algunos casos, habrían de situarse en entidades distintas a las GSIFIs (TLAC externo).

Otro aspecto sensible se refiere al modo en que dichas obligaciones deben cumplirse dentro de un grupo y cómo afectan a sus filiales más importantes (materiales).

En definitiva, el G-20 pone sobre la mesa medidas destinadas a favorecer el crecimiento económico, la creación de empleo y la reactivación del crédito a la vez que endurece los requerimientos regulatorios a las grandes entidades.

No es de extrañar por ello que algunas de las preguntas del documento sometido a consulta se refieran, precisamente, a los efectos de estos nuevos requerimientos sobre el coste de financiación de las GSIFIs y, por extensión, sobre su capacidad de dar crédito.

Sin embargo, creo que existe otra pregunta: si los requerimientos regulatorios y las condiciones financieras actuales limitan la rentabilidad de los bancos, ¿no terminará ello por afectar a su capacidad de captar nuevo capital en competencia global con otros emisores?

Y es que el equilibrio entre crecimiento económico y estabilidad financiera es tan complejo como crucial.

Autor: Francisco Uría: Socio responsable del sector Financiero de KPMG en España

Fuente: Expansión. Publicado el 17 de noviembre de 2014

Foto: EFE

Los efectos positivos del MUS sobre la economía española

Por Francisco Uría
on 11. 11. 2014

El Mecanismo Único de Supervisión (MUS) es ya una realidad desde el pasado 4 de noviembre. Todos los bancos de la eurozona están sujetos a una supervisión única cuya dirección le corresponde al Banco Central Europeo (BCE).

Sin perjuicio de lo anterior, los mayores grupos bancarios europeos (y la mayor parte del sector financiero español) se encuentran bajo la supervisión directa del BCE -con la colaboración estrecha, en nuestro caso, del Banco de España- y el resto de los bancos seguirán siendo supervisados directamente por sus autoridades locales bajo la supervisión indirecta del BCE.

Es importante recordar que, con independencia del tamaño y características de los bancos, algunas funciones seguirán correspondiendo en todo caso al Banco de España, como lo relativo a la protección de los consumidores o la prevención del blanqueo de capitales.

En todo caso, unos y otros bancos serán supervisados bajo criterios comunes y se habrán puesto las condiciones para un avance real en el proceso de integración europea, concretamente en el ámbito del mercado interior de servicios financieros.

Para la economía española, el avance en la constitución de una unión bancaria, gracias a los progresos registrados en el ámbito de la supervisión y también en el de la resolución bancaria, ha sido realmente positivo y ha contribuido a la mejora sustancial de las condiciones de financiación de nuestra economía.

Además, la conclusión del programa de asistencia financiera de nuestros socios europeos y la publicación de los resultados del análisis bancario realizado por el BCE el domingo 26 de octubre han despejado las dudas que pudieran existir sobre una parte del sistema financiero español con lo que inversores, analistas, depositantes y clientes pueden confiar plenamente en la buena salud de nuestras entidades.

Los bancos españoles se enfrentan ahora a una nueva etapa, que no será fácil en un contexto de bajos tipos de interés y escenario económico incierto, en la que su gran reto será la recuperación de la rentabilidad.

En este escenario, los bancos españoles contribuirán a la recuperación de la economía española y a la creación de empleo del modo que les corresponde: concediendo financiación a clientes solventes en relación con proyectos viables. Incremento del crédito y crecimiento económico van de la mano: ambos procesos se retroalimentan y nos beneficiarán a todos.

Tras años muy difíciles, podemos mirar el futuro con confianza.

Autor: Francisco Uría. Socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España

Fuente: La Razón. Publicado el 9 de noviembre de 2014

Modelo y rentabilidad ante la unión bancaria

Por Carlos Trevijano
on 04. 11. 2014

Tras la crisis financiera, la sucesiva regulación ha incrementado el énfasis en la solvencia de las entidades financieras de forma notable. Concretamente, los ratios de capital de la banca europea han aumentado casi un 50% desde la quiebra de Lehman Brothers al doblarse su capital regulatorio.

Es una buena noticia tener bancos más capacitados para afrontar pérdidas sin recurrir a rescates públicos y, por tanto, bancos más sólidos. Sin embargo, tampoco conviene olvidar que, por definición, el incremento de capital, si no viene acompañado por un aumento de beneficio en la misma proporción, provoca un descenso de la rentabilidad. Los retornos de la banca europea sobre recursos propios (ROE) han disminuido a la mitad desde los niveles precrisis. Si la banca europea no mejora la rentabilidad destruirá valor, no atraerá inversores y eventualmente podría llegar a desaparecer.

Paralelamente, se produce este mes de noviembre el cambio de supervisión directa desde el Banco de España al Banco Central Europeo para la gran mayoría de entidades españolas. El Mecanismo Único de Supervisión (MUS) no se centrará únicamente en el análisis detallado de los créditos concedidos que caracterizaba al regulador nacional, sino que abarcará otros aspectos como la generación de capital por la vía del beneficio no distribuido y el análisis de la viabilidad de las entidades. El nuevo supervisor va a analizar el negocio recurrente de las entidades y la supervisión no será solo una mirada hacia atrás, hacia la cartera de créditos concedidos, sino que va a ser una mirada hacia delante incluyendo el análisis de los planes de negocio y de viabilidad futuros.

La banca europea, y en concreto la española, debe hacer frente a los retos regulatorios y de la nueva supervisión en un escenario macroeconómico desfavorable por los bajos tipos de interés y la falta de crecimiento en el crédito nuevo. ¿Qué es lo que pueden hacer los bancos para satisfacer los requerimientos de la nueva supervisión y obtener a la vez una rentabilidad adecuada? El nuevo entorno requiere un seguimiento continuo y una gestión más activa del capital, que debe dirigirse activamente hacia los negocios y segmentos de mayor rentabilidad o menor consumo del mismo.

La existencia de segmentos y negocios dentro de la cartera que destruyan valor es mucho más probable que antes de la crisis y van a ser un área de preocupación para el nuevo supervisor. Para poder asegurar que la rentabilidad media está por encima del coste de capital y eliminar las dudas que pueda tener el supervisor sobre la entidad será necesario reestructurar agresivamente los negocios y segmentos que destruyan valor o eliminarlos del balance vía venta de los mismos.

Además, los estudios que se realizan en las redes de oficinas ponen de manifiesto grandes discrepancias en el grado de optimización de precios entre las diferentes sucursales y un alto potencial de mejora interna. Para lograr una mayor generación de margen es necesario que la libertad de fijación de precios de los directores de oficina sea limitada y que la entidad cuente con técnicas sofisticadas de fijación de precios en base a la zona geográfica, competencia, tipología de sucursal, segmento, sensibilidad del cliente, historial de pagos, perfil de riesgos, tipo de operación e importe.

Al mismo tiempo, los bancos necesitan hacer lo mismo que hacían antes pero con menor coste. Para ello será necesario estudiar constantemente nuevas formas de realizar las operaciones cuestionando cualquier gasto y aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para rediseñar la forma de dar servicio a sus clientes para hacerla más eficiente.

Evidentemente el requerimiento previo para poder realizar una gestión más activa del capital, diseñar planes creíbles de viabilidad o mejorar el margen de las operaciones es contar con sistemas de información de gestión que proporcionen los indicadores relevantes. La complejidad cada vez mayor del entorno regulatorio y de supervisión exige crear nuevos indicadores con fórmulas más complejas de cálculo.

La nueva supervisión exigirá un análisis global de la viabilidad de las entidades en un contexto de mayor presión regulatoria y un entorno macroeconómico desfavorable. Para garantizar esa viabilidad será fundamental la obtención de rentabilidad y la generación de capital vía beneficios que permitan elaborar planes de viabilidad creíbles y ofrezcan confort al supervisor sobre el futuro de las mismas.

Autor: Carlos Trevijano es  socio responsable de Estrategia y Operaciones del sector Financiero de KPMG en España

Fuente: Cinco Días. Publicado el 4 de noviembre de 2014

El resultado de las pruebas bancarias en perspectiva

Por Francisco Uría
on 04. 11. 2014

El Banco Central Europeo publicó hace ya algo más de una semana los resultados de las pruebas (el ya famoso ” Comprehensive assessment“) de los bancos de la Eurozona que quedarán bajo su supervisión directa. Ese mismo día se hicieron también públicos los resultados del test de estrés coordinado por EBA.

La combinación de ambas pruebas resulta inédita y el hecho de alimentar la cocina del test de estrés con la información procedente del análisis de activos (Asset Quality Review o AQR) habrá contribuido a reforzar su solidez frente a los ejercicios realizados en años anteriores.

Los resultados son, a estas alturas, sobradamente conocidos y han evidenciado algunas cuestiones interesantes.

La primera es el éxito de la reestructuración del sector financiero español, ya que los bancos sometidos al ejercicio lo han superado en sus dos ámbitos, a excepción de una entidad que ha compensado con creces el déficit de capital que se le imputaba a 31 de diciembre de 2013, gracias a las operaciones de recapitalización ya ejecutadas durante este año.

El esfuerzo realizado por el sector financiero en estos años y, en particular, a partir del año 2012, se ha saldado con un incremento notable en provisiones y en capital con lo que su saneamiento y reestructuración, sin perjuicio de temas menores, puede darse por concluido.

Estos datos contrastan con los cosechados por otras entidades en otros países, que evidencian que todavía tienen deberes pendientes en ese doble apartado de saneamiento y recapitalización. Como nosotros hemos aprendido ya en carne propia, el retraso en acometer esos esfuerzos se hace mayor con el paso del tiempo y no siempre la evolución de los mercados y de la economía contribuye a facilitar el éxito.

Lo sucedido en España encubre, al menos, dos aspectos complementarios que deben destacarse y que explican el éxito obtenido.

El primero es la situación positiva de un cierto número de entidades, ya en el difícil año 2012, y su relevante contribución al éxito de la reestructuración del conjunto del sistema con su  saneamiento y recapitalización, utilizando sus propios medios, participando en procesos de integración de entidades dañadas, como accionistas de la SAREB, y también a través del Fondo de Garantía de Depósitos. El hecho de que esas entidades, nuestros grandes bancos entre ellas, hayan sido parte de la solución y no del problema ha sido fundamental para que las cosas terminasen como se ha evidenciado en las pruebas del BCE.

Pero el segundo ha sido el proceso de reestructuración y saneamiento de la parte más dañada del sistema y en la que, además de la contribución de los bancos que han adquirido algunas de ellas, y del excelente trabajo de las propias entidades, hay que destacar la magnífica labor del FROB y la SAREB, piezas fundamentales en nuestra nueva arquitectura de resolución bancaria que, con el apoyo esencial del Banco de España, han permitido una reestructuración incomparable por su ambición y celeridad.

En definitiva, los resultados han sido muy positivos pero no lo han sido ni por casualidad, ni por suerte ni por una acertada improvisación.

Todos los agentes en concurso, públicos y privados, han hecho lo que tenían que hacer, y lo que se esperaba de ellos, y el resultado está a la vista y debemos celebrarlo.

Sin embargo, la alegría y los festejos durarán poco porque hoy mismo, el 4 de noviembre, el sector financiero español empieza una nueva etapa en el mecanismo único de supervisión. Los grupos más importantes quedarán bajo la supervisión directa del BCE, aunque con la colaboración del Banco de España, y el resto seguirán con su supervisor tradicional, pero la supervisión, es importante entenderlo así, será única e implicará nuevas reglas y una nueva cultura supervisora que afectará a todos.

El proceso será gradual y los equipos conjuntos de supervisión irán tomando poco a poco conocimiento de las entidades supervisadas, con lo que el rol del Banco de España será fundamental en los próximos meses.

Aprobada la selectividad, los bancos españoles se enfrentan a la Universidad, y el cambio, como suele suceder, será exigente para todos. En particular, la nueva supervisión prestará mayor atención a la rentabilidad de los bancos, no sólo en el conjunto de la entidad sino en el de cada una de sus áreas de negocio. En este punto, la calidad de la información será fundamental tanto para el supervisor como para los supervisados.

Autor: Francisco Uria, Socio responsable de sector financiero de KPMG en España

Fuente: El Economista. Publicado el 4 de noviembre de 2014

Un nuevo ciclo financiero

Por John Scott
on 02. 11. 2014

El Banco Central Europeo, con la ayuda de los restantes supervisores de la zona euro y de la Autoridad Bancaria Europea (en lo relativo a los test de estrés), ha realizado un buen trabajo con el análisis de los bancos europeos desarrollado durante este año.

Desde KPMG, que hemos revisado 38 de los bancos que quedarán bajo la supervisión directa del Banco Central Europeo, sabemos que la prueba no era fácil, ni por el volumen de los bancos examinados, ni por la dimensión de los activos y carteras analizados. Sin embargo, se ha conseguido realizar un análisis exhaustivo y riguroso, con una metodología robusta y razonablemente armonizado, de modo que los resultados han sido recibidos de forma positiva por parte de los analistas internacionales.

Los datos conocidos han reforzado en transparencia y comparabilidad la situación del sector financiero europeo y ello constituye el primer paso hacia una recuperación de la confianza de los inversores internacionales.

En el caso español, la publicación de los resultados de la revisión del sector financiero mostró una radiografía muy positiva de los bancos examinados, muy reforzados tras años de esfuerzo en materia de saneamiento, restructuración y recapitalización.

A la vista de los datos, el sector financiero español se compara favorablemente con el resto de los bancos de la eurozona y evidencia el éxito diferencial de la reestructuración emprendida en 2012. El gran esfuerzo realizado ha obtenido sus frutos, resultando un sector más sólido, lo que constituye una magnífica noticia para la economía española.

Sin embargo, la alegría por los buenos resultados publicados duró poco y los mercados reaccionaron a la baja desde el propio lunes, evidenciando que los analistas y los inversores internacionales estaban viendo algo más allá de las cifras de capital regulatorio, incluso en situaciones de estrés.

Aunque nunca es fácil adivinar la razón última de los movimientos de los mercados, especialmente en un momento en el que su volatilidad ha aumentado, parte del problema puede encontrarse en el volumen de activos no rentables que aún permanecen en los balances de los bancos de la eurozona y, en general, en el efecto de un crecimiento económico débil sobre su cuenta de resultados.

Si bien los bancos españoles han realizado un gran esfuerzo de saneamiento y reestructuración, desinvirtiendo un gran volumen de las carteras y negocios menos rentables y gestionando de forma eficaz y prudente sus balances, y, además, la economía española empieza a mostrar un comportamiento más favorable que el de muchos países europeos, el problema de la baja rentabilidad es general y, de hecho, las últimas publicaciones de resultados de los bancos españoles están evidenciando esta nueva realidad, que permanecerá al menos mientras no cambien las condiciones financieras imperantes.

En definitiva, la publicación de los resultados del pasado domingo evidencia algo positivo: la conclusión de una dura etapa de reestructuración del sector financiero español, aunque esto no implique que tras ella los problemas estén totalmente resueltos.

La nueva supervisión europea prestará, sin duda, mayor atención a estas cuestiones, que obviamente afectan a la rentabilidad a medio y largo plazo de las entidades.

Al haber superado la prueba en lo relativo a los requerimientos de capital, los bancos españoles no se verán sometidos al esfuerzo adicional de la presentación y ejecución de los planes de recapitalización con lo que, en ese sentido, su situación es francamente mejor que la de los 13 bancos europeos que sí tendrán que hacerlo.

No obstante, la dimensión más cualitativa del análisis realizado (calidad del gobierno corporativo, gestión del riesgo, calidad de los datos, la revisión de los modelos, los cambios en el marco contable, la transformación del modelo de negocio y el impacto tecnológico) formará también parte de la nueva agenda de los ejecutivos bancarios y, sinceramente, tienen poco tiempo que perder. A partir del próximo 4 de noviembre, con la entrada en funcionamiento del Mecanismo Único de Supervisión, comenzará un nuevo ciclo financiero.

Autor: John Scott, Presidente de KPMG en España y de KPMG en EMA. Vicepresidente Global de KPMG.

Fuente: El Mundo. Publicado el 2 de noviembre de 2014