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Category Archives: Energía y Recursos Naturales

Energía y Recursos Naturales

Nuevos retos energéticos para la nueva legislatura

Por Carlos Solé
on 07. 12. 2015

El sector energético en general y la electricidad y el gas natural especialmente deben ocupar una posición destacada en la agenda política del nuevo Gobierno que salga de las elecciones del próximo 20 de diciembre.

Cerramos una legislatura que ha estado marcada en el ámbito energético por las medidas adoptadas para embridar el problema estructural del déficit de tarifa del sistema eléctrico y parece que el objetivo final se ha alcanzado atendiendo a los resultados de las liquidaciones económicas del sector. Según la CNMC, la liquidación final del ejercicio 2014 ha cerrado con un superávit de 550 millones de euros.

Cuestión distinta es el coste en imagen y lo tocada que haya quedada la credibilidad de nuestro sistema eléctrico para atraer futuras inversiones, porque la solución del problema se haya alcanzado sin respetar los compromisos que la regulación había contraído con los agentes que tomaron sus decisiones de inversión, para alcanzar los objetivos marcados por la política energética. Prueba de ello son los más de veinte arbitrajes internacionales a los que se enfrenta el Reino de España con motivos de las medidas que han afectado a los inversores extranjeros en instalaciones de generación con fuentes renovables.

Al margen del curso jurídico que lleven estas disputas, toca el turno de enfrentar con mayor amplitud de miras lo que se quiere para el sector energético en los próximos años. No cabe duda de que soplan nuevos vientos para la energía en general, impulsados fundamentalmente por la evolución de la tecnología.

Solamente con observar la reducción de los costes de algunas tecnologías como la solar o la eólica y los precios a los que se están cerrando compromisos de venta de energía, por debajo de 50 € MWh producido según los resultados de algunas subastas en otros países, o el impulso que están tomando tendencias rupturistas, como los sistemas de almacenamiento con baterías, a pequeña escala, o el papel cada vez más activo que está interpretando el consumidor, podemos ver que estamos ante una verdadera transformación del sector.

Están apareciendo en el tablero de juego nuevos actores y tendencias que no existían cuando iniciamos los procesos de liberalización de los sectores del gas y la electricidad a finales del siglo pasado: el ahorro y la eficiencia energética, la generación distribuida, el consumidor como centro de gravedad del sector, las redes inteligentes, etc., a los que hay que dar acomodo en la redefinición de los marcos regulatorios.

Bajo el guion tradicional de la cadena de valor del sector eléctrico o gasista, se debe revisar el marco de desarrollo del mercado en sus dos facetas mayorista y minorista y también de las actividades de redes.

En el segmento minorista los cambios deben avanzar para permitir que el consumidor sea el epicentro de la trasformación del sector y ejerza de forma creciente un papel activo en la toma de decisiones y elección de opciones. Acompañado, necesariamente, por una mejora en la definición transparente, razonable y eficiente de los costes que debe pagar tanto por la energía como por los conceptos regulados.

Por el lado de las redes y gasoductos, hay que completar la regulación para dar señales claras a las empresas inversoras en transporte y distribución de los objetivos que se reservan para ellas en esta transformación hacia un sistema de mayor eficiencia energética, menor crecimiento del consumo, pero también con necesidades de nuevas inversiones y renovaciones hacia una red más moderna a las que hay que ofrecer la garantía de recuperación de las inversiones eficientes.

En el segmento del mercado mayorista, importantes retos en el lanzamiento del mercado organizado de gas natural y en la revisión y adaptación del mercado de electricidad, que cumple sus dieciocho años, y que necesita ajustes especialmente para la integración económica de las energías renovables, la retribución de las otras tecnologías y el papel de las tecnologías de respaldo.

También el giro en la estrategia de Europa para el cumplimiento, a nivel global y no individual de los países, de sus objetivos de reducción de emisiones y participación en la cesta energética de las energías renovables y los compromisos alcanzados en la cumbre COP21 de París, sin duda van a marcar las regulaciones individuales de los países.

Será necesario hacer valer el potencial de desarrollo de las energías renovables en la península ibérica, comparado con otros países del norte de Europa, para buscar los crecimientos más eficientes para el conjunto de la Unión, lo que nos debe situar en posiciones superiores a la media.

De la misma forma, nuestro sistema gasista, gracias a las inversiones ya desarrolladas en la red de gasoductos, las conexiones con África y las plantas de regasificación que rodean la península ibérica está en una posición privilegiada para ser la entrada de gas en Europa, combustible que ha de tener un papel protagonista como tecnología de respaldo para el desarrollo de las energías renovables.

Y para ambos aspectos claves del desarrollo energético, renovables y gas natural, en una visión global de objetivos europeos, donde España está situada mejor que la media, nos volvemos a encontrar el manido tema del desarrollo necesario de las interconexiones internacionales.

En definitiva, suficientes temas tanto en el plano nacional como en la implantación de la estrategia de transformación del sector energético en el ámbito europeo, para que la nueva legislatura se inicie con una atención especial hacia el sector energético.

Autor: Carlos Solé Martín, Socio responsable de Regulación Energética en KPMG en España

Artículo publicado originalmente en El Periódico de la Energía, 7 de diciembre de 2015

 

Transformación energética y calentamiento global

Por Alberto Martín
on 30. 11. 2015

La 21ª Conferencia de las Partes (COP 21) sobre el cambio climático que se celebra en París está acompañada por una creciente y generalizada convicción de que el desafío del calentamiento global es real y de que la necesidad de actuar apremia. Los compromisos previos adquiridos por un gran número de países parecen indicar que se llegará a definir un compromiso global que supondrá un salto cualitativo con respecto al anterior protocolo de Kyoto. Aunque es probable que el acuerdo deba ser revisado en unos años para incrementar su nivel de ambición, supondrá sin duda un paso muy importante para frenar el calentamiento global.

La cuestión que se planteará tras la Conferencia será cómo conseguir alcanzar los objetivos acordados de una manera realista, que limite lo menos posible el desarrollo económico y humano del planeta. Ya no se tratará de diseñar utopías futuristas sino de avanzar hacia la descarbonización con decisión pero con pragmatismo. Y para ello va a ser clave poner en marcha una transformación profunda del sector energético, responsable de la mayor parte de las emisiones de CO2 de origen humano.

Los ejes clave de esta transformación eficiente del sector energético son conocidos, gracias al riguroso trabajo de análisis realizado en los últimos años por instituciones como la Agencia Internacional de la Energía. Éstas han definido escenarios que permiten limitar de manera económicamente eficiente las emisiones de gases de efecto invernadero hasta los límites que recomienda la comunidad científica (450 partes por millón de CO2 en la atmósfera). Los distintos estudios realizados en este sentido coinciden en las tres palancas clave a futuro: el aumento de la eficiencia energética, la electrificación de la economía y un cambio en la matriz de generación de electricidad.

La palanca más importante va a ser sin duda la de la eficiencia energética. Es bien conocido el concepto de que “la energía más barata es la que no se consume”. Según la Agencia Internacional de la Energía, para lograr frenar a un nivel sostenible las emisiones de CO2, en 2040 la humanidad debería ser capaz de consumir una cantidad de energía muy similar a la actual con 2.000 millones de habitantes más y un PIB que duplicará con creces el actual. Actuaciones como el aislamiento de edificios, el despliegue de máquinas y motores más eficientes y cambios en los hábitos de vida van a ser esenciales para lograrlo, pero para ello serán necesarios información e incentivos más claros para los consumidores de energía.

La segunda palanca es la electrificación de la economía: la electricidad es la forma más limpia de consumo final y además es la única forma de aplicar al consumo fuentes no emisoras de CO2 como las renovables o la nuclear. Aunque tecnologías como el vehículo eléctrico pueden jugar un papel relevante en este sentido, su nivel de penetración tardará probablemente varias décadas en ser el suficiente para tener un impacto relevante. Más rápido puede ser el efecto de la modernización del sector de la energía en los países emergentes, donde la electricidad no llega al 17% del consumo de energía, frente a los niveles que existen ya hoy en algunos países desarrollados donde supera el 25%.

El tercer factor clave será la transformación en la producción de electricidad, responsable del 42% de las emisiones de CO2 ligadas a la energía. Para lograr un nivel suficiente de descarbonización, será necesario potenciar las energías renovables hasta que representen al menos la mitad de la producción eléctrica del mundo, pero promoviendo las más eficientes: conviene recordar por ejemplo que la energía solar distribuida puede llegar a ser sustancialmente más cara que la fotovoltaica centralizada; algo similar sucede con la eólica offshore frente a la terrestre. La potenciación de estas energías limpias debería permitir reducir al menos a la mitad la producción actual de las centrales de carbón. Por su parte, el gas natural deberá seguir jugando un rol importante como tecnología flexible para cubrir las puntas de demanda y dar respaldo a las renovables cuando no estén disponibles. En cuanto a la nuclear, puede ser una tecnología muy relevante para proporcionar energía de base libre de CO2 mientras las renovables prosiguen su curva de aprendizaje y van reduciendo su coste.

La clave para lograr el éxito en estos tres ejes de transformación eficiente del sector energético va a estar en los mecanismos de incentivación. Éstos deben lograr que los consumidores sean proclives a invertir en la reducción de su demanda, que el consumo directo de fuentes fósiles sea menos atractivo que la electrificación y que las centrales que emiten más gases de efecto invernadero reduzcan su funcionamiento o sean reemplazadas. En este sentido, los mercados de derechos de emisión de CO2 pueden ser una de las alternativas más eficientes, siempre que en ellos se incluyan todas las fuentes principales de emisión y se eviten fenómenos de “fugas de carbono” por deslocalización de industrias hacia países más permisivos. Debe evitarse también la distorsión de estos mercados a través de subvenciones selectivas a determinadas tecnologías, como ha demostrado lo sucedido en Europa en los últimos años, donde el derrumbe del precio del CO2 ha hecho que sea a menudo más interesante producir con centrales de carbón que con otras tecnologías menos contaminantes.

Autor: Alberto Martín Rivals, socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España

Fuente: Expansión. Publicado el 28 de noviembre de 2015

Ecoeficiencia, una oportunidad para España

Por Alberto Martín
on 23. 01. 2015

El término ecoeficiencia, acuñado a principios de los años 90, se basa en la idea de producir más bienes y servicios utilizando menos recursos energéticos y materiales, logrando así menor impacto en el medio ambiente y menores costes. Va por lo tanto un paso más allá de las ideas tradicionales del ecologismo, basadas en utilizar energías y materias primas menos contaminantes, añadiendo la noción del incremento de la productividad en su uso para compatibilizar desarrollo y sostenibilidad.

Este concepto puede ser de gran utilidad para Europa en los próximos años. En un continente donde escasean tanto las fuentes autóctonas de energía como los yacimientos de materias primas, la ecoeficiencia puede ofrecer competitividad, responsabilidad ambiental y creación de empleo a través de sus palancas clave de actuación: la eficiencia energética, la reducción de residuos y el reciclaje.

La UE estima que la eficiencia energética podría suponer una reducción de costes de 1.000 euros por habitante y año en Europa, incrementando la productividad y ayudando a crear más de 2 millones de puestos de trabajo. En cuanto a la gestión de residuos, las nuevas metas en niveles de reciclaje de la Unión para 2030 pueden suponer la creación de 580.000 nuevos empleos.

En España confluyen cuatro factores que crean unas condiciones especialmente favorables al desarrollo de la ecoeficiencia y hacen de nuestro país uno de los que más oportunidades presentan en este ámbito.

Primero, la escasez de recursos autóctonos es especialmente acentuada en el caso de España, que se ve obligada a importar un porcentaje muy elevado de la energía y materiales que consume.

En segundo lugar, el potencial de mejora de emisiones vía desarrollo de las renovables ya ha sido muy aprovechado en la última década, hasta el punto de convertirnos en uno de los países europeos con mayor participación de estas tecnologías en la producción de electricidad, pero también con un mayor coste para los consumidores.

En tercer lugar, España presenta unos niveles de eficiencia en el uso de la energía y de las materias primas muy alejados de las mejores prácticas europeas. Nuestra intensidad energética era en 2012 de 136 kg equivalentes de petróleo por cada 1.000 euros de PIB, un 6% más que un país tan industrial como Alemania y más de un 35% por encima de los países más eficientes como Dinamarca o Reino Unido.

En cuanto a nuestra intensidad en el uso de materiales, las últimas cifras publicadas por la Agencia Europea de la Energía nos daban un nivel de consumo directo de 1,26 kg de materiales por euro de PIB, un 32% por encima de la media de la UE y un 70% por encima de Alemania y Reino Unido. Finalmente, las actividades relacionadas con la mejora de la eficiencia energética y el reciclaje son muy intensivas en mano de obra, factor que un país con nuestra tasa de paro puede movilizar en abundancia.

La captura del potencial de crecimiento que supone la ecoeficiencia en nuestro país va a depender de un trabajo conjunto de las administraciones públicas y del sector privado. Por una parte, queda mucho desarrollo normativo pendiente, empezando por la trasposición de la Directiva Europea de Eficiencia Energética cuyo plazo vencía en junio del año pasado y que sólo se ha realizado de manera parcial.

En materia de reciclaje, es necesaria una actuación más decidida en ámbitos donde estamos por debajo de las mejores prácticas europeas, como el reciclaje de baterías o el aprovechamiento energético de residuos. También va a ser muy relevante el uso que se dé a los nuevos mecanismos de financiación como el Fondo Nacional de Eficiencia Energética, que puede jugar un papel clave en ámbitos como la rehabilitación energética de viviendas.

Por otra parte, el sector privado está comenzando a tomar conciencia de la enorme oportunidad de negocio que puede representar la ecoeficiencia. Las compañías energéticas observan con atención la experiencia de algunas de sus homólogas europeas, que están consiguiendo la paradoja de hacer negocio con la reducción de consumo de sus clientes.

Algunos bancos han entendido ya el potencial de negocio de financiar las inversiones en eficiencia energética de las empresas o los planes de negocio de proyectos innovadores de reciclaje. Para todo ello va a ser clave la innovación en tecnología y en modelos de negocio que hagan realidad las enormes posibilidades que abre la ecoeficiencia en nuestro país.

Autor: Alberto Martín Rivals, Socio responsable de Energía de KPMG en España

Fuente: El Economista. Publicado el 20 de enero de 2015

2015, otro año clave para el sector eléctrico

Por Alberto Martín
on 12. 12. 2014

El año 2014 será recordado como clave en la historia del sector eléctrico español por la entrada en vigor de una dura reforma orientada a eliminar un déficit de tarifa que ponía en peligro la sostenibilidad del sistema. Sin embargo, 2015 no va a ser tampoco un “año de trámite” para el sector, ya que están pendientes importantes decisiones y normativas, en un año electoral y con intensa agenda internacional, en el que se reabrirá sin duda el debate sobre nuestro modelo energético.

Para empezar, es posible que el Gobierno tenga que tomar en 2015 medidas complementarias para terminar de cerrar un déficit de tarifa que se resiste a desaparecer del todo, debido a unos ingresos regulados menores de los esperado, dificultades para recuperar reliquidaciones del antiguo régimen especial e incertidumbres sobre el canon a la producción hidroeléctrica.

Para los consumidores domésticos, la novedad más destacada será la introducción de precios horarios a partir del 1 de abril para los acogidos al PVPC (precio voluntario para el pequeño consumidor) que cuenten con contador inteligente, que podrán reducir sus facturas desplazando consumos a horas de menor precio. Otra cuestión relevante para los consumidores será el Decreto sobre autoconsumo que puede ser decisivo además para el futuro próximo de las renovables (en especial la fotovoltaica).

2015 será también importante para la eficiencia energética, ya que está previsto aprobar en enero un Decreto que termine de transponer la directiva europea y permita cumplir con el objetivo del 1,5% acumulativo de ahorro anual de energía entre 2014 y 2020.

Por su parte, los distribuidores estarán atentos al desarrollo de aspectos pendientes que afectan a sus ingresos, como los estándares de costes y los factores de eficiencia.

Se deberán tomar también importantes decisiones que afectan al mix de generación. En enero vence el actual mecanismo de apoyo a las centrales de carbón nacional, mientras la Directiva de Emisiones Industriales les obliga a optar antes de octubre entre un plan de reducción de emisiones o un programa de cierre. Por otra parte, no se puede postergar la solución a los ciclos combinados que apenas producen y que soportan importantes costes fijos sin que se les autorice a cerrar o “hibernar”. Y en 2015 debería conocerse la decisión sobre la renovación de la autorización de explotación de Garoña hasta los 60 años, la primera para una nuclear española.

No deberá perderse de vista tampoco la intensa agenda internacional prevista para 2015. El año será decisivo para asegurar un mayor nivel de interconexión a través de la frontera francesa a futuro. Nuestro país deberá aprovechar el éxito logrado al incluir este tema en la agenda de energía de la UE. Deberá seguirse además el desarrollo de los códigos de red europeos, que tienen por objeto alcanzar de manera efectiva el mercado interior de la energía. Antes de concluir el año, se celebrará la Cumbre de París, hito marcado para llegar a un acuerdo global en materia de lucha contra el cambio climático, y que afectará de lleno al futuro modelo energético nacional.

Finalmente, la cuestión energética surgirá en el contexto electoral de manera ineludible. Ante la ausencia de consenso en un tema tan crucial, sería deseable que las distintas propuestas en cuestiones de energía vengan acompañadas de un análisis claro de sus implicaciones económicas, ambientales y de seguridad de suministro, asegurando un debate serio que evite repetir errores del pasado.

Autor: Alberto Martín Rivals, Socio responsable de Energía de KPMG en España

Fuente: Publicado el 11 de diciembre de 2014 en Expansión

Superar la frontera eléctrica entre España y Francia

Por Alberto Martín
on 27. 11. 2014

El Consejo Europeo celebrado los pasados 23 y 24 de octubre en Bruselas será recordado como uno de los más trascendentales para el sector de la energía en Europa, al haber fijado una serie de objetivos clave de política energética a 2030. Entre ellos se encuentran una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 40% con respecto a los valores de 1990, una penetración del 27% de renovables en consumo total de energía o una mejora de la eficiencia energética también del 27% con respecto a las previsiones de consumo energético futuro. Destaca sin embargo la inclusión explícita entre los objetivos energéticos clave de la UE del nivel de interconexión eléctrica entre países europeos. Concretamente, el Consejo Europeo decidió que “la Comisión Europea, respaldada por los Estados miembros, tomará medidas urgentes para alcanzar un objetivo mínimo del 10% de las interconexiones de electricidad existentes con carácter de urgencia y a más tardar en 2020”, ampliando esta cifra hasta el 15% en 2030. Estas metas fueron defendidas con especial vehemencia por España, con el apoyo del Portugal; cabe preguntarse el porqué de este especial interés de nuestro país en el incremento de las interconexiones eléctricas en Europa, qué beneficios concretos nos puede aportar y cómo llegar a convertirlo en una realidad, superando la frontera eléctrica que aún nos separa de Francia.

La razón por la que España se ha erigido en el gran defensor de las interconexiones es fácil de entender comparando a nivel europeo el llamado ratio de interconexión, es decir la capacidad de las líneas de transmisión transfronterizas de un país como porcentaje de su capacidad instalada de producción, y que es el que utiliza la Comisión. En el caso de España, este ratio es de sólo el 3,5%, el más bajo de toda la Unión Europea. Si lo comparamos con el objetivo adoptado por la UE de alcanzar el 10% de la potencia eléctrica instalada a 2020, vemos que España presenta el mayor déficit de infraestructura de interconexión eléctrica de toda Europa: 6,8 gigavatios adicionales a construir, seguida a distancia por Italia (4,0 gigavatios) y Reino Unido (3,6 gigavatios). La próxima entrada en funcionamiento de la nueva línea entre Santa Llogaia (España) y Baixas (Francia), de 1,4 gigavatios de capacidad, sólo permitirá cubrir una pequeña parte de este déficit.

Los beneficios de un mayor nivel de interconexión eléctrica con Europa para nuestro país son muy claros. Además de mejorar la seguridad de suministro, una mayor interconexión permitiría tanto estabilizar el precio mayorista de la energía en España (mucho más volátil que en Europa), exportando nuestros excedentes de producción (en particular renovable) en horas de baja demanda e importando energía más barata en las horas de consumo elevado y baja generación eólica. Además, la reducción del precio final de la electricidad (entre los más altos de la UE) es una prioridad para nuestros consumidores, y muy especialmente para los industriales, que a través de más interconexiones podrían acceder a una oferta de contratos de suministro a medio plazo más amplia (involucrando eventualmente a nuevos comercializadores europeos). A su vez nuestras empresas eléctricas tendrían más opciones para desarrollar su actividad comercial en Europa, darían salida a su excedente de capacidad instalada de generación e incluso podrían desarrollar en España nueva capacidad renovable destinada a la exportación, sustituyendo inversiones en países con condiciones climáticas menos favorables para estas tecnologías.

Obviamente, el incremento de nuestra interconexión eléctrica con Europa pasa por que Francia tenga una voluntad real de colaborar en hacer más permeables los Pirineos, lo que no ha venido ocurriendo hasta ahora. Las razones no son difíciles de imaginar. En primer lugar, Francia posee ya un nivel elevado de interconexión con Europa (el 12%) y disfruta de una producción estable y predecible gracias a su parque de generación nuclear. En segundo lugar, España ha ganado competitividad económica frente a Francia en los últimos años por la bajada de sus costes laborales; igualar los costes de la electricidad gracias a las interconexiones agravaría esta tendencia. Por otro lado, Francia no desea que el excedente de capacidad de generación convencional de España compita con sus centrales nucleares a la hora de suministrar a países deficitarios a futuro como Alemania. Además, ya sufre los problemas de estabilidad de red y de mercado que se producen cuando Alemania tiene una sobreproducción renovable y teme que esto se pudiera agravar con una mayor interconexión con el otro gran productor eólico en Europa que es España. Finalmente, la construcción de nuevas interconexiones con España obligaría al operador de red francés RTE  (ya altamente endeudado) a realizar importantes inversiones para reforzar su red eléctrica en el sur del país, mucho menos industrializado y con una red eléctrica más débil que el norte de España. La reacción de la opinión pública local es otro de sus motivos de preocupación en una zona especialmente sensible desde el punto de vista medioambiental como son los Pirineos.

España tendrá, por lo tanto, que apoyarse en la renovada Comisión Europea (incluido el nuevo comisario de Energía español) y en los compromisos alcanzados en el último Consejo para lograr una mayor colaboración de Francia, pero deberá adicionalmente desarrollar una labor de convencimiento frente a nuestros vecinos galos, resaltando las ventajas que también tendría para ellos una mayor interconexión con España: acceso a energía barata en horas de alta producción eólica en España, un mayor mercado para su producción nuclear en momentos de alto precio, fondos europeos para inversiones en infraestructuras en zonas económicas más débiles del sur de Francia, y en suma los beneficios de compartir una parte del “incremento de la tarta” que siempre produce el derribo de las barreras a la libre circulación de bienes, y en este caso de electrones.

Autor: Alberto Martín Rivals, Socio responsable de Energía de KPMG en España

Fuente: Publicado el 27 de noviembre de 2014 en El Economista

Los retos del sector eléctrico en el nuevo entorno

Por Alberto Martín
on 06. 10. 2014

Recientemente se celebró en Madrid una interesante jornada de reflexión, organizada por el Club Español de la Energía, en la que participaron empresas eléctricas, organizaciones de consumidores, empresas de tecnología, el operador del mercado y el operador del sistema de transporte. Lo novedoso del evento fue la convicción generalizada de que el sector eléctrico en España ha entrado en una nueva etapa y que debe abordar una serie de retos que van a ser determinantes para su futuro.

Cuatro cambios fundamentales están definiendo esta nueva etapa. En primer lugar, la reforma emprendida por el Gobierno ha supuesto un duro impacto económico para el sector, pero contribuirá a equilibrar el abultado déficit de tarifa que venía soportando en los últimos años. En segundo lugar, la demanda eléctrica está volviendo a crecer tras varios años de contracción, lo que además de reflejar la mejor marcha de la economía española puede contribuir a aliviar las cuentas del sistema eléctrico. En tercer lugar, la bajada de la prima de riesgo de España y el renovado interés de los inversores por nuestro país están facilitando la refinanciación de muchos activos eléctricos y la entrada de nuevos accionistas en los mismos. Finalmente, la Unión Europea está adoptando una nueva política energética a 2030, que añade a los objetivos medioambientales una nueva preocupación por la competitividad energética.

En este nuevo entorno, el primer gran reto del sector eléctrico será recobrar la confianza del consumidor, muy mermada por la incertidumbre generada por los continuos cambios regulatorios y la subida de los precios. Para ello deberá dar respuesta a las crecientes exigencias de los clientes, centradas en una mayor transparencia, más oportunidades para  optimizar sus consumos y una atención mejor y más personalizada. Lograrlo exigirá a los comercializadores adaptarse al nuevo esquema de lecturas y tarifas horarias, ayudando al cliente a gestionar la repercusión de unos precios mayoristas que pueden experimentar grandes variaciones. Además, deberán adoptar nuevas formas de mejorar la experiencia del cliente ya aplicadas en otras industrias y acelerar su adaptación al mundo online.

El segundo gran reto del sector va a residir en la digitalización de la red y su integración con Europa. Nuestras redes de transporte y distribución se encuentran entre las de mejores de Europa en calidad y coste, pero el nuevo esquema regulatorio les va a exigir continuar mejorando su nivel de eficiencia. Para ello deberán aplicar metodologías avanzadas de gestión de activos y aprovechar la rápida digitalización de la red (España va a ser el cuarto país europeo en dotar de contadores inteligentes a todos los clientes). Por otro lado, será clave aumentar los niveles de interconexión con Europa, que son sólo de un 4% de la potencia instalada, lejos del objetivo del 10% establecido por la UE. Esta situación es especialmente grave en un país que necesita poder exportar sus excedentes de renovables en momentos de elevada producción.

Finalmente, el sistema eléctrico español debe abordar el reto de definir y gestionar su mix de generación a medio plazo. La situación actual de exceso de potencia instalada está llevando a los generadores tradicionales a cuestionarse el futuro de sus activos. Los ciclos combinados de gas están reclamando poder hibernar las instalaciones de menor utilización, las centrales de carbón van a requerir cuantiosas inversiones para cumplir la nueva directiva de emisiones a 2020 (y en el caso del carbón nacional es necesario revisar en qué medida se pueden mantener los mecanismos de ayuda) y el debate sobre la prolongación de vida de las centrales nucleares dista de estar cerrado. Sin embargo, una combinación adecuada de estas tecnologías es necesaria tanto para asegurar el suministro como para evitar una escalada de los costes de generación. A su vez, se debe abordar qué rol deben jugar a futuro las energías renovables, que las mejoras tecnológicas e industriales pueden llevar en unos años a ser competitivas con otras tecnologías. El sistema eléctrico español requiere por tanto debatir y consensuar una planificación energética a medio plazo que asegure un suministro eléctrico fiable, competitivo y limpio, dentro de un funcionamiento competitivo del mercado.

Autor: Alberto Martín. Socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España

Fuente: El Mundo. Publicado el 4 de octubre de 2014

¿Una luz (eléctrica) al final del túnel?

Por Alberto Martín
on 26. 06. 2014

Red Eléctrica de España ha publicado recientemente el dato avanzado de evolución de la demanda eléctrica en el mes de mayo. Una vez corregidos los efectos de temperatura y calendario, la demanda peninsular creció un 1,4% respecto al mismo mes del año anterior, el primer dato positivo desde diciembre de 2013 y el segundo desde agosto de 2011. Esto confirma la tendencia de aceleración de la demanda eléctrica que se ha venido observando en los últimos meses. Se trata de un dato muy esperanzador por dos razones: primero, porque confirma la recuperación de la economía española y, segundo, porque puede suponer un cierto balón de oxígeno para un sector eléctrico.

La opción española en el problema del gas ruso

Por Alberto Martín
on 30. 04. 2014

Los actuales acontecimientos en Ucrania están poniendo de manifiesto la frágil posición de la Unión Europea en el abastecimiento de una de sus fuentes críticas de energía: el gas natural. Las poco disimuladas amenazas del Kremlin sobre el suministro de gas a Europa están llevando a los líderes europeos a plantearse la necesidad de reducir la dependencia del gas ruso.

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