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Author Archives: José Luis Blasco

El planeta primero

Por José Luis Blasco
on 14. 06. 2017

La decisión del Presidente Trump de abandonar el Acuerdo de París es una mala noticia, sin embargo, hay que decir que los Estados Unidos nunca ratificó propiamente el Acuerdo. Obama se adhirió mediante una orden ejecutiva presidencial, pero los compromisos de EE.UU. nunca llegaron a ser aprobados por el Senado.

El Acuerdo de París es un ejercicio que dista bastante de un Tratado internacional al uso. Diseñado por Laurent Fabius, es una obra maestra de la nueva diplomacia global multipolar, que incluye entre sus curiosidades, por ejemplo, que las partes se puedan comprometer a lo que deseen, y que estos compromisos puedan ser revocados hasta el momento mismo de la puesta en marcha del acuerdo en 2020.

Y podríamos pensar que con esta estructura se trata de un papel de escasa utilidad, pero no es así. Desde la firma de la primera Convención protegiendo el clima han pasado ya 25 años, y París ha significado el primer gran consenso para actuar en la misma dirección y con ambición creciente.

Mientras que la decisión del Presidente Trump crea incertidumbre sobre las actuaciones futuras del segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, la claridad en las declaraciones del presidente Xi Jinping han tranquilizado a los europeos – de la Unión -, a los británicos y a los canadienses, protagonistas todos ellos del peso del liderazgo de la diplomacia climática en los últimos años. Aunque se confía en declaraciones semejantes de los primeros ministros de India y Australia, estos países se consideran puntos débiles de la cadena de los grandes emisores y se espera con expectación su posición, que por su carácter errático, sería prudente situar a que se acabe el plazo en 2020.

Vivimos en un momento que no es fácil de entender y menos de predecir. Vemos a China defendiendo el libre comercio y los acuerdos de limitación de emisiones, mientras que el gobierno de los Estados Unidos deshace los lazos que le unen a las zonas de libre comercio, pretende levantar muros y no pagar su factura del calentamiento global.

Asistimos atónitos, un día antes del anuncio de Trump, a la Junta de accionistas de ExxonMobil en Dallas, donde Vanguard y Blackrock, inversores principales de la compañía impulsaron, con un 62,3% de voto, que la dirección de la compañía desarrolle e informe a la Junta de la estrategia para evitar los efectos de los gases de efecto invernadero. Hemos oído y leído estos días cómo prominentes compañías enviaron cartas a la Casa Blanca mostrando sus compromisos con el clima, o Estados de la Unión como California, se declaran “insumisos” ante la decisión.

Todos ellos, y en especial el sector empresarial, saben que con el cambio del clima va a haber ganadores y muchos perdedores. No por mirar a otro lado, el problema desaparece. Abandonar hoy la senda de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero o eliminar las inversiones para la adaptación adecuada no tiene sentido desde el punto de vista ético, pero tampoco desde el económico.

Actuemos o no, el cambio del clima se está produciendo y, tras París, una gran mayoría ha tomado consciencia de la responsabilidad de esta generación para evitar que tenga efectos devastadores.

Las predicciones de los escenarios climáticos de la Agencia Española de Meteorología para 2050 – dentro de 33 años – podrían ser ya de 2 grados más en verano y 1,5 en invierno. Estas cantidades que parecen aparentemente pequeñas pueden tener ya un impacto muy significativo.

Hace unos meses el Financial Stability Board, todopoderoso vigilante global de la estabilidad del sistema financiero, encargaba a Michael Bloomberg – ex alcalde de Nueva York – que pusiera en marcha un grupo de trabajo que permitiera trasladar a la contabilidad de las empresas una medición adelantada, capaz de monitorizar el riesgo para el sistema económico mundial de los cambios en el clima.

Aunque el resultado de las elecciones en Estados Unidos supusieron un jarro de agua fría en los primeros días de la última cumbre del clima en Marrakech el pasado año, el mundo se había puesto en marcha un año antes en París. Las próximas elecciones están previstas unas semanas antes del vencimiento del plazo de entrada en vigor del Acuerdo de París en 2020. Seguramente el clima y el acuerdo serán motivos para el debate durante la campaña electoral en ese país. Esperemos que esta vez el lema que gane sea “el planeta primero”.

 

 

Autor: José Luis Blasco es socio responsable de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España y responsable para Europa, Oriente Medio y África de los servicios de Sostenibilidad de KPMG

Fuente: El Economista. Publicado el 14 de junio de 2017.

Cumple o explica

Por José Luis Blasco
on 14. 08. 2016

Cuando en 2003[1] los legisladores españoles introdujeron por primera vez la obligación de realizar un informe de gobierno corporativo, seguramente pensaron que su maduración iba a ser más rápida. Sin embargo, tras más de una década, su contenido sigue teniendo una utilidad limitada.

El cumplimiento de las reglas de buen gobierno en la UE, a diferencia de los Estados Unidos, se rigen mediante el denominado principio de “cumplir o explicar”.

Introducido en 1999 por Sir Adrian Cadbury en el primer código de buen gobierno británico, impulsa mejoras sin tener que prescribir el cumplimiento de una práctica determinada en materia tan diversa como la organización empresarial. Una figura del “derecho indicativo” raramente utilizada en otros ámbitos normativos y que permite que una determinada recomendación no se aplique, si se argumenta.

Adecuadamente utilizado, el principio de cumplir o explicar facilita el acomodo de formas de gobierno diversas al mismo tiempo que se respetan los valores que se pretenden. Sin embargo utilizado con un propósito de cumplimiento administrativo, tiene escaso interés desde el punto de vista de rendición de cuentas y nulo si se pretende aportar información al inversor para tomar decisiones.

Este es el caso, salvo excepciones, de los informes de gobierno corporativo que con carácter obligado se registran en la CNMV. Un requerimiento, que por otra parte solo es mandatorio en media docena de países de la UE[2].  Su encorsetada estructura dice poco del verdadero funcionamiento del gobierno de las compañías y lejos de considerarse un instrumento de rendición de cuentas, muchas voces apuntan a que nos encontramos ante un limitante principal para la aplicación efectiva de los principios de Código de Buen Gobierno.

Quizás el ejemplo más evidente de esta práctica inadecuada en la que se han caído nuestros anestesiados informes, se observa en el apartado relativo a la gestión de los riesgos de negocio.

La decisión del Reino Unido de abandonar la UE costó a las empresas españolas 65.000 millones de Euros de su cotización en las dos sesiones posteriores. Aunque la celebración del referéndum se había aprobado un año antes, ninguna de las compañías del IBEX incluyó esta circunstancia como parte de los riesgos principales que debían ser indicados en el apartado E de su informe anual de gobierno corporativo.

La información sobre el funcionamiento de los órganos de gobierno es una parte principal de la construcción de relaciones de confianza con los inversores. La salud del gobierno de las compañías es la información de mayor calidad de que disponen los inversores para ver más allá de los estados financieros.

Las compañías que llevan las luces cortas emiten señales muy claras para los inversores de corto plazo. Las distinguen fácilmente porque emplean sus esfuerzos principales en explicar cómo van a pagar la gasolina del coche este año en lugar de convencer sobre las ventajas de la dirección a la que se dirige o la forma en la que se toman decisiones.

La buena gobernanza es la primera oportunidad real de crear valor de largo plazo que tienen los Consejeros, además de una obligación de lealtad que va implícita en sus responsabilidades. Defender el buen funcionamiento comienza con la calidad del trabajo de sus miembros, el buen funcionamiento de las reuniones y pero también con la transparencia. Una conversación abierta y honesta sobre la forma en la que se toman las decisiones, los objetivos, el desempeño y cómo este es remunerado.

En el último mes la CNMV ha publicado una interesante guía que trata de impulsar mejoras en este sentido. Derivada de las recomendaciones de la Comisión Europea desea mejorar la aplicación del principio cumplir o explicar en los actuales informes de gobierno corporativo. Trata de evitar el uso perverso que premiaba al que se declaraba cumplidor no teniendo que ofrecer explicación alguna, independientemente de lo indulgente que fuera consigo mismo al juzgar su cumplimiento.

Esperemos que no llegue demasiado tarde ya que, según datos de la CNMV, tan solo un año después de su publicación, el 82% de las compañías cotizadas se han declarado ya fervientes cumplidoras del nuevo código de buen gobierno.

 

[1] Ley 26/2003 de 17 de julio

[2] Estonia, Hungría, Italia, Lituania, Portugal, Eslovaquia y España.

 

Autor: Jose Luis Blasco  es socio responsable de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España

Fuente: El País Negocios.  Publicado el 14 de agosto de 2016

¿Quién lee los informes anuales de las compañías?

Por José Luis Blasco
on 19. 05. 2016

Tras la celebración de la Junta General de Accionistas de una gran empresa no es extraño encontrárselos apilados en el fondo de la sala o en las papeleras. Piezas de literatura corporativa que acompañan a los prescriptivos informes de cuentas y que no despiertan el suficiente interés para aquellos para los que fueron preparados con gran trabajo.

En la economía de lo intangible, saber explicarse adecuadamente es parte del valor. Ser entendida y apreciada aporta a las organizaciones un punto de diferencial en el mercado. Los gestores inteligentes lo saben y los inversores también.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, las empresas no tienen muchas ocasiones en las que puedan contar su historia. Aunque como dice Buffett, “no trabajes o inviertas en compañías que no entiendes”, si encuentran el espacio, este se dedica prioritariamente a los productos o servicios, los resultados o una determinada operación, pero les resulta más difícil poder captar la atención o vencer la resistencia de explicar su modelo o visión de negocio.

La importancia de la elaboración de un relato de compañía se acentúa desde finales de los años ochenta, cuando el valor de las organizaciones comenzó a desacoplarse de su valor contable. Esto que sucedía anteriormente en casos muy determinados, se ha generalizado en la medida que lo ha hecho el acceso a la tecnología y al capital, y las capacidades competitivas diferenciales se encuentran hoy más en la capacidad de crear expectativas, de gozar de la admiración y de confianza en el proyecto.

Los informes anuales están evolucionando de la misma forma en que lo hacen sus audiencias. Lo que eran los clásicos, en demasiadas ocasiones un aburrido catálogo de actividades del año pasado actualizado rutinariamente, se están transformando en nuevos formatos y en un estupenda ocasión para explicar el modo en el que las compañías crean y distribuyen valor con su actividad.

En este contexto de evolución del reporting corporativo asistimos a la generalización en la elaboración de informes de responsabilidad corporativa y el incipiente pero sólido desarrollo de informes integrados. Valga el ejemplo del ejercicio pasado, donde el 84% de las 100 mayores compañías en España elaboró este tipo de informes. Un porcentaje que no ha dejado de crecer durante los últimos años, incluso pese a la crisis.

Las organizaciones han aprendido que hay grupos de interés –o quizás deberíamos decir copropietarios del valor– para los que las variables financieras sin contexto social importan más bien poco. Incluso para algunos solo importa este último cuando hablan de crear valor.

Hablamos principalmente de las personas a las que las compañías dicen servir, pero también a los que invierten en ellas con una visión a largo plazo. Para estos es relevante la forma en la que las organizaciones escuchan y responden a las expectativas de aquellos cuya opinión cuenta. Un factor diferencial que debe ser acreditado con voluntad genuina y la realidad de los hechos.

 

GRI 2016

 

Esta semana tiene lugar en Ámsterdam la Conferencia bienal de Global Reporting Initiative. Una organización que ha tratado de ayudar a las compañías en este viaje desde finales de los noventa. Principios e indicadores que hoy podríamos decir se han convertido en el estándar de referencia para esa importante minoría de organizaciones que han elegido informar sobre cómo su actividad contribuye –o no– a la prosperidad, además de al crecimiento de un país.

Un enfoque que ha tenido un gran éxito pese a su complejidad y voluntariedad, pero que ha sentado las bases para que el reporting no financiero comience a formar parte de las obligaciones de transparencia en numerosas jurisdicciones, incluida la europea a partir del año que viene.

Aunque podríamos considerarlo como una ciencia en desarrollo, elaborados y utilizados adecuadamente, este tipo de informes anuncian seguramente el reporting corporativo del futuro. Una oportunidad para mantener conversaciones, dentro y fuera de las compañías, sobre el qué y el cómo, pero sobre todo acerca del por qué las organizaciones existen y toman las decisiones que toman. Una pregunta que muy pocas compañías saben o quieren responder y quizá por ello tampoco les sorprende que las personas lean tan poco sus informes.

Fuente: Cinco Días. Publicado el 19 de mayo de 2016

 

La máquina de la confianza

Por José Luis Blasco
on 01. 04. 2016

Disponer de una alternativa a los servicios centralizados es desde luego una oportunidad de acceso a nuevos intervinientes en el mercado. Nuevos modelos de negocios desarrollados por personas inteligentes y honradas que confían en otras personas a las que no conocen y que presuponen igualmente inteligentes y honradas. Casos como el de Airbnb o Uber son ejemplos en los que la economía colaborativa ha dado importantes pasos. Realidades hoy que han abierto un camino que seguirá sin duda desarrollándose a costa de disminuir los costes de transacción en el momento en el que usuarios deciden confiar unos en otros.

Este es el caso de los enigmáticos ciudadanos que se esconden tras el nombre de Satoshi Nakamoto. Hoy más conocidos como los inventores de la primera criptomoneda realmente global – bitcoin – pero que en el futuro lo serán seguramente por el subyacente que lo mueve – el protocolo blockchain.

Esta máquina de la confianza, como fue titulada por The Economist, resuelve de forma sencilla problemas principales en la era digital como son la identidad o la integridad, pero fundamentalmente transformará en el futuro a caros sistemas centralizados con supervisión del cumplimiento por ligeros sistemas descentralizados capaces además de ofrecer una mayor seguridad.

Cómo funciona blockchain

El protocolo blockchain transformará sin duda la forma en la que hemos estado haciendo cumplimiento y responsabilidad empresarial hasta la fecha. Una evolución de aplicación inmediata ahora para reglas sencillas, en el futuro para cualquiera que pueda ser parametrizable en un algoritmo. Para entender cómo funciona pongamos un ejemplo:

Tenemos un grupo de 10 personas. Cada una de ellas dice tener un color favorito. Divididos en parejas, los dos integrantes de la pareja informan al otro su color escogido. En el momento que se produce la comunicación – transacción – se produce un bloque que queda almacenado en todos los integrantes del grupo. La información de la otra parte de la pareja produciría un segundo bloque y de la misma manera las otras “transacciones” producidas en el intercambio de información de las 4 parejas restantes, creando una cadena de 10 bloques. Al final de esta primera ronda, todos los integrantes tendrían 10 bloques con la misma información.

Ahora el grupo se mezcla y se crean nuevas parejas. Cuando el integrante de una pareja informa de su color favorito se vuelve a producir un nuevo bloque. Pero para que se pueda añadir un nuevo bloque, éste debe ser coherente con la respuesta anterior dada – algoritmo –que el resto de integrantes del grupo posee. Si no fuera así no se llevaría a cabo la transacción.

No habría por tanto capacidad de “cambiar de color favorito” sin el consenso de todos los integrantes grupo ya que son estos los que en definitiva certifican la transacción añadiendo a su vez un bloque nuevo a su cadena. Cada vez que se une un nuevo integrante, cuando se realiza una nueva transacción, el sistema se hace más fuerte y menos vulnerable. Si alguien quisiera manipular la cadena sería necesario hacerlo en todos los equipos de todos los integrantes del grupo al mismo tiempo. Piense en que en un sistema centralizado hay solo uno y que el cumplimiento de las reglas se hace necesario realizarlas por muestreo.

Una aplicación en los contratos inteligentes

La cadena de bloques no precisa de auditores, ni certificadores. No hay organismos centrales, solo pares que acuerdan transacciones. Un sistema basado en la confianza que está revolucionando ya el sistema financiero, y todos los demás muy pronto especialmente si pensamos que en 2017 habrá más de 25 billones de dispositivos conectados a Internet susceptibles de formalizar este tipo de contratos inteligentes entre sí.

La aplicaciones de los “Smart contracts” en el ámbito empresarial son muy amplias. Se almacenan reglas, automáticamente verifica los términos y ejecuta las condiciones. Ofrecen una solución sencilla a dos grandes reto: la identificación y la coherencia. Idóneos para poder ser aplicados internacionalmente ya que no están sujeto a la ley de diferentes jurisdicciones. Sus reglas son transparentes y se ejecutan automáticamente.

Veremos aplicaciones en el campo del cumplimiento muy pronto. Como dice Nassim Taleb, todas las soluciones organizativas que se alimentan de la entropía para ser más robustas tendrán más futuro. Esta sin duda lo es. Un sistema de cumplimiento en el que solo hace falta un ingrediente imprescindible para poder participar: Querer cumplir.

Desde la Cumbre de París #COP21: Antes de cada momento histórico, hubo un día anterior

Por José Luis Blasco
on 10. 12. 2015

Laurent Fabius, sus catorce facilitadores – las delegaciones y los Ministros- trabajan contrarreloj para llegar a un acuerdo que parece estar, cada día de esta última semana, más cerca. Aunque como no se cansan de repetir “nada está acordado hasta que todo está acordado”.

El borrador de ayer miércoles tiene ya 29 páginas – veinte menos que el anterior – y define las opciones que hay sobre la mesa. Un ser o no ser de un párrafo de longitud.

Las decisiones principales pendientes en el texto, son a mi juicio en este momento:

  • Fijar un objetivo cuantitativo o cualitativo retador a largo plazo. La propuesta del texto contempla una, sin duda, ambiciosa reducción de emisiones entre el 70 y el 90%, para el año 2050 sobre la base de las emisiones globales del año 2010.
  • Están debatiendo el siempre controvertido mecanismo de mitigación a corto plazo. De un lado se encuentran los que abogan todavía por fijar objetivo de reducción homogéneo y vinculante para los países desarrollados – que no se indica – o un marco en el que los países – independientemente si son desarrollados o no – se comprometan enviando los suyos antes de 2020. Creo que esta segunda opción tiene más posibilidades, aunque posteriormente el problema se encuentre en la homogeneidad de estos compromisos por país – como explique en un post pasado.
  • Realizar una revisión cada 5 años que permita acercarse de forma realista al objetivo de largo plazo. Sobre esto parece que hay acuerdo, sin embargo está en discusión la forma en la que los países deben hacer progresar sus compromisos después de 2020.
  • Un sistema de monitorización único para todos o reforzado, en el caso de algunos países con grandes volúmenes de emisión y sin tradición de transparencia. Estará sin duda ligado a las metodologías del IPCC, pero queda por decidir el cómo.

Las diferentes opciones están todavía abiertas en este momento. Para algunos de los puntos anteriores hay hasta cuatro alternativas diferentes. Intensos días de negociación, sin duda, que parece vivirse con mas convicción que nunca sobre la posibilidad real de llegar a un acuerdo avanzado y vinculante.

Seguramente nos quedan 48h -o más ya que estas reuniones suelen alargarse durante el fin de semana – envenenados por la jerga y el buen ritmo de las negociaciones que ha impuesto Fabius, pero sobretodo con el cosquilleo de estar, a lo mejor, viviendo ese día de antes.

Desde la Cumbre de Paris #COP21. Un acuerdo que se encuentra hoy un poco más cerca

Por José Luis Blasco
on 08. 12. 2015

Un aspecto que olvidamos, inmersos en la vorágine “climatocontagiosa” de las Cumbres, es que los aquí reunidos no tratan solo de dilucidar si son suficientes o no las medidas a tomar para frenar el calentamiento global. Además, tienen que responder a un proceso formal de negociaciones diplomáticas con su dinámica y liturgia particulares.

Se dice que la primera vez en la que la agenda climática necesitó seriamente de la atención de los diplomáticos, fue durante la primera crisis del gas en Europa. La dependencia energética europea asustó a los gobiernos, uniendo la agenda climática y la energética para no volverse a separar.

De la misma forma que hoy no es posible negociar asuntos de energía sin pensar en sus consecuencias climáticas – y viceversa – tampoco lo es ignorar el papel que juega el contexto político de los países sentados en la mesa de negociaciones aquí en París.

Así puede resultar curioso que en los compromisos de reducción que han remitido ya 158 países a Naciones Unidas, nos encontremos con alusiones a la península de Crimea o alegatos en contra de la economía de mercado.

Si tiene la curiosidad de conocer las cartas de compromiso de reducción de emisiones que los diferentes países están enviando – INDCs en la jerga climática – la UNFCCC permite la consulta de los originales.

Pero sería injusto decir que en París las delegaciones presentes no estén interesadas en llegar a un acuerdo. En cada declaración de los representantes de las delegaciones se puede observar el sentimiento común de estar viviendo una circunstancia histórica de cuyo resultado son responsables. Como también lo son las evidentes diferencias sobre las características que debe tener el futuro acuerdo para que de un lado se pueda hacer realidad el objetivo de no aumentar la temperatura global de 2ºC y de otro sea aceptable posteriormente por parlamentos nacionales dominados por agendas domésticas.

El ya denominado “Acuerdo de París” que se prepara tendrá, con cada vez más seguridad, un aspecto de acuerdo internacional legalmente vinculante con un objetivo común y responsabilidades diferenciadas. Es decir, un marco en el que los países de forma unilateral tendrán que volver a remitir antes de una fecha sus compromisos de reducción para el periodo 2020-2030 aprobados por sus Parlamentos nacionales– esperemos que con un formato más homogéneo –. Una fórmula que parece, a la luz de las declaraciones de estos días, aceptable para los negociadores norteamericanos. Pero estos saben mejor que nadie, que cualquier acuerdo al que se llegue en Paris encontrará la fuerte oposición de un Congreso de clara mayoría republicana.

En la vanguardia podemos encontrar al equipo de la UE tratando de impulsar una revisión cada cinco años de los compromisos nacionales que acelere el acercamiento al objetivo de los 2ºC, así como el poder contar con un sistema de monitorización del cumplimiento único, independiente y transparente.

Formando parte esta pieza de la negociación se encuentra también la determinación de la presidencia de la COP de fijar un ambicioso y claro objetivo de largo plazo para las siguientes negociaciones. Este podría llegar a ser una declaración política sobre eliminación completa de las emisiones fósiles al final del siglo, con una meta intermedia de reducción de entre 70-80% en el año 2050.

Para impulsar esta y las otras tres piezas clave del acuerdo – las acciones previas a 2020, la financiación y aspectos de la articulación del acuerdo – la diplomacia francesa se está empleando a fondo. El Presidente de la COP y Ministro de Exteriores Laurent Fabius, ha designado 14 facilitadores de diferentes países que tratarán de desatascar estos días las dificultades que pudieran surgir para llegar a un acuerdo al final de la semana.

En los pasillos hoy de la Cumbre hay optimismo. Un sentimiento de estar por el camino correcto, pese a los importantes asuntos que quedan por resolver. Pero como les gusta decir a los diplomáticos por aquí, nada está acordado hasta que finalmente todo está acordado.

Desde la cumbre de París #COP21. El compromiso de las empresas

Por José Luis Blasco
on 07. 12. 2015

Pese a que algunos podamos echar un poco de menos la sobriedad y el foco con la que trabajaba en el pasado, siempre que asisto a los eventos del WBCSD tengo la sensación de encontrarme ante el grupo más selecto de personas dedicadas a promover el desarrollo sostenible desde el mundo de los negocios. Fundado por Maurice Strong y Stephan Shmidheiny tras la histórica Cumbre de Rio en 1991, el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible – WBCSD – agrupa hoy a casi dos centenares de las empresas más relevantes del mundo y ejerce una influencia capital en el diseño de la agenda sostenible de los negocios.

Este año, como no podía ser de otra forma, la reunión anual del Consejo está teniendo lugar al mismo tiempo que la COP21 aquí en Paris, y la agenda climática se encuentra en el centro de las intervenciones y los debates.

A muchas personas les ha sorprendido el interés y el compromiso que las compañías de todo el mundo han demostrado antes y durante la Cumbre de Paris. Más de 500 compañías han publicado estos días compromisos de reducción de emisiones, en un volumen nunca antes visto, adelantándose y yendo más allá de los que se espera estos días de los gobiernos.

Independientemente de la ambición de los objetivos que se acuerden en la COP, la senda de reducción de emisiones emprendida en todo el mundo – pero especialmente en Europa – prevé la sustitución de los combustibles fósiles a lo largo del siglo. Esta circunstancia supondrá una transformación e inversión equiparable a la que ha supuesto la digitalización en los últimos años. Un ejemplo para quien le esté resultando insuficiente el compromiso de los países: la promesa de reducción de emisiones que ha realizado del gobierno chino movilizará más recursos que el Plan Marshall que reconstruyó Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante las próximas dos décadas, sectores como el energético o el transporte deberán adaptarse a la transición que supondrá este “new normal “. El mix energético global perderá emisiones de forma rápida a medida que las centrales – primero de carbón y después de fuel- vayan desapareciendo progresivamente en todo el mundo y las energías renovables se conviertan en la opción más eficiente.

Según la Agencia Internacional de la Energía esta circunstancia sucederá más rápido de lo que imaginamos. Su último informe muestra que en 2020, un cuarto de la producción global de energía procederá ya de fuentes de energía renovables y serán el primer destino de la inversión global del sector energético.

No debemos olvidar que habrá también otros sectores que sufrirán en las próximas décadas una transformación igualmente relevante, pero no por sus emisiones contribuyentes al calentamiento global, si no por el calentamiento global en sí mismo.

El turismo, la agricultura o el sector asegurador se deberán adaptar a lo largo del siglo a nuevas condiciones climáticas. La agencia europea de medio ambiente calcula que el incremento de 2ºC la temperatura media trasladaría la latitud climática en Europa unos 500 km al Sur. Imagínense el impacto por ejemplo en las características organolépticas de los productos con denominación de origen en España o los cambios en la pluviometría de las zonas turísticas.

Seguramente la profusión de evidencias científicas en estos años ha dado lugar al sentimiento de mayor urgencia que se vive estos días en Paris. Para poder activar inversiones es necesario poder contar con un marco estable a medio y largo plazo. Un entorno capaz de crear la confianza necesaria para movilizar la cantidad de recursos que son necesarios para la transformación que se precisa. Esto es lo principal que están pidiendo estas casi 200 compañías aquí en Paris en el foro del WBCSD.

Por lo que se escucha estos días parece que se han cansado de esperar a que los gobiernos se pongan de acuerdo y están tomando la iniciativa.

Artículo publicado originalmente en Corresponsables el 7 de diciembre de 2015

La relevancia del debate sobre clima de este año

Por José Luis Blasco
on 03. 12. 2015

Año tras año, desde hace más de veinte la Organización de las Naciones Unidas persigue lograr un acuerdo global para la reducción de emisiones que producen el calentamiento global. Sin embargo todo apunta a que este año las posibilidades son mayores en la Conferencia Internacional que está teniendo lugar en Paris.

Esta nueva situación viene impulsada por un cambio significativo en el contexto. Por un lado, el anuncio de compromisos de reducción por parte de los dos mayores emisores mundiales de gases de efecto invernadero – Estados Unidos y China – que hasta la fecha se negaban a asumir compromisos. Y, al mismo tiempo, la reducción del coste de las tecnologías más bajas en carbono incluyendo el aumento de proyectos con energías renovables, el interés de los inversores en ellos y la aparición de nuevos instrumentos como los bonos verdes, el desarrollo de compañías yield  y el micromecenazgo (crowdfunding).

La fórmula para llegar al acuerdo vinculante global tendrá una diferencia significativa con el anterior Protocolo de Kyoto de 1997. En este caso, durante las semanas anteriores a la Conferencia, los países realizarán sus compromisos de reducción de emisiones que se convertirán en vinculantes en virtud del Derecho internacional. Por tanto, deberán transponerse al Derecho nacional a través de medidas concretas que los hagan posible. Entre ellas se desarrollarán nuevos sistemas de comercio de derechos de emisión, impuestos sobre el carbono y requisitos en cuanto al desarrollo de energías renovables y eficiencia energética.

Por sí solas, estas promesas no bastarán para mantener el incremento global medio de las temperaturas por debajo de 2ºC, límite que la mayoría de los científicos especialistas en el clima afirma que se debe cumplir para evitar consecuencias posiblemente catastróficas. Pero si se alcanza un acuerdo en París, éste servirá como base para aspirar a medidas más ambiciosas en el futuro.

Por primera vez parece existir el consenso suficiente para que los gobiernos, pero también las empresas y la sociedad civil, encuentren un marco estable que permita desvincular las emisiones de CO2 del crecimiento económico, y así favorecer la transición hacia una economía baja en carbono.

Para acelerar este proceso es necesario dirigir la financiación privada a inversiones dónde el volumen de emisiones sea un factor de decisión. Incentivos capaces de producir señales de precio que pongan a trabajar al mercado a favor de este cambio cada vez más urgente.

Entre estas medidas destaca por su sencillez, el establecimiento de un precio global para el carbono. Diseñada por el Banco Mundial y apoyada por un número significativo de gobiernos y empresas de todo el mundo, esta iniciativa –Carbon Price Communiqué– busca el desarrollo de un sistema claro, transparente y fiable de precio de la tonelada de CO2 que sirva de vehículo para que aquellos productos y servicios que más contribuyen al calentamiento global, lo hagan también económicamente a su mitigación, así como a la adaptación de las zonas del planeta más vulnerables a los cambios debidos al clima.

En cualquier caso, es improbable que un acuerdo global sobre clima sea suficiente para evitar efectos graves derivados del cambio climático. Gobiernos y compañías en todo el mundo siguen preparándose para los impactos que se esperan en las próximas décadas especialmente en países meridionales como el nuestro. Sectores emblema como el agroalimentario o el turismo, básicos como la producción de energía o de gestión de infraestructuras, tendrán que aprender a desarrollarse en un clima diferente. Y es que la Agencia Europea de Medio Ambiente prevé que a mediados de siglo nuestro clima se asemeje más al que se encuentra en la actualidad entre 500 y 1000 km más al Sur.

Como seguramente diría Winston Churchill, ante la Conferencia de París, hay que ser optimista, no parece muy útil ser otra cosa

Artículo publicado originalmente en Cinco Días el 2 de diciembre de 2015

¿Dónde estaba el auditor interno?

Por José Luis Blasco
on 26. 11. 2015

Invertir en compañías que no cuenten con una función de auditoría interna bien establecida es un riesgo. Esta posición, que apareció en las compañías españolas a finales de los setenta, tiene un papel clave en la prevención de potenciales irregularidades de los gestores, la preservación de los intereses de los accionistas minoritarios o el cumplimiento para los reguladores.

Recientemente hemos visto demasiados ejemplos de las consecuencias que conlleva una cultura corporativa tóxica, no solo para el accionista, sino también para los empleados, los proveedores o incluso para la totalidad de un negocio. Los consejeros y los inversores saben que no pueden permitirse el lujo de depender de un solo punto de vista para evaluar la forma en la que se están gestionando los riesgos o diseñando e implantando los controles en sus empresas.

Hay que reconocer que la falta de una función de auditoría interna no condena a una organización o sugiere mala práctica de su liderazgo. Del mismo modo, su presencia no garantiza el éxito. Sin embargo, el compromiso con el buen gobierno de una organización quedará incompleto sin la existencia de la función independiente y cualificada que ofrece la supervisión de auditoría interna.

En nuestro país, el desarrollo de esta función ha sido desigual. Mientras que su madurez en el sector financiero podríamos calificarla como business as usual, en otros sectores relevantes para nuestra economía, como son las infraestructuras o la distribución, existen importantes áreas de mejora.

La primera y principal se encuentra en dotar a las direcciones de auditoría interna de suficiente autonomía e independencia. Característica de sentido común para el buen desarrollo de la función, pero que en numerosas ocasiones se ve amenazada por la injerencia de los ejecutivos en los trabajos de revisión, la dependencia funcional inadecuada o un sistema de incentivos perverso.

Una de las limitaciones más elocuentes a la independencia de los departamentos de auditoría interna es la disponibilidad adecuada de recursos. Una compañía del IBEX debería contar con un departamento -según el último estudio que realiza el instituto global de auditores internos- de al menos 12 profesionales, sin embargo las empresas del selectivo que cuentan con equipos de este tamaño no llegan a un tercio.

Y podríamos decir que en la mayor parte de los casos de esta élite de compañías españolas -exceptuando el sector financiero- todos los miembros de sus direcciones de auditoría interna cabrían en un taxi.

Dotar a los auditores internos de suficientes recursos, adecuada ubicación funcional, acceso a la formación, salarios competitivos, carreras profesionales prometedoras y medios para desarrollar su función, está siendo un buen indicador para un número creciente de reguladores e inversores sobre el compromiso del consejo de administración con la preservación del valor a largo plazo.

De la misma forma que a muchas compañías les falta convicción, en otros casos el limitante se encuentra en los propios equipos de auditoría interna. El enfoque tradicional hacia la información financiera -muchos de ellos ocupados casi exclusivamente en garantizar informes de auditoría limpios – permite vivir a estas funciones en una cómoda zona confort de escaso valor y de la que se resisten a salir.

Las amenazas a la seguridad de la información, el trabajo en jurisdicciones internacionales, con configuraciones empresariales cada vez más abiertas y complejas, y en ambientes de creciente presión regulatoria requieren de profesionales altamente cualificados y versátiles, con un conocimiento experto del negocio y de los riesgos de entorno a los que se enfrentan. Personas con competencias técnicas y funcionales, especialmente dotadas para la gestión e impulso de cambios, que la mayor parte de las veces, trascienden los procesos y requieren de la transformación de la cultura de las empresas.

En un momento en el que es difícil encontrar ventajas competitivas en la tecnología o el acceso a capital, el carácter distintivo se encuentra en el logro de la confianza de los clientes y del mercado. Una cultura empresarial basada en valores y cumplimiento es una de las pocas recetas del éxito que quedan hoy a las organizaciones.

La salud de las direcciones de auditoría interna puede resultar un buen indicador del compromiso de la compañía con las buenas prácticas. En este camino son necesarios a partes iguales, el impulso genuino de los órganos de gobierno de las compañías y las competencias adecuadas en las funciones de supervisión para lograrlo. Seguramente por ello para encontrar mejores respuestas a cada crisis de confianza empresarial que nos acontece merece la pena preguntarse ¿dónde estaba el auditor interno?

Autor: José Luis Blasco, socio responsable de GobiernoRiesgo y Cumplimiento en España de KPMG en España

Post publicado originalmente en El Mundo, el 25 de noviembre de 2015

 

Cinco ideas para impulsar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas

Por José Luis Blasco
on 19. 10. 2015

Gracias a la reciente aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas tenemos el marco, los principios y los objetivos a lograr. Ahora es el momento de crear los incentivos para hacerlos realidad. Vectores, gradientes, esas diferencias de potencial que provocan el movimiento en la naturaleza y en la vida. Aquí cinco ideas:

  • Un precio para el carbono: 5 dólares por tonelada de CO2 – La internalización de los costes del cambio climático mediante un precio fijo global para el carbono sería una palanca clave para acelerar el proceso de mitigación y adaptación. Cinco dólares es la cantidad resultante de dividir el PIB global por las emisiones antropogénicas anuales.
  • Una métrica más allá del PIB – Desarrollar y generalizar una nueva medida del éxito de las naciones que incluya el capital natural y el desarrollo humano de las sociedades. Los ODS pueden servirnos para avanzar.
  • Personas jurídicas ante el tribunal de derechos humanos – Ampliar las capacidades del Tribunal Internacional de Derechos Humanos a los hechos realizados por compañías reforzaría su responsabilidad en la protección de los derechos en todo el mundo.
  • Desarrollar los acuerdos internacionales de comercio – La eliminación de las barreras al comercio se ha mostrado durante las últimas décadas como un catalizador para el bienestar local y para el desarrollo democrático de las sociedades.
  • Generalizar el reporting de información no financiera para las compañías en todo el mundo – Disponer de un cuadro de indicadores global común para las empresas que permita alienar la acción de las empresas con los ODS.

Tenemos quince años para lograrlo, seguramente veremos muchas de estas grandes reformas estructurales mucho antes.

Madrid, epicentro del debate sobre gobierno corporativo

Por José Luis Blasco
on 03. 03. 2015

La publicación del nuevo código de buen gobierno de las sociedades cotizadas ha traído a Madrid el Congreso de International Corporate Governance Network (ICGN), la organización líder en materia de gobierno corporativo en el mundo.

Con la alargada sombra de la crisis financiera a las espaldas,  los nuevos principios de gobierno corporativo de ICGN de 2014 y el recién estrenado nuevo código español sobrevolando en los salones del Casino de Madrid ha tenido lugar – por primera vez en España – una de las reuniones principales que se celebran en el mundo sobre gobierno corporativo.

Dice Taleb que nunca en la historia un grupo tan pequeño de personas ha tenido tanto poder, corriendo tan pocos riesgos. Es quizá por ello que el gobierno de las empresas se encuentra en las agendas de los reguladores y de los inversores –mayoritarios en la sala y en los paneles-.

Con este espíritu crítico y vocación de servicio al fortalecimiento de la economía de mercado, comenzó la parte protocolaria, en la que destaca la intervención de Elvira Rodriguez en la que anunció dos nuevas circulares de aparición próxima. Una correspondiente a los contenidos mínimos que deben tener las páginas web de las compañías cotizadas y otra que definirá de forma más concreta la aplicación de los principios de cumple o explica que deben aplicarse a la hora de informar sobre el seguimiento del nuevo código y que formará parte de los informes de gobierno corporativo que se publiquen en 2016 correspondientes a este ejercicio.

Un buen código con aspectos a desarrollar

La primera mesa tenía como propósito explicar las reformas propuestas por el nuevo código por parte de dos de los ponentes en el grupo de trabajo de la CNMV. Sin embargo, la presencia de Amra Balic, directora ejecutiva de gobierno corporativo de BlackRock, puso un interesante contrapunto en el debate moderado por Fabio Pascua, de CNMV.

Balic, tras elogiar la recomendación de aumentar el número de independientes hasta el 50%, invitó al regulador a avanzar en la promoción de mecanismos de interacción entre los miembros del consejo y los inversores, así como a que los consejeros en su totalidad fueran elegidos o refrendados de forma individual por parte de la Junta General.

Refuerzo del papel activo de los inversores

Como es bien conocido, el ICG está impulsando la adopción de principios que los inversores deben hacer públicos acerca de sus prácticas en cuanto al diálogo con los órganos de dirección y posiciones de voto en determinadas cuestiones.

Durante el panel se puso de manifiesto el creciente interés de los inversores en la vigilancia de determinadas prácticas relativas al control interno – especialmente en cuanto a fraude y corrupción – así como el perfil y conocimiento de los miembros del Consejo o los planes de sucesión del presidente y los primeros ejecutivos.

Simon Fraser, de Investor Forum, recalcó el papel de los inversores en la salvaguarda de la creación de valor de las compañías en el largo plazo: “los inversores pueden inspirar con su acción el desarrollo de estrategias que vayan más allá del ciclo económico”. A propósito de las decisiones que apoyan el largo plazo,  Rients Abma de Eumedion  puso el ejemplo de la necesidad de ejercer opinión en el caso de las grandes adquisiciones por parte de las empresas: “estas no siempre son saludables para la empresa”.

La principal barrera que observa el inversor para llevar a cabo estar tarea adecuadamente es la falta de recursos para poder estudiar a fondo no solo los modelos de gobierno, sino también sobre la estrategia y los riesgos y oportunidades que ofrece el enfoque de creación de valor de las compañías.

Se puso de manifiesto la diferencia entre el nivel y calidad del diálogo entre inversores y compañías entre USA y Europa – y España-. Los consejos de las empresas europeas son renuentes a establecer contactos con los inversores más allá de los roadshows que realizan las compañías, generalmente liderados por los CFOs. Esa práctica hace perder una información valiosa para el consejo sobre la opinión que tiene el mercado acerca de las fortalezas y debilidades de la compañía.

Los inversores han apoyado el desarrollo de informes integrados – y en especial el marco de IIRC – como una herramienta de utilidad para disponer de una mejor información sobre la forma en la que las compañías crean valor, los riesgos y las oportunidades de largo plazo que están observando.

Durante el almuerzo

Cuatro ponentes reflexionaron sobre el papel de los secretarios de los consejos en el diálogo con los inversores. Dos reflexiones al hilo de lo escuchado:

  • SuperDirectors – la lista de requerimientos, responsabilidades, conocimientos y tareas que se le atribuyen al consejero y en especial al secretario es increíblemente larga y va en aumento. Mantener el equilibrio entre la labor de orientación y supervisión y la no injerencia por parte del Consejero es un debate necesario. Las políticas de gobierno corporativo sirven en muchas ocasiones para explicar cómo las compañías ordenan el tráfico en esta materia. Marcos generales que definan – derechos y deberes – los diferentes papeles que deben desempeñar gobierno y gestores es una prioridad.
  • No hay compañías perfectas – los inversores saben que las compañías no son perfectas. Los sistemas de gobierno, los posicionamientos estratégicos o los sistemas de control no son infalibles. La conversación franca en muchas compañías es entendida como una debilidad, sin embargo cada vez más el valor de las interacciones con los inversores gira en torno a la capacidad de las compañías de entender el entorno y actuar en consecuencia.

Los consejeros coordinadores, un contrapeso fundamental al imperialismo en el Consejo

Con este provocativo título, comenzaron las sesiones de la tarde. A esta nueva figura, que vimos incluida en el ordenamiento español el pasado mes de diciembre a través de la LSC (529 septies) pero con larga tradición en otros lugares, se le asigna el valor de equilibrar el poder en el seno del consejo cuando el presidente y el CEO se concentran en una sola persona.

Los inversores presentes fueron claros en recomendar que los consejeros coordinadores se encuentren especialmente atentos a la opinión de los inversores – y en especial a los minoritarios – sobre la marcha de la compañía y su sistema de gobierno: “Deben ser capaces de trasladar este punto de vista con libertad e independencia”.

Los ponentes consideraron al consejero coordinador una figura necesaria en cualquier configuración de consejo; sin embargo, desarrollar la labor de contrapeso en consejos en los que los independientes suponen menos del 50% supone, sin duda, un reto.

Creación de valor y transparencia

Tanto CalSTRS como APG, dos de los principales fondos de pensiones más grandes del mundo, llamaron la atención de los asistentes por la valoración que realizan de los aspectos no financieros de sus inversiones. Aspectos que no sorprendieron por los temas en su agenda – cambio climático, los planes de sucesión o el desarrollo del capital humano-  sino por la convicción de la oportunidad que supone para las compañías desarrollar este tipo de enfoques.

En cuanto al reporting, bastante consenso sobre cómo los inversores evalúan los informes corporativos en la actualidad: “la calidad de las afirmaciones en el informe son un reflejo de la calidad del Management”. El informe integrado está en el debate como el estándar de futuro. Una herramienta especialmente útil para alinear reporting y rendición de cuentas sobre la estrategia de la compañía.

Joroen Hooijer cerró la jornada con algunas interesantes ideas sobre los pensamientos y planes de la Comisión Europea

La intervención se centró en las importantes novedades que traerá la modificación de la Directiva de derechos de los accionistas, que trata diferentes aspectos en las relaciones entre inversores y compañías.

Con el texto “en la lavadora”, como afirmó, en la actualidad cuenta con el apoyo de Consejo y Comisión en cuanto a los objetivos que persigue, sin embargo se está encontrando con numerosas enmiendas en el proceso, esta vez en el Parlamento Europeo.

Pero quizás el paquete más potente de medidas en la Directiva se encuentra dirigido a los inversores, incluyendo la necesidad de publicar las políticas que tienen los inversores en cuanto a su participación en la gestión de las empresas en las que invierten, facilitar la identificación de los inversores presentes en una compañía o la mayor transparencia en el papel de los proxy advisors en Europa.

Esta misma directiva traerá una importante novedad fiscal, ya que se establecerá la obligación de reportar las contribuciones fiscales país por país a todas las compañías cotizadas de la UE.

En el pasillo

En los pasillos, los inversores han dado un aprobado alto al nuevo código de buen gobierno de la CNMV. En los corros se repetía la idea de la necesidad de fomentar el diálogo entre consejos e inversores como un importante antídoto para evitar que el Código de Buen Gobierno se convierta en una lista de chequeo – tick-box – en lugar de una herramienta para mejorar las decisiones de un equipo humano clave para la longevidad de los proyectos empresariales.

Más escépticos me parecieron los comentarios relativos a los avances realizados con el nuevo código de buen gobierno en cuanto a la protección a los accionistas minoritarios y efectividad de los consejos.

En las compañías, el numeroso grupo de secretarios de compañías españolas asistente tienen ahora la sensación -y la tarea – de poner en marcha una larga lista de asuntos en un periodo corto de tiempo. Se percibe con ilusión, expectantes sobre la forma en la que se desarrollaran los acontecimientos.

Mejores frenos para ir más deprisa

Por José Luis Blasco
on 03. 03. 2015

En 2012, el Fondo Monetario Internacional recomendó al Gobierno de España que pusiera atención en tratar de mejorar la posición de nuestro país en alguno de los índices que miden la competitividad de los países del mundo. Y es que, entonces y ahora, nuestro país no suele salir bien parado en este tipo de concursos. La posición que ocupamos no se corresponde con la relevancia y el tamaño de nuestra economía. Especialmente en cuestiones que tienen que ver con el gobierno corporativo.

Por ejemplo, en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial presentado recientemente en Davos, nuestro país se sitúa en el puesto número 35 de los 144 países analizados. No está mal. Pero cuando consultamos el indicador que se refiere a la eficacia de los consejos de administración, la posición de España desciende hasta el 74. En el caso de la defensa de inversores minoritarios hay que bajar un poco más, hasta el puesto 94. Allí, nos encontramos acompañados por Senegal, en el puesto 95, y por Albania, en el 93. Es una lástima, dado que el buen gobierno constituye hoy uno de los principales reclamos para atraer a inversores inteligentes.

Dicen en Japón que quien monta un tigre corre el riesgo de no poder bajarse. La obsesión por los resultados de corto plazo ha aumentado la fragilidad de las organizaciones en todo el mundo. La esperanza de vida media de una compañía en el S&P 500 se ha reducido desde sesenta años en la década de 1970 a los veinte años de hoy. La mitad de las compañías que componían el primer IBEX en 1992 hoy ya no existen. No está claro si fue antes la gallina o el huevo; si las compañías son cortoplacistas porque los inversores lo son o viceversa. Pero algunos consejeros delegados se han dado cuenta que atraer a inversores sólo preocupados por el corto plazo acorta la vida de la compañía. Y por ende su mandato.

El nuevo código de buen gobierno bien podría ser una respuesta a las recomendaciones del FMI antes referidas – de hecho estaba incluido en el paquete de reformas presentado en 2013 – o bien, a la visión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores para robustecer e intentar alargar la vida de nuestras empresas, proteger los intereses de los inversores o atraer inversión de calidad. En cualquier caso se trata de un claro impulso a la modernización de un eslabón crítico, al que no siempre se le saca el máximo partido, en la cadena de valor de las organizaciones. Como decía ya hace años Adrian Cadbuty: “si el consejo no tiene la vista puesta en el largo plazo, ¿quién la tiene?”

Los consejos de administración tienen, simplificando, dos misiones principales. De un lado definir la orientación de la compañía y, de otro, supervisar y controlar. Cuando los mercados eran más estables y los jugadores definidos, los órganos de gobierno, impulsados por un management ambicioso, se volcaron principalmente en desempeñar el papel de acelerador de la compañía. Ahora que se necesita ir más deprisa y el planeta se ha vuelto más pequeño y más lleno de incertidumbre, y donde la ambición del management continúa intacta, los órganos de gobierno se ven obligados a poner el foco en el diseño de más y mejores frenos.

En un mercado global de oportunidades casi infinitas, acertar es no equivocarse. El nuevo código invita a modernizar las funciones de gestión de riesgos y supervisión creadas hace más de una década y que en demasiadas ocasiones han sido tan solo un placebo, administrado convenientemente y en grandes dosis, para los órganos de gobierno.

Desde los años ochenta, el valor en libros y el valor de capitalización de las compañías ya no coinciden. El principal activo de las compañías es la confianza y no es posible incluirlo, por ahora, en los balances de las compañías. En esta situación el papel de los consejeros como supervisores e impulsores de una cultura basada en la lealtad y la gestión de riesgos pasa a ser protagonista.

El nuevo código se apoya en elementos valiosos que fueron definidos el pasado diciembre por la Ley de Sociedades de Capital. Entre ellos, la formalización de la función de riesgos, nuevos informes que comuniquen mejor acerca del ejercicio de determinadas responsabilidades, incluida la social de las empresas, o la protección a la independencia del auditor interno.

Impulsar un entorno de control robusto se compone de arte y de ciencia a partes iguales. Sin embargo, siendo una de las principales llaves del éxito de las organizaciones de este siglo, apenas se enseña en las escuelas de negocios. En buena parte de las ocasiones, los consejeros deben aprender a ejercer esta responsabilidad sobre la marcha. El nuevo código, puede ser esa oportunidad o la excusa que estábamos esperando para decir, pongámonos al día.

Fuente: El Mundo. Publicado el 1 de marzo de 2015