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Author Archives: Esther Fernández

Una reflexión sobre el desempleo juvenil

Por Esther Fernández
on 20. 01. 2017

Ayer, jueves 19 de enero, tuve la oportunidad de asistir a la presentación del informe El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa” del Observatorio Empresarial Contra la Pobreza. De la mano de Codespa y en el marco del Espacio Fundación Telefónica pudimos escuchar las opiniones, reflexiones, iniciativas y experiencias de instituciones, entidades y empresas preocupadas por la dimensión, complejidad y consecuencias de la situación que vivimos (en España, en Europa y en el mundo) respecto al desempleo juvenil.

En España, durante el segundo trimestre de 2016, el 34% de jóvenes entre 16 y 29 años no encontraban empleo. Las consecuencias de este problema, que lleva al desempleo a más de 1.200.000 jóvenes en nuestro país, son dramáticas. Entre otros aspectos, el empleo tiene una incidencia directa en el bienestar de los jóvenes, por lo que la ausencia del mismo, o la existencia de condiciones laborales inadecuadas, pueden marcar un itinerario de exclusión social*.

Como mujer, madre, trabajadora, profesional de recursos humanos, especialista en selección y voluntaria en proyectos para fomentar la empleabilidad de los jóvenes he considerado que un nuevo baño de realidad sobre esta problemática (ya conocida para mi) me ayudaría a reposicionar este tema en mi escala de prioridades y acciones. Y así ha sido.

No voy a hablaros del informe y sus conclusiones porque podéis verlas aquí. Pero sin duda os invito a leerlo y sobre todo a que sea el punto de partida a la pregunta ¿qué voy a hacer yo respecto a este problema?

Cada día escuchamos a compañeros, amigos y familiares, instalados en la “queja” en lo que a su trabajo se refiere. Todo el mundo trabaja mucho, a poca gente parece gustarle lo que hace, casi nadie esta conforme con su horario o con su sueldo, y por lo que se dice de ellos, entre los jefes parecen abundar personas malvadas cuyo objetivo vital es hacer la vida imposible a los demás. A eso podemos sumarle la necesidad imperiosa de compararnos (siempre con los que están mejor que yo, nunca con los que están peor) que nos hace valorar aún menos lo que tenemos. ¿Cuánto valoramos el trabajo que tenemos?

Valorar el trabajo que uno tiene, con sus cosas buenas y sus cosas malas (y hago un inciso, darle el valor que tiene no es sinónimo de conformarse, pero eso no es para este post) es el primer paso para entender la situación de aquellas personas que no lo tienen y que tomemos un papel activo, cada uno desde su ámbito de actuación, en mejorar la situación. Ayer hablábamos del papel de las empresas en el camino al empleo juvenil. Pero las empresas las hacen las personas y las iniciativas, las ideas y las acciones las ponen en marcha las personas. Cada uno de nosotros.

La falta de empleo, especialmente cuando se mantiene en el tiempo, tiene consecuencias más allá de las económicas. Tiene un impacto social, emocional y familiar. Dificulta la independencia y por tanto la libertad de elegir. La formación, la capacitación y la adquisición de habilidades son claves en la empleabilidad de una persona, pero cuando el problema está tan instalado eso no es suficiente y hay que adoptar medidas adicionales adecuadas al contexto y situación y que además contribuyan a no replicar el problema a futuro.

La paradoja es que con la tasa de desempleo que tenemos, ayer se aportaba el dato de al menos un 24% de empresas con grandes dificultades para cubrir las posiciones que necesitan y para incorporar a los profesionales con la cualificación necesaria para realizar esos trabajos. Algo estamos haciendo mal cuando miles de puestos de trabajo no pueden cubrirse porque no hay personas preparadas para desempeñarlos. Sin duda hay que trabajar sobre el sistema educativo pero también las empresas tienen el papel de paliar ese “gap” actual apostando por la  capacitación de los profesionales, identificando las competencias y el potencial para a partir de ahí formar a las personas en lo que la propia empresa necesita.

El desconocimiento del problema, de su dimensión y de sus consecuencias (recogidas en el informe) es una de las barreras que impide avanzar en las  soluciones. Por eso he querido empezar mis acciones escribiendo este post para contribuir a su difusión y que las empresas (en definitiva las personas que las formamos) empecemos a trabajar en el objetivo de común de paliar esta situación.

 

Autor: Esther Fernández es Senior Manager de People de KPMG en España

*Fuente: empresascontralapobreza.org

Jumping Talent, un equipo ganador

Por Esther Fernández
on 12. 04. 2016

7 de abril, son las 09:30h de la mañana y accedemos al pabellón de la Universidad San Pablo CEU en Monte Príncipe. Allí se dan cita los 96 mejores universitarios de España, elegidos entre más de 5.000 aspirantes tras un exigente proceso de selección. Llegan llenos de expectación, ilusión y nervios. Les espera una intensa jornada en la que demostrar su talento ante 12 grandes compañías. Jumping Talent es, sin duda, un proceso de selección diferente.

La importancia de la actitud

Por Esther Fernández
on 28. 01. 2016

Cuando trabajas con personas la actitud es la que marca la diferencia. Cómo comunicas, cómo gestionas los proyectos, cómo colaboras con los equipos, cómo pides las cosas, cómo transmites y cómo entusiasmas a los demás, y cómo cuidas de las personas de tu organización. Puedes tener un gran conocimiento técnico, manejar la tecnología, definir políticas y procedimientos, diseñar cursos, organizar tareas…pero si no tienes la actitud te falta lo esencial.

Mi ejercicio de responsabilidad

Por Esther Fernández
on 02. 12. 2015

Hace unos días tuve el privilegio de participar como jurado de las Becas Capacitas con las que Fundación Universia fomenta la integración socio laboral de las personas con disCapacidad (no es una errata. Me gusta escribirlo con “C” mayúscula), contribuyendo a hacer efectivo el principio de igualdad de oportunidades a través de una educación inclusiva.

El objetivo de estas y otras becas, iniciativas y programas similares es conseguir, mediante el apoyo a la educación, que el acceso al empleo se produzca en situación de igualdad.

Y es cierto que cada día más, fundaciones, ONGs, entidades y empresas seguimos trabajando para fomentar la inclusión de personas que hasta hace no tanto y por alguna razón que no obedece ni a la lógica ni al sentido común, se habían visto de alguna forma “apartadas” del acceso al empleo e incluso a la educación. Y no debería tratarse de una obligación a cumplir (aunque la realidad sea así en muchos casos) sino de un ejercicio de responsabilidad.

Cuando tienes la oportunidad, como he tenido yo, de conocer un poco más de las historias que hay detrás de cada una de esas personas te das cuenta más que nunca de que son sus capacidades y no su disCapacidad las que importan a la hora de acceder al empleo. Capacidades que las empresas buscamos en los candidatos y que no siempre son tan sencillas de encontrar.

Orientación a resultados, constancia, capacidad de esfuerzo, planificación, creatividad, aprendizaje continuo, comunicación, integridad, flexibilidad, adaptación al cambio, capacidad de análisis, pensamiento crítico, pasión.  Personas con objetivos claros, con planes para alcanzarlos, con hitos definidos y con el empuje y las ganas necesarias para hacerlos realidad. Personas para las que las dificultades son solo un reto a superar. Personas con ideas, con proyectos, con metas.

Todo eso lo he encontrado en proyectos profesionales y a la vez personales que ocupan poco más de una página. Qué no descubriremos cuando esas personas finalicen sus estudios y pongan, no solo sus conocimientos, sino su experiencia vital y las capacidades que han desarrollado a lo largo de su vida al servicio de la profesión que hayan elegido.

Si contribuimos a que estas personas dispongan de los medios  y los recursos necesarios para completar sus estudios o incluso para iniciarlos, si trabajamos para eliminar las barreras (las físicas y las que no lo son), si educamos a nuestros hijos en el valor de las diferencias, si conseguimos que no se trate solo de cumplir una ley sino de poner en valor el talento de cada persona, entonces estaremos retroalimentando un sistema que nos permitirá contar con las capacidades de todos en el acceso al empleo y dejaremos de perder la riqueza que aporta la diversidad.

Las historias de David, María, Raúl, Helena, Cristian, Carlos, Julia… poned el nombre que queráis, tantos y tantos nombres detrás de los que se esconde una historia de lucha y de superación. Historias contadas desde la perspectiva que te da tener que vivir de un modo distinto al habitual. Historias casi siempre difíciles, plagadas de obstáculos, a veces inesperadas para quien las ha tenido que vivir, pero todas con un denominador común: la clara decisión de alcanzar un objetivo. Y en todas se dejan ver esas capacidades que mencionaba arriba.

Hoy mi ejercicio de responsabilidad empieza por compartir esta realidad que no siempre vemos pero que está ahí. Dejemos de ver disCapacidad para ver capacidades porque ahí está la clave de la inclusión. No en las cuotas ni en las obligaciones sino en lo que las personas, sea cual sea su condición, son capaces de aportar.

Autora: Esther Fernández es Responsable de Recruitment & Global Mobility de KPMG en España

11 claves de la planificación de proyectos que debes conocer

Por Esther Fernández
on 16. 09. 2015

Seguro que alguna vez te ha pasado algo como esto en tu trabajo. De repente y sin saber muy bien cómo te piden hacer algo que no esperabas, con lo que no contabas, y que a primera vista parece casi imposible conseguir.

Es ese tipo de proyectos que son urgentes (…muy urgentes), importantes, que hay que hacer en tiempo record, bajo presión y con recursos limitados. De repente todo son prisas, la gente se pone nerviosa y esperan que te pongas a hacer, hacer y hacer cosas para llegar al objetivo.

Pues no. Mejor… párate a pensar. ¿Y si dedicas tiempo a pensar cómo lo vas a hacer? Ahí reside la clave del éxito: en la planificación. Muchas veces parece que si te paras a pensar estás perdiendo el tiempo porque cuando alguien te pide que hagas algo espera precisamente eso, que “hagas”, no que pienses :). Pero es un error. Al menos mi experiencia me dice que es un error.

Entrar en modo pánico y ponerse “a correr” no suele dar buenos resultados porque trabajar de forma atropellada y sin pensar puede parecer que funciona al principio…pero al final, si es que consigues llegar al objetivo habrá sido más fruto de la casualidad que el resultado de un buen trabajo, y posiblemente por el camino hayas tenido que deshacer cosas que habías hecho, no lo habrás hecho con la calidad que querías y hasta puede que hayas conseguido un principio de úlcera.

Ser capaz de mantener la calma bajo presión no es fácil. Claro que no. En parte te lo da la experiencia, el conocimiento y la práctica, pero en parte tiene que ver con cómo son las personas y su capacidad para, en cierta forma, “abstraerse” del estrés para ser capaces de analizar el problema desde fuera y plantear un plan de acción. Pero seas como seas, y tengas o no esa capacidad para mantener la calma, siempre hay algo que puedes hacer y es precisamente dedicar tiempo a la planificación.

Y dicho esto, vamos con la planificación.

No se trata tampoco de llegar a la parálisis por el análisis porque si la presión de tiempo es clave tendrás que ser capaz de manejar el escaso tiempo que tienes y ajustarlo a cada fase del proceso. Pero sí hay que analizar las cuestiones clave para diseñar un plan que te permita llegar al objetivo. Y ¿Cuáles son?

  1. Información, objetivos y alcance. Antes de nada necesitas tener toda la información posible sobre el proyecto, entender cuál es la necesidad, qué objetivos se quieren conseguir y cuál es el alcance. Cuanto más sepas mejor resultará el plan de acción. No tengas miedo a preguntar. Pregunta todo lo que necesites saber referente a la petición que te hacen. Entiende el contexto. Combina lo que te puedan contar las personas que te están pidiendo el trabajo con lo que puedas investigar por tu cuenta. Para trabajar sobre algo hay que saber, al menos los básicos, de ese algo… o lo que es lo mismo “de qué estamos hablando”.
  2. Personas clave. Identifica quienes son las personas clave para llegar al objetivo: quienes tienen la capacidad para tomar decisiones relativas al proyecto, quienes pueden apoyarte, quienes son los mejores para hacer ese trabajo y quienes tienen que estar al tanto de la evolución.  Con todos ellos vas a trabajar. Y también quienes pueden dificultar el proceso o convertirse en “stoppers” para poder anticiparte y manejarlo de la mejor manera posible.
  3. Recursos. Analiza qué tienes y qué te falta para llegar al objetivo. Personas, tecnología, materiales…lo que sea. Cuántas personas y qué tipo de personas necesitas para el trabajo que hay que hacer. No por poner mucha gente a trabajar de forma no coordinada en lo mismo llegarás a un mejor resultado y no necesariamente tener “más manos” tiene que ser la clave para llegar al objetivo.
  4. Costes. El dinero siempre es importante y los presupuestos siempre son finitos. Si necesitas invertir en algo para poder llegar a tu objetivo analiza antes el coste y el beneficio que supone y negocia las condiciones. Argumenta porqué necesitas invertir en eso y las consecuencias de no hacerlo.
  5. Priorización. Aun cuando puedas ir avanzado varias cosas en paralelo no podrás hacerlo todo a la vez así que tienes que priorizar. La prioridad 1 es planificar y esa misma planificación te dará el siguiente orden de prioridades.
  6. Delegación. Tampoco puedes hacerlo todo tu. Identifica qué parte de todo lo que quieres hacer puedes delegarlo en personas de tu equipo o personas involucradas con el proyecto y en quienes confías para hacerlo. Y una vez que lo hagas, dales autonomía y confía en su trabajo.
  7. Tiempo.. Tienes que conocer los plazos y planificar en base a ellos. Ten en cuenta siempre que puede haber incidencias, imprevistos, retrasos… maneja los tiempos siempre con un pequeño “colchón” que te permita hacer ajustes. Define un calendario de trabajo que sea conocido y compartido por todas las personas implicadas, los que están trabajando y los que han solicitado el trabajo. Marca los hitos principales y aunque el tiempo que tengas para hacer el trabajo sea muy limitado se realista con los plazos.
  8. Derivadas. Todo proyecto tiene “derivadas” que en un principio puedes no conocer pero que pueden ir apareciendo por el camino. Intenta ir más allá de lo que te han pedido poniendo la vista en lo que puede venir como consecuencia de ese trabajo. Si entiendes el alcance del proyecto serás capaz de anticiparte a lo que pudiera venir como consecuencia del mismo.
  9. Daños colaterales. Dedicar recursos y tiempo que no estaba previsto a un proyecto urgente supone que tienes que dejar de hacer temporalmente otras cosas o al menos ralentizarlas. Valora como hacerlo, cómo gestionarlo y comunícalo para que luego eso no se convierta en otro proyecto contra reloj.
  10. Comunicación. Todo es importante pero la comunicación es crítica. Las personas que van a trabajar en el proyecto así como las que han solicitado el trabajo tienen que estar al tanto del mismo, tener toda la información necesaria, conocer los plazos y los tiempos y saber qué pueden esperar en cada momento. Establece una relación de colaboración con todos los que están involucrados. Cuanto mejor sea la comunicación mejora saldrán las cosas. Siempre.
  11. Seguimiento. Y una vez que esté en marcha nunca te olvides del seguimiento. Revisa periódicamente cómo va el plan, ajusta tiempos y recursos y si es necesario re planifica.

Si tienes todo esto ya solo tienes que ponerlo en orden y la planificación saldrá casi sola. Habrás dedicado tiempo a recabar toda esta información, a ordenarla en tu cabeza y a pensar en la mejor alternativa posible para conseguir lo que quieres. Y nunca habrá un tiempo mejor invertido que ese.

Y ya solo te faltaría una cosa. Para mí la más importante: la ACTITUD. Si tu papel es planificar y coordinar el proyecto y, a fin de cuentas, conseguir llegar al objetivo, tienes que convertirte en el principal impulsor. Haz que las cosas sucedan. Involúcrate, identifícate con el proyecto, piensa en positivo, se amable y agradece el trabajo que hacen los demás. Si vives el proyecto como propio darás lo mejor de ti mismo y contagiarás esa involucración y esa actitud positiva a todos.

Autora: Esther Fernández es Responsable de Recruitment & Global Mobility de KPMG en España

Imagen: Keepcalm o matic

Bienvenido septiembre: sé generoso y ten valor

Por Esther Fernández
on 02. 09. 2015

Si has tenido la suerte de poder disfrutar de unas seguro que merecidas vacaciones, estarás en ese momento en el que te enfrentas de nuevo al día a día. La vuelta a la rutina hasta se agradece, un poco de orden tampoco le hace mal a nadie. Y si además el tiempo acompaña con algunas nubes y algo de lluvia, mejor que mejor para despejar la mente del exceso de sol.

Seguro que en algún momento de esa “vuelta al trabajo” una idea nueva, un propósito distinto, un destello de algo diferente pasa, aunque sea fugaz, por tu cabeza. Y cuando eso ocurre tienes dos opciones.

La opción fácil: dejarlo pasar; porque te puede la pereza de la vuelta y porque esa rutina (que se agradece) te acomoda en tu silla. Te pones a limpiar el correo, a responder e-mails, a retomar cosas que dejaste pendientes antes de irte. Y poco a poco, sin apenas darte cuenta te has sumergido de nuevo en el mismo océano que dejaste cuando te fuiste. Ahí te mueves como pez en al agua, tus tareas son viejos conocidos con los que te sientes confortable, la rueda sigue girando igual que antes y todo sigue su curso. Cuando te des cuenta estarás pensando en la cena de nochebuena y habrán pasado casi cuatro meses. Meses de intenso trabajo, eso seguro, de miles de cosas por hacer, de no tener tiempo para nada… pero ¿habrá cambiado algo de lo que haces, o seguirás corriendo dentro de la rueda?

Si te paras a pensar, seguro que la idea de estar corriendo sin parar los siguientes 11 meses dentro de una rueda que no te lleva a ningún sitio no es precisamente atractiva.

Pero ¿y si en lugar de la opción fácil optas por la opción valiente? Yo la llamo así porque supone esfuerzo, dedicación, generosidad y valor; como casi todo en la vida.

Quiero hacer un paréntesis en este punto. Lo bueno de tener niños pequeños es que, quieras o no, ves películas de niños pequeños. Casi todas encierran un mensaje, algo que cala en aquellos que la ven, sean pequeños o no. “Sé generosa y ten valor”, es lo que su madre a punto de morir le dice a Ella (antes de convertirse en Cenicienta). Y eso marcará el curso de su vida y le dará fuerza para enfrentarse a las dificultades. Con eso me quedo.

La opción valiente: volvamos a ese momento en el que una idea nueva, un propósito distinto, un destello de algo diferente pasa por tu cabeza. ¿Qué ocurriría si atrapas esa idea por un momento y le dedicas algo de tiempo? Escríbela en un papel, en tu móvil, en una servilleta, en la tablet, en la lista de la compra… grábala en tu cabeza… donde sea…pero no la dejes escapar. ¿La tienes? Ya sé que es solo una idea….y seguro que pensarás que no tiene sentido, que no se puede hacer, que no es fácil cambiar las cosas, que…que…que…

Este el momento de ser generoso y tener valor. Ser generoso por dedicar tu tiempo y tu esfuerzo a una idea que puede hacer que las cosas cambien, mejoren o progresen para todos, y tener valor para llevarla a cabo, para trabajar duro, para superar los obstáculos o cuando menos, para hacer todo lo que esté en tu mano para conseguirlo.

Dedícale tiempo, desarrolla tu idea, compártela con aquellas personas que pueden aportarte una opinión crítica constructiva, personas en las que confías y que valoras profesionalmente. Trabájala, dale vueltas, mírala desde fuera, desde arriba, desde abajo, dibújala, cuéntasela a alguien que no tenga nada que ver con tu trabajo y date cuenta de si eres capaz de explicarla. Traza un plan, piensa en que necesitas para ponerla en marcha y pide ayuda si la necesitas.

Estoy segura que parte del tiempo que vas a dedicar la primera semana de trabajo a leer correos atrasados, ponerte al día en las redes sociales, tomar algún que otro café, tramitar facturas, ordenar documentos o lo que sea que estés haciendo…, puedes dedicarlo a TU IDEA. Porque desarrollar tu idea también es trabajar y porque innovar y hacerlo cada vez mejor es también tu responsabilidad.

Bienvenido septiembre y sus nuevas ideas fruto del descanso, del sol, de la perspectiva, del mar, de la montaña… de donde vengan. Han llegado para quedarse.

Trabajo o profesión, ¿cuál es la diferencia?

Por Esther Fernández
on 05. 05. 2015

La RAE define trabajo como “ocupación retribuida” y “acción y efecto de trabajar” y esta última (trabajar) como “ocuparse en cualquier actividad física o intelectual” o “ejercer determinada profesión u oficio”, entre otras.  Si buscamos profesión encontramos en su tercera acepción “empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución” y profesional como “persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación”.

Parece que sí existe alguna diferencia entre trabajador y profesional. Entonces, aquello a lo que posiblemente más horas dedicas al día ¿es solo un trabajo o es tu profesión?

Seguramente el resultado que se produce si sientes que lo que haces es tu profesión o es solo un trabajo es significativamente distinto, en lo que aportas, en los resultados que obtienes y en el compromiso con lo que haces. ¿Matices del lenguaje? Puede que no…

Tu profesión debería ser algo que te gusta, que te apasiona, algo que te interesa, sobre lo que quieres seguir aprendiendo, en lo que quieres mejorar cada día; algo sobre lo que lees, piensas, creas e innovas en cualquier momento.

Tu profesión requiere de un ejercicio de mejora continua, de crecimiento constante, convertirte en un experto en lo que haces y que los demás te reconozcan como tal. No se trata solo de ir a una oficia, realizar unas tareas y cobrar a final de mes. Se trata de encontrar cómo lo que haces te enriquece a ti, no solo en lo profesional sino también en lo personal, y enriquece a tu entorno. Piensa en qué estás aportando, en qué están mejorando las cosas gracias a lo que tú haces y que más puedes hacer.

¿No es fácil? Nadie dijo que lo fuera; requiere esfuerzo y dedicación, requiere invertir horas, formarse, aprender y desaprender, requiere tomar decisiones que no siempre serán fáciles, requiere elegir y apostar por lo que quieres aunque la recompensa tarde en llegar. Seguramente es más cómodo hacer un trabajo que requiera menos esfuerzo que luchar por hacer aquello que verdaderamente te apasiona…pero con el paso de tiempo ¿qué te hará más feliz?

Y la cuestión no acaba ahí, porque en esta concepción profesional del trabajo tienes la obligación y la responsabilidad de aportar, generar resultados, ser eficiente, competitivo e innovador, poniendo cada día en cuestión aquello que haces y valorando si haciendo algo de forma diferente puedes hacerlo aún mejor.

Te preguntarás…¿y tengo que hacer todo eso por la empresa? Sin duda la empresa donde estés se verá beneficiada pero principalmente, todo eso por TI. Las empresas cambian, se crean, se fusionan, desaparecen, sales de una, entras en otra…pero tu profesión permanece, por eso la inversión que hagas, la harás en ti mismo.

Dedica tiempo a pensar en ello, regálate poder hacer esta reflexión sobre lo que haces y porqué y para qué lo haces… pero no porque vayas a descubrir que tu pasión es hacer collares en una playa de Tailandia (o tal vez sí…) sino porque seguro que serás capaz de ver más allá de lo que haces hoy y desarrollar nuevas formas de hacer lo haces, nuevas maneas de transformar y de mejorar lo que te rodea.

Autora: Esther Fernández es Responsable de Recruitment & Global Mobility de KPMG en España

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¿Eres de la #GeneraciónKPMG?

Por Esther Fernández
on 30. 10. 2014

Si quieres averiguarlo, sigue leyendo. No te vamos a contar aquí que hacemos, ni quiénes somos, ni que servicios prestamos, ni los mercados en que operamos, ni quienes son nuestros principales clientes, ni nuestro enfoque sectorial, ni nuestros programas internacionales, ni nuestra red global, ni siquiera cuantos empleados somos, ni los programas de talento, formación y desarrollo que podemos ofrecerte, ni nuestro enfoque multidisciplinar, ni nuestra responsabilidad corporativa…

¿Por qué no? Porque todo eso lo tienes al alcance de la mano, a un solo click.

Las organizaciones las hacen las personas que trabajan en ellas. Y de eso es de lo que te queremos hablar, de los profesionales que formamos KPMG. Ese es nuestro valor añadido. El talento, el conocimiento, el compromiso, la inquietud, la creatividad y la capacidad de innovación de las personas que día a día en KPMG hacemos posible que las grandes compañías encuentren respuesta a sus necesidades.

Las personas son la clave de nuestro éxito y los jóvenes son el futuro de nuestra firma y los principales actores del cambio que está viviendo el mundo. Por eso cada año apostamos por incorporar jóvenes que reúnan esas características que nos hacen diferentes, por las que nuestros clientes depositan su confianza en nosotros, para que rodeados de los profesionales que ya formamos KPMG crezcan, aprendan y se reinventen cada día.

¿Y cuáles son esas características? Personas con talento conscientes de que el talento también requiere dedicación y esfuerzo para alcanzar sus objetivos; personas capaces de trabajar sus propias habilidades para mejorar día a día; personas que quieran seguir aprendiendo, creciendo y asumiendo retos; personas que sepan aprovechar las oportunidades al máximo y que sepan hasta donde quieren llegar. Porque en KPMG, el límite te lo pones tú.

Te invitamos a que nos conozcas y tengas la oportunidad de ver cómo somos los profesionales que hacemos posible el reto de seguir siendo una de las empresas más valoradas para trabajar.

PORQUE COMPARTIMOS VALORES Y FUTURO. Te esperamos.

Autora: Esther Fernandez es Responsable de Recruitment & Global Mobility de KPMG en España

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Cada vez mas las compañías apuestan por transformar los procesos de selección en experiencias de aprendizaje, oportunidades a través de las cuales los profesionales de talento identificamos competencias y capacidades y los candidatos