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Author Archives: David Höhn

¿Qué precio tiene la ciberseguridad en un proceso de M&A?

Por David Höhn
on 21. 03. 2018

Cuando una empresa contempla llevar a cabo una fusión o adquisición (M&A, por sus siglas en inglés) y ha identificado su objetivo o target, llega el momento de revisar los números y llevar a cabo el proceso de due diligence, con el fin de valorar activos, datos financieros, proyecciones, valor de marca, potenciales sinergias, estrategia, amenazas, vulnerabilidades, etc.

Pero hay un aspecto que no siempre se está incluyendo debidamente en este proceso de due diligence y que, sin embargo, es crítico: ¿cómo está la ciberserguridad de esa empresa? ¿Tiene unos sistemas de seguridad robustos y cumple con la normativa vigente? ¿O se trata de un factor al que los administradores no han prestado la debida atención?

La pregunta no es una cuestión baladí. Debería plantearse en cualquier operación corporativa, con independencia del  tamaño o sector. Porque no hay industria ni compañía que sea ajena al proceso de digitalización que vivimos y que, desde el punto de vista empresarial, afecta progresivamente a todas sus funciones y procesos.

La conectividad de las personas, las empresas y las cosas (IoT) conlleva, ineludiblemente, riesgos de ciberseguridad. Desde bases de datos propios y de clientes que hay que proteger, wifis y móviles inteligentes corporativos, cámaras de vigilancia, sensores que captan información, sistemas robóticos, sistemas de control en edificios y plantas industriales, banca online y procesamiento de pagos, sistemas de CRM, logística, procesos, etc. Todo debe estar protegido de unos ciberdelincuentes – el cibercrimen supera ya en volumen a la delincuencia tradicional – cada vez mejor organizados y que buscan lucrarse mediante el robo de datos, credenciales, suplantación de identidades y otro tipo de delitos.

¿Qué ocurre si, por no valorar a tiempo los riesgos de ciberseguridad de una empresa antes de ser adquirida, éstos acaban estallando? Los efectos son de sobra conocidos. Desde multas, cada vez más elevadas, por incumplir con la debida obligación de protección de la información (el reglamento europeo de Protección de Datos, RGPD, contempla multas de hasta el 4% de la facturación), hasta el coste económico que supone la pérdida de servicio y los sistemas de restauración durante ese tiempo. Y, lo más preocupante, el daño reputacional que sufre la organización cuando ese fallo de seguridad queda al descubierto y que, sin duda, llevará consigo una pérdida de negocio y de clientes que, en el peor de los casos, puede llegar al 20-40% de los mismo. A modo de ejemplo, un caso real: fue después de una adquisición, en pleno proceso de fusión, cuando el comprador descubrió una importante brecha de ciberseguridad en la empresa adquirida, que afectaba a los datos personales de más de un millón de usuarios del target.

Si la ciberseguridad es un riesgo estratégico, que puede afectar a la imagen la empresa y a sus resultados financieros y, por tanto, debe figurar en la agenda de los consejos de administración, ¿tiene sentido obviar un proceso de due diligence de Ciberseguridad? Desde nuestro punto de vista, ninguno. Al contrario. La revisión de los procesos, sistemas, controles y gobierno de la seguridad debería ser una práctica habitual, dada la relevancia y dimensión de los riesgos. Como dijo Jason Weinstein, procurador del Departamento de Justicia de Estados Unidos durante quince años, “cuando compras una compañía, estás comprando sus datos y puedes estar comprando también sus problemas de seguridad con los datos”.

Según una encuesta de NYSE Governance Services,  el 85% de los directivos reconoce que una brecha en la ciberseguridad en una compañía target puede tener serias implicaciones en la transacción; un 22% dice que paralizaría la compra y un 52% asegura que rebajaría el precio de la misma. Sin embargo, la realidad es que, a día hoy, la due diligence de Ciberseguridad no está totalmente implantada, y existen cada vez más casos de operaciones de M&A en las que ha habido problemas de ciberseguridad.

¿Qué se debería hacer para evitar llegar a este tipo de situaciones? En KPMG hemos desarrollado una metodología específica de evaluación de los riesgos de ciberseguridad aplicada al proceso de due dligence  que es válida tanto para el comprador como para el vendedor. Esta metodología utiliza herramientas de due dilligence tales como entrevistas y revisión de documentación y análisis de  la situación de la ciberseguridad desde diferentes ópticas: Gobierno, Modelo Operacional, Arquitectura, Detección  y Respuesta.

El punto diferencial está en lo que llamaríamos el ‘levantamiento de la huella digital de la empresa adquirida’. Se trata de una técnica no intrusiva, ya que no se entra en los sistemas internos de la compañía, que nos permite evaluar el grado de información pública o expuesta de la compañía target. Ello unido al know how de nuestros expertos en la materia, nos permite evaluar con exactitud el grado de madurez de los sistemas de control y aportar, mediante datos cuantitativos y cualitativos, las potenciales brechas de seguridad a las que la sociedad se puede enfrentar.

Analizamos no sólo la información disponible en la superficie de Internet (Surface Web) sino también en las profundidades de la web (Deep y Dark Web), donde los hackers bucean con libertad, y permite detectar indicios de riesgos que se están incubando. Es allí donde podemos evaluar si hay o no información confidencial de la compañía target que está siendo comercializada por ciberdelicuentes.

En resumen, no valorar los riesgos de ciberseguridad, no solo deja en el aire cualquier proyección sobre el rendimiento real de la operación de M&A en curso, sino que también deja activadas bombas de relojería que pueden estallar en cualquier momento en el seno de la organización adquiriente. Por todo ello, es recomendable realizar, en su debido momento, una adecuada due diligence de Ciberseguridad.

 

Autores:

Alejandro Rivas-Vásquez, Director de Ciberseguridad de KPMG en España

David Höhn, socio de Deal Advisory, responsable de Transaction Services de KPMG en España

El atractivo de la economía española cala en China

Por David Höhn
on 15. 03. 2018

El boom de la  inversión china en Europa se produjo hace una década y desde entonces su crecimiento ha sido exponencial. Al calor de la expansión de la segunda economía mundial en PIB– y sobre todo de su política Go out policy, por la que el Gobierno insta a sus compañías a invertir en el exterior-, las transacciones en el Viejo Continente han aumentado a un ritmo vertiginoso. Tanto que la Unión Europea se ha convertido en uno de los destinos prioritarios de las empresas chinas, y en 2016 la inversión alcanzó el record histórico de 35.000 millones de euros según datos de Rhodium Group.

Pese a que Alemania y Reino Unido se sitúan a la cabeza en cuanto a los países de destino, España ha ido incrementando paulatinamente sus cifras. El mayor incremento se experimentó en 2016, cuando llegó a los 1.600 millones de euros, y las previsiones a corto plazo son optimistas debido a que los inversores chinos están presentes en la gran mayoría de las operaciones de inversión significativa en España como no lo habían estado hasta ahora.
Todo ello apoyado en la buena relación diplomática entre ambos países, que este año cumple su 45 aniversario.

La causa de este incremento puede encontrarse en cierta saturación del mercado germano y británico, que han copado la mayor parte de las inversiones en los últimos años. Pero, sin duda, el principal motivo responde al dinamismo de la economía española. El crecimiento equilibrado y sostenible de la economía, apoyado tanto en demanda interna como externa hace de España un país muy atractivo.

Un atractivo que va más allá. Cuestiones como la calidad de las infraestructuras –con la mayor red europea de alta velocidad- y nivel tecnológico, los fuertes incentivos de innovación existentes o la posición estratégica de numerosas compañías españolas en Latinoamérica -que hace de España una excelente plataforma hacia otras regiones– son clave en el mercado actual.

Unos aspectos que se suman a las buenas cifras que ofrecen numerosos sectores. Entre otros, destaca la industria de automoción, donde España es el segundo mayor fabricante en la Unión Europea y el octavo a nivel mundial. O consumo, tecnologías de información y comunicación, y la recuperación del mercado inmobiliario. Sin olvidar el sector de energía y recursos naturales o el turismo.

De este modo, para superar las cifras actuales de inversión, es importante que las compañías españolas que incluyan en su estrategia el crecimiento y la internacionalización conozcan y tengan en cuenta sus ventajas competitivas. Solo así podrán extraer todas las oportunidades que ofrece el denominado gigante asiático, que ha pasado a ser adalid del liberalismo económico y la globalización.

Su estrategia de internacionalización quedó reflejada en la hoja de ruta del Gobierno chino en el decimotercer Plan Quinquenal (2016-2020), que situó como principales objetivos poner el foco en la innovación y la transformación y modernización industrial, y que supone una gran oportunidad para los sectores de alto componente tecnológico. También en la iniciativa One Belt, One Road, la Ruta de Seda del siglo XXI que abre camino a los inversores del país con el resto del mundo.

Sin embargo, las oportunidades que brinda el gigante asiático no solo pasan por su apetito inversor. Desembarcar en suelo chino, el segundo mercado más grande del mundo y en camino de ocupar la primera posición, es un reto que puede abrir la puerta a un crecimiento extraordinario. El consumo en China tiene un tamaño solo comparable a la velocidad con la que evoluciona. Un ritmo por el que numerosos inversores y empresas chinas buscan en Europa aliados con los que desarrollar nuevos modelos de negocio en terreno asiático.

Las joint ventures pueden ser la llave para introducir un nuevo portfolio de productos en un mercado caracterizado por una pujante clase media y alta, que ha adoptado el m-commerce sin pasar apenas por el online. Y donde siete de cada diez consumidores prefieren perder su cartera al móvil, como pone de manifiesto el informe Me, My Life, My Wallet elaborado por KPMG.

En definitiva, China puede abrir no solo la puerta a un crecimiento exponencial gracias a su afán inversor, sino una ventana para contemplar cómo será el futuro del consumo. Un aliado por el que merece la pena poner de relieve el indudable atractivo de la economía y las compañías españolas.

 

Autor: David Höhn es socio responsable de Transaction Services y la Práctica China de KPMG en España

El protagonismo de China en la escena internacional

Por David Höhn
on 29. 09. 2014

El protagonismo de la economía china en la esfera internacional parece no tener límite. En los últimos meses hemos sido testigos de hechos que no hacen más que contribuir a la creencia ya generalizada de que China se convertirá en la primera potencia mundial, tanto en términos económicos, como geopolíticos y estratégicos.

Por un lado, China ha sido el principal impulsor de la creación del denominado banco BRICS, un banco con sede en Shanghái destinado a la financiación de inversiones en infraestructuras y proyectos orientados al desarrollo sostenible en países emergentes, el cual contará también con un fondo para atender necesidades de reservas internacionales en periodos de crisis. Las estimaciones indican que en cinco años la entidad alcanzará unos recursos de 200.000 millones de dólares, lo que consolidará la situación financiera de sus miembros, así como la colaboración en sectores estratégicos tales como el energético, el científico y el tecnológico.

Por otro lado, el pasado mes de julio el presidente Xi Jinping visitó América Latina, con la mirada puesta en la región, ya no sólo como área suministradora de recursos naturales, sino también como atractivo lugar de inversión y firma de alianzas estratégicas en sectores como las infraestructuras, las telecomunicaciones y la banca. Los resultados y repercusiones de esta intensificación de relaciones tendrán un importante efecto global, mucho más del que supondrán para la región en sí misma.

Por último, el reciente récord mundial en la salida a bolsa del gigante chino de comercio electrónico, superando a la registrada en 2010 por un banco chino, da muestra del enorme potencial que atesoran las multinacionales chinas a nivel global, especialmente en sectores en los que no estaban presentes hasta hace pocos años: finanzas y tecnología.

En este contexto de mayor presencia internacional de la economía china, desde KPMG venimos observando desde hace meses un creciente interés por parte de las empresas chinas en invertir en España o en activos de empresas españolas, con la energía, el turismo, el inmobiliario, la alimentación y el industrial a la cabeza de las preferencias sectoriales. En este sentido, la visita oficial realizada esta semana por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tiene como objetivo incrementar los flujos comerciales y de inversión en ambas direcciones.

Sin embargo, China se enfrenta a no pocos retos internos que pueden influir en un futuro en el rol a desempeñar dentro de la comunidad internacional. El pasado noviembre, en la reunión plenaria del partido comunista chino, se anunció un amplio proceso de reformas con el fin de dar protagonismo a las fuerzas de mercado. El rápido crecimiento experimentado en la última década ha generado una serie de ineficiencias que se han puesto de manifiesto con el menor crecimiento registrado en los últimos años y gran parte de las medidas anunciadas van encaminadas a corregir estos desequilibrios.

China tiene ante sí el desafío de continuar aumentando el número de ciudadanos que pasan a formar parte de su clase media urbana, sin que ello contribuya al agrandamiento de la burbuja inmobiliaria que se empieza a detectar y con especial interés en la sostenibilidad medioambiental. Este incremento de la clase media urbana se presenta imprescindible en la hoja de ruta del gobierno chino, dado su objetivo de sustituir inversión pública por consumo interno como gran motor de la economía. En la actualidad, según datos del Banco Mundial, el consumo privado solamente supuso el 34% del PIB de China, muy por debajo de los porcentajes que registran los países desarrollados.

A su vez, otra de las iniciativas destacadas es el mayor grado de apertura en la recepción de inversión extranjera. El gobierno chino es consciente que debe aminorar su elevada presencia en la economía, fomentando la presencia extranjera a la vez que la propiedad mixta, especialmente en el sector financiero, que actúa como dinamizador del resto de la economía. El principal ejemplo de apertura lo vemos en la zona piloto de Libre Comercio de Shanghái, inaugurada en septiembre de 2013, y en la que ya se han registrado en torno a 700 empresas extranjeras.

En definitiva, la sostenibilidad interna de China, y por lo tanto, el mantenimiento e incluso incremento de su protagonismo en el ámbito internacional pasa por el aumento de la iniciativa privada y la progresiva reducción del intervencionismo del Estado, lo que implica un reequilibrio de fuerzas de forma rápida y, muy probablemente brusca, que no sólo afectará a sus protagonistas, sino también a toda la comunidad económica internacional.

David Höhn, socio responsable de la Práctica China de KPMG en España

Fuente: El Economista. Publicado el 26 de septiembre de 2014