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Author Archives: Antonio Hernández

Se inicia el Brexit: la importancia de la anticipación

Por Antonio Hernández
on 29. 03. 2017

Hoy es un día histórico para la Unión Europea, ya que el Gobierno británico, en virtud del artículo 50 del Tratado de Lisboa, tiene previsto notificar al Consejo Europeo su intención de salir de la Unión Europea.

Este requisito formal, que marca el inicio de las negociaciones con la Unión Europea, se ha demorado más de lo previsto debido a que ha sido necesaria su tramitación parlamentaria, lo que ha permitido despejar ya algunas incógnitas relevantes. En efecto, el Gobierno británico, a petición del Parlamento, ha plasmado su estrategia negociadora en el “Libro Blanco del Brexit”. Destaca su doble intención de abandonar el Mercado Único, para poder ejercer un mayor control sobre la inmigración (sin menoscabo de la atracción de talento), y rechazar incluso una Unión Aduanera, dado que ello supondría mantener el Arancel Exterior Común, que le privaría de negociar acuerdos más ventajosos con terceros mercados. Su objetivo es lograr un acuerdo de libre comercio de bienes y servicios con la Unión Europea, incluyendo el pasaporte financiero.

En estos meses también hemos sido testigos del impacto macroeconómico que tiene este histórico acontecimiento. La libra se ha depreciado más de un 10% frente al euro y un 15% frente al dólar desde el referéndum, una tendencia que podría acentuarse en los próximos meses y que tiene un doble efecto: ha encarecido las exportaciones europeas a este mercado y abarata las posibles inversiones futuras. Por otro lado, los analistas coinciden en que 2017 será el primer año en que el Brexit tenga un impacto significativo en el crecimiento económico de Reino Unido, tras un 2016 en el que la economía británica ha resistido mejor de lo previsto. A modo de ejemplo, el FMI, en sus últimas previsiones (enero de 2017), apunta a un crecimiento del PIB de Reino Unido del 1,5% en 2017 y del 1,4% en 2018, frente al 2,2% que pronosticaba con anterioridad al referéndum para ambos periodos.

Pero aún existen importantes interrogantes. Se desconoce cuánto durarán las negociaciones , ya que el artículo 50 establece un periodo máximo de dos años que podría ser prorrogado si así lo acuerdan el Consejo Europeo, de forma unánime, y Reino Unido. Tampoco se conoce la mayor de las incógnitas: cuál será el nuevo escenario comercial y financiero entre las dos partes.

Descartado un Brexit “blando”, nos encontramos, grosso modo, ante tres posibles escenarios. En primer lugar, que se logre un acuerdo económico y comercial bilateral, similar, por ejemplo, al que ha cerrado recientemente la Unión Europea con Canadá, que implicaría la eliminación de barreras para la mayoría de bienes y algunos servicios y posibles cláusulas de promoción y protección recíproca de inversiones. En este caso, pese a no haber aranceles, los costes transaccionales derivados de los documentos aduaneros y ajustes fiscales en frontera, y los costes logísticos de las inspecciones de contenedores y de cumplimiento de exigencias regulatorias, entre otros, afectarían a la competitividad del comercio bilateral.

Otro potencial escenario es el que en KPMG denominamos “Saville Road” (calle de Londres famosa por sus sastrerías): que Reino Unido y la Unión Europea cierren un acuerdo a medida, negociado sector a sector.

Por último, cabría la posibilidad de que no se cierre ningún acuerdo. En este caso, Reino Unido pasaría a ser un miembro más de la OMC, con su consiguiente impacto arancelario. Este escenario se podría agravar si no se alcanza una fórmula transitoria entre la salida de la Unión Europea y el nuevo escenario, una probabilidad extrema pero no totalmente descartable que en Reino Unido han denominado “Cliff Edge Brexit” (Brexit al borde del acantilado).

Nos encontramos, por tanto, ante un proceso de elevada complejidad que tiene un impacto significativo para las empresas españolas, ya que Reino Unido es un mercado de gran relevancia. En efecto, se trata del cuarto destino de las exportaciones españolas (11.600 empresas españolas exportan a este mercado); del segundo destino de la inversión española en el exterior en términos acumulados (más de 62.000 millones de euros) y del primero en Europa; y del principal emisor de turistas a España. De hecho, en el infome de KPMG “La empresa española ante el Brexit”, hemos tomado el pulso a cerca de 3.000 CEOs y directivos españoles y un 45% de ellos nos ha confirmado su exposición al Brexit.

La incertidumbre que rodea aún a este proceso, y el hecho de que se cuente con dos años para las negociaciones, no debería ser una excusa para no reaccionar. En un entorno geopolítico cada vez más complejo, las empresas van a tener que acostumbrarse a evaluar y cuantificar con información imperfecta el impacto sobre sus negocios de cuestiones como el Brexit, identificando los posibles escenarios y diseñando un plan de acción frente a cada uno de ellos. En caso contrario, esperar hasta el último momento puede resultar mucho más costoso o, incluso, dejar a la empresa sin margen de maniobra o en una posición de desventaja frente a otros competidores. A modo de ejemplo, no es descartable que a raíz del Brexit se produzcan “efectos de desviación de comercio”, que impliquen que terceros mercados tengan mejor acceso a Reino Unido que la UE o que Reino Unido tenga mejor trato que la UE en terceros mercados y ello exige tomar medidas, o al menos tenerlas pensadas, antes que la competencia.

Afortunadamente, según nuestro análisis, 2 de cada 3 directivos españoles considera necesario elaborar un plan de contingencia frente al Brexit (un 22% lo ha diseñado ya). Este enfoque proactivo debe extenderse a las asociaciones sectoriales y las diferentes regiones más afectadas (por los previsibles efectos en sus sectores más relevantes, como el turismo, el agroalimentario, el residencial, etc.).

En definitiva, la activación del artículo 50 constituye un hecho de relevantes implicaciones para un gran número de empresas, sectores y regiones españolas, y una adecuada anticipación podrá permitir que este gran reto pueda atenuarse o, en su caso, transformarse en oportunidad.

 

 

Autor: Antonio Hernández es socio de KPMG responsable de Estrategia Internacional y Brexit

Fuente: Cinco Días. Publicado el 29 de marzo de 2017

La gran empresa española: tracción internacional para pymes

Por Antonio Hernández
on 13. 10. 2015

Las exportaciones suponen ya un tercio del PIB español y las inversiones españolas en el exterior se acercan al 50% del mismo. Son dos datos relevantes que evidencian el paso de gigante que la economía española ha dado en los últimos años en el ámbito de la internacionalización. No obstante, al bajar de lo macroeconómico a lo microeconómico, se observa que buena parte de las exportaciones e inversiones españolas en el exterior se concentra en pocas empresas.

A modo de ejemplo, 50 empresas concentraron 1/3 de las exportaciones españolas de mercancías en 2014; y sólo 45.000 empresas españolas son exportadoras regulares (compañías que exportan de forma consecutiva durante cuatro años), una cifra muy reducida en comparación con el tejido empresarial español —compuesto por más de 1.200.000 empresas con asalariados—.

Detrás de esta debilidad subyace una realidad que no se puede obviar: sólo el 2% de las compañías españolas se pueden denominar “grandes empresas”; calificativo que, según la normativa europea vigente, reciben aquellas empresas con 250 o más empleados y una facturación superior a 50 millones de euros (o un balance general superior a 43 millones de euros). Esta proporción es muy reducida e inferior a la de otras potencias europeas (7% en Alemania y Francia, por ejemplo, según datos de Eurostat).

Internacionalización y tamaño de empresa son dos conceptos interrelacionados: la actividad internacional, si se acomete de forma estratégica, contribuye decisivamente al crecimiento de la empresa. A su vez, las empresas de mayor dimensión tienen, en términos generales, más recursos para acometer proyectos internacionales. Para alimentar este binomio es fundamental que las pymes españolas se conciencien de que, en un entorno globalizado, la internacionalización es un proceso prácticamente inevitable. En este sentido, la creciente vocación internacional de las grandes empresas cotizadas españolas representa una oportunidad para que otras empresas de menor dimensión —en muchos casos complementarias a éstas— inicien o intensifiquen su actividad internacional.

En las últimas décadas el negocio internacional de las empresas del IBEX 35 ha aumentado a ritmo exponencial: ha pasado de representar el 24% de su facturación total en 1997 a superar el 64% en 2014, según datos de Bolsas y Mercados Españoles. Este despliegue internacional ha permitido consolidar a algunas empresas españolas como ‘players’ globales de referencia en una gran variedad de sectores. En efecto, muchas de las empresas cotizadas españolas lideran grandes proyectos mundiales emblemáticos en sectores tan variados como las concesiones e infraestructuras, energía, servicios financieros, ingeniería, química, automoción y alta velocidad ferroviaria, moda y diseño, agroalimentación y, finalmente turismo. No obstante, también destacan nuevos sectores, como la biomedicina, biotecnología, tecnología naval, aérea y sanitaria.

En el ámbito geográfico, las grandes empresas españolas han apostado por una creciente diversificación, reduciendo su dependencia de mercados comunitarios. En este sentido, según datos de Bolsas y Mercados Españoles, 2/3 de la facturación internacional de las empresas cotizadas españolas en 2014 procedió de fuera de la UE.

La internacionalización se ha convertido, en definitiva, en un “cromosoma” fundamental para el ADN de muchas de las grandes empresas españolas, de sectores variados y con cada vez mayor dispersión geográfica. Esto representa una valiosa herencia genética para las pymes españolas, que pueden aprovechar el efecto arrastre de los grandes grupos españoles para impulsar su crecimiento internacional y evolucionar hasta convertirse en las grandes empresas multinacionales españolas del mañana. En este sentido, una nueva regulación nacional y comunitaria que suavice las mayores trabas asociadas al salto de Pyme a gran empresa en materia contable, laboral y fiscal, contribuiría a esta deseable y necesaria transición.

Autor: Antonio Hernández, Socio de Estrategia Energética e Internacional de KPMG en España

Fuente: Intelligence & Capital News Report. Publicado el 13 de octubre de 2015

Recuperación económica y sector exterior

Por Antonio Hernández
on 11. 11. 2014

En sus últimas perspectivas de la economía mundial, publicadas en octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisaba al alza el crecimiento económico de España, aunque alertaba de un deterioro de la zona euro, y en particular de nuestros principales socios comerciales. Ello nos lleva a analizar la relación entre la recuperación y el sector exterior.

Nadie duda de que el sector exterior haya sido el motor que ha impulsado la economía española a una recuperación económica que ya parece asentarse. No obstante, las últimas estadísticas de comercio exterior, que abarcan hasta el mes de agosto, evidencian que, paralelamente a la progresiva mejora de la demanda interna, se está produciendo cierta desaceleración en las exportaciones.

Según datos publicados hace unos días por el Banco de España, el PIB creció un 1,6% interanual en el tercer trimestre del año y completa cinco trimestres de crecimiento ininterrumpido en términos intertrimestrales. Una realidad que ha hecho que las principales instituciones económicas nacionales e internacionales sitúen sus previsiones de crecimiento para la economía española entre el 1,1% y el 1,3% para 2014; y entre el 1,7% y el 2,3% para 2015.

El sector exterior ha sido el principal artífice de esta incipiente recuperación. Su contribución positiva durante la recesión fue clave para evitar una crisis aún más dura y para reconducir la economía española a tasas positivas de crecimiento económico. Sin embargo, en los últimos meses se observa un cambio de patrón: la demanda interna vuelve a sumar y la demanda externa empieza a restar (con contribuciones al crecimiento intertrimestral de -0,7pp en el primer trimestre; 0,0pp en el segundo y -0,1pp en el tercero).

Por tanto, la coyuntura actual evidencia, por un lado, la reactivación de una demanda interna que, tras años de negativa evolución, vuelve a repuntar en sus dos principales componentes: el consumo privado y la formación bruta de capital. El consumo privado registra seis trimestres consecutivos de crecimiento intertrimestral, alcanzando un 0,5% en el tercer trimestre. Destaca en este ámbito la positiva evolución del sector automóvil, con incrementos en ventas del 17,2% interanual entre enero y septiembre de 2014, según datos de ANFAC. Por otro lado, en el tercer trimestre de 2014 se ha registrado un crecimiento de la formación bruta de capital del 1,5% intertrimestral, confirmándose la tendencia positiva de los últimos meses.

Por otro lado, en relación con el sector exterior, se observa una considerable desaceleración en las exportaciones de bienes, aumentando un 0,9% interanual en los ocho primeros meses del año, en contraste con los años anteriores (6,6% en 2013; 4,7% en 2012; 18,6% en 2011; y 16,1% en 2010). Por su parte, las importaciones de bienes, tras dos años de caída, han registrado un crecimiento del 5,8%. La evolución reciente de unas y otras tiene una evidente consecuencia macroeconómica negativa: el saldo de la balanza de pagos por cuenta corriente y de capital ha pasado de un superávit en torno al 2% del PIB en 2013 a un déficit del 0,1% en enero-agosto de 2014; es decir, la economía española vuelve a necesitar financiación del exterior.

Del análisis de las importaciones de los primeros ocho meses del año, se desprende que su crecimiento se debe en gran medida a la reactivación de la demanda interna. Desde el punto de vista del consumo, destaca, por un lado, el crecimiento de las compras al exterior de manufacturas de consumo (14,7%) y, por otro, el incremento del 21% en las importaciones del sector de automoción, el cual es un claro ejemplo de comercio intraindustrial, como refleja el 11,4% que alcanza en la cuota del total de las exportaciones. Desde el lado de la inversión, las cifras registradas en las compras de bienes de equipo (10,1%), representan un claro indicio de un mayor dinamismo de la capacidad productiva de las empresas, y por ende de su futuro crecimiento.

Por su parte, la ralentización de las exportaciones puede explicarse por una conjunción de factores macro y microeconómicos. En el ámbito macroeconómico, el euro ha registrado en los primeros meses de 2014 una tendencia alcista en sintonía con su evolución en los últimos años. Las empresas españolas han hecho importantes esfuerzos para compensar esta apreciación con un ajuste mayor de sus costes y precios; pero, como es lógico, este ajuste tiene un límite y desde el segundo trimestre de 2013 no ha sido suficiente para contrarrestar el efecto de un euro fuerte, lo que se ha traducido en una pérdida neta de competitividad (apreciación del tipo de cambio efectivo en términos reales). Afortunadamente, desde finales de mayo se está produciendo una significativa depreciación del euro, que podría tener un efecto positivo en las exportaciones.

La coyuntura económica en las potencias de la Eurozona, principales socios comerciales de las empresas españolas, también afecta negativamente a las exportaciones: Francia sigue estancada y Alemania e Italia registraron en el segundo trimestre de 2014 un descenso del PIB de dos décimas en términos intertrimestrales. Asimismo, los países emergentes están creciendo a menor ritmo de lo esperado. Y en conexión con todo lo anterior, no hay que olvidar las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Ucrania, cuyos efectos colaterales ya están sufriendo las empresas españolas.

En el ámbito microeconómico, hay que destacar que la salida al exterior de muchas empresas españolas durante la recesión se hizo sin la adecuada planificación, como reacción a la contracción de la demanda interna. Muestra de ello es que sólo el 27% de las empresas que exportaron en 2013 eran exportadoras regulares (empresas que exportan durante cuatro años consecutivos), cuando en 2009 este porcentaje era del 39%. Este tipo de empresas, que conciben la internacionalización en términos coyunturales y no estratégicos, son proclives a abandonar la actividad internacional cuando la demanda interna vuelve a crecer, como ya está sucediendo.

Ante esta coyuntura actual del sector exterior, conviene recordar una de las principales lecciones que ha dejado la dura recesión: la importancia de la internacionalización como estrategia empresarial. En efecto, aquellas empresas españolas que afrontaron la crisis con una actividad internacional consolidada, con la diversificación de riesgos que ello implica, han sufrido mucho menos sus efectos e incluso han aprovechado nuevas oportunidades. Muchas de estas empresas fueron en su momento pymes que, a través de una actividad exportadora regular, crecieron paulatinamente y consolidaron con inversiones en el exterior su actividad internacional, hasta erigirse en algunos casos en multinacionales de éxito. En este sentido, cabe destacar que, pese a la mencionada ralentización de las exportaciones, las inversiones españolas en el exterior han experimentado un significativo crecimiento en términos netos (cercano al 60%) en los ocho primeros meses de 2014, según datos del Banco de España.

En definitiva, la recuperación no puede llevar a las empresas españolas a relajarse en su internacionalización, un proceso prácticamente inevitable en un entorno globalizado como el actual. Todos los agentes involucrados estamos a tiempo de que los importantes hitos logrados recientemente —resumidos en el histórico superávit por cuenta corriente alcanzado en 2013 partiendo de un déficit del 10% del PIB en 2009— no caigan en saco roto. Y para ello la internacionalización ha de pasar de ser un componente contracíclico de la economía española a ser un componente estratégico, ajeno a los ciclos.

Para ello, resulta esencial contar con una adecuada planificación del proceso de internacionalización, un estricto análisis de los riesgos políticos, legales y comerciales, una eficiente estructuración financiera y fiscal y, por supuesto, un buen asesoramiento local del mercado o mercados a los que se pretende abordar.

 

Autor: Antonio Hernández, Socio de Mercados de KPMG en España

Fuente: Cinco Días. Publicado el 10 de noviembre de 2014

Las exportaciones ante un nuevo escenario

Por Antonio Hernández
on 16. 10. 2014

Los últimos datos sobre comercio exterior publicados ayer por la Secretaría de Estado de Comercio arrojan algunos interrogantes sobre el buen momento que vive el sector exterior, ya que prácticamente se duplica el déficit comercial, alcanzando casi los 16.500 millones de euros.

Un análisis de los elementos que componen este dato nos permite conocer más en detalle las causas que podrían explicar este cambio de tendencia.

Por un lado, tras años de máximos históricos, las exportaciones españolas siguen creciendo en los primeros ocho meses aunque a un menor ritmo (+0,9%), debido principalmente al aumento de protagonismo de los factores externos que están afectando a su crecimiento y que podrían afectar aún más a su futuro inmediato.

En efecto, la fortaleza del euro en los primeros meses del año y la desaceleración de los países emergentes, mercados éstos en los cuales las exportaciones venían registrando crecimientos de doble dígito, están afectando a la evolución global de las mismas, destacando el descenso en Latinoamérica (-11,2%) y Oriente Medio (-12,8%).

Por tanto, el ligero crecimiento positivo se debe principalmente a la evolución de las exportaciones hacia la eurozona, registrando un crecimiento hasta agosto de casi el 4% y alcanzando el 63,5% de cuota mundial. Destaca especialmente el crecimiento de las exportaciones a Alemania (+5,9%) y Portugal (+8,1%).

No obstante, cabe recordar que la economía de la eurozona se encuentra prácticamente estancada, lo que ya ha provocado que las exportaciones a nuestro principal socio comercial, Francia, hayan descendido un -0,4%.

Por el lado de las importaciones, que han presentado un significativo crecimiento, es necesario distinguir entre la partida energética y el resto. La primera, a pesar de registrar un descenso del 4,4%, aún representa el 22% de las importaciones y es una de las debilidades estructurales del sector exterior español. De hecho, sin la factura energética, el sector exterior presentaría un superávit de aproximadamente 10.400 millones de euros.

Del resto de partidas, destaca el cambio de tendencia en las importaciones de los bienes de equipo que, tras dos años de caída, crecen a un ritmo del 10,1%, como fruto de la mayor demanda de inversión privada que redundará de manera positiva en el crecimiento económico futuro. Del mismo modo, sobresale las importaciones del sector de la automoción, el cual es un claro ejemplo de comercio intraindustrial.

En este contexto, el incremento del déficit comercial no es tanto achacable a un aumento de las importaciones, que como hemos comentado parecen anticipar un incremento de la inversión empresarial, sino a la desaceleración de las exportaciones, causadas por la apreciación del euro y al estancamiento en el crecimiento económico de los países emergentes.

Sin embargo, hay indicios de que estos factores que están afectando al crecimiento de las exportaciones no permanecerán inmutables en el futuro. De hecho, el euro lleva tres meses experimentando una depreciación que debería hacer aún más competitivas las exportaciones españolas fuera de la Unión Europea y el FMI augura en sus últimas previsiones un crecimiento medio en los países emergentes del 5% entre 2014 y 2019.

En definitiva, aunque la coyuntura actual alerta sobre un empeoramiento del déficit comercial, debido al mayor tirón de las importaciones, de cara al futuro la posible corrección de este desequilibrio va a depender en buena medida de cómo las exportaciones afronten este nuevo escenario.

Autor: Antonio Hernández, Socio de Mercados de KPMG en España

Fuente: Expansión. Publicado el 16 de octubre de 2014